AUGUSTE RODIN (1840-1917)

Este escultor francés es el renovador de la escultura a la que saca de la crisis a la que la estatua-monumento de carácter historicista le ha llevado. Se le  considera el padre de la escultura moderna.

En su obra se sintetizan las dos grandes tendencias de la época: apariencia  impresionista (representación de la realidad como algo fugaz que se desvanece) y espíritu simbolista (contenido simbólico y espiritual).

  • Su interés se centra en las figuras dotadas de vida o del sentimiento que los anima. No le interesa la reproducción fotográfica (incluso cuando se trata de un retrato como el de Balzac) sino la expresión de una intensa vida interior. Los medios que utiliza para dar vida a las figuras son variados: las actitudes y los gestos, los juegos de luces y sombras que surgen de la combinación de huecos y protuberancias, las incisiones, los rasguños de las superficies esculpidas.
  • Da más importancia a las apariencias de las formas que a las formas mismas. Sus figuras son  sinuosas, sin límites claros sugiriendo un movimiento permanente; la luz  contribuye a su indefinición. Las superficies parece que están inacabadas al modo de Miguel Ángel.
  • El movimiento está contenido, sólo sugerido, mediante los gestos.
  • Las figuras se introducen en el espacio o dejan que el espacio se introduzcan en ellas: la masa corpórea no es cerrada y compacta – como en los neoclásicos-  sino articulada en huecos y protuberancias.

Los ciudadanos de Calais es un encargo de esta ciudad para conmemorar su toma  por los ingleses. Tomando como base un relato existente (el rey de Inglaterra, Eduardo III, que sitiaba la plaza exigió la rendición sin condiciones pero prometió clemencia si seis de los ciudadanos se entregaban de forma humillante: se presentarían descalzos, con la cabeza descubierta,  sin camisas, con cuerdas al cuello y la llaves de Calais en la mano) convierte el monumento en un conjunto de gran expresividad donde cada personaje muestra una actitud diferente. La acción se desarrolla en un plano casi al nivel del suelo para que el espectador se introduzca sin darse cuenta en la escena. Aunque es una escultura-monumento  -algo típico del S. XIX- rompe con los principios historicistas: no narra una escena histórica sino que convierte la angustia ante la muerte y el espíritu de sacrificio en un valor intemporal. Esta  renovación estética chocaba con el gusto general y no fue comprendida. El Ayuntamiento que la había encargado considera que no glorifica el espíritu de sus ciudadanos.

El Retrato de Balzac estaba destinado a glorificar al genio de las letras francesas. Lo representa envuelto en una amplia bata (como lo había descrito Lamartine) para llevar  todo el interés al rostro potente y extraño que expresa el “monstruoso cerebro” del escritor. Es una escultura básicamente simbolista: es la trasposición plástica de su desmesurada obra literaria. También desencadenó muchas protestas por parte de los creadores de retratos oficiales porque para ellos lo fundamental era el parecido.  Fue rechazada por los que se la encargaron. Sin embargo,  para el autor es “el resultado de toda mi vida, el eje de mi estética” y para muchos es su obra más original e impresionante.

Su encargo más importante fueron las puertas del Museo de Artes Decorativas de París, conocidas como Las puertas del Infierno. El trabajo está inspirado en el canto del “Infierno” de la Divina comedia, de Dante Alighieri, un tema típico de la poesía  simbolista. Es una «cantera» de figuras que después serían fundidas y contempladas independientemente.

La más famosa de todas ellas es El pensador, fundido en bronce, originariamente situada en la parte superior del dintel, que representa al poeta por cuyo pensamiento pasan las escenas de la puerta.  De forma independiente, se ha convertido en el símbolo de la escultura de Rodin por su carga psicológica. Representa a un hombre sentado, reclinado, con la cabeza ladeada hacia abajo en postura de pensamiento, soledad o preocupación. Parece ser el símbolo de la capacidad humana para imaginar. Rodin se ha inspirado en el Moisés o en la tumba de los Médicis de Miguel Angel.

Otra es El Beso en la que apreciamos su interés por los diferentes ángulos y puntos de vista (por un lado parece que se besan y por otro no), por las formas inacabadas y la sensación de dinamismo, de que todo es cambiante.

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