Las reformas de la ciudad burguesa

Desde 1830, en paralelo a estas propuestas idealistas, se inicia en Inglaterra y Francia una legislación reformista que establece progresivamente un control sanitario, de las alcantarillas, unas condiciones más rigurosas para las nuevas edificaciones y casas de alquiler… Se llega así a una política de intervención urbanística, de especial importancia en la segunda mitad del siglo, que tendrá las siguientes características:

  • Eliminación de las viejas murallas, para facilitar el crecimiento en superficie de la ciudad.
  • Apertura de nuevos viales, que faciliten un mayor tráfico rodado, y, al mismo tiempo, un mejor control policial de la población.
  • Ordenamiento  del  espacio  urbano:  áreas  productivas, residenciales, representativas, recreativas…
  • Se quiere sacar a los obreros del centro de la ciudad: surgen suburbios de infraviviendas y, en el mejor de los casos, barriadas obreras subvencionadas.
  • Especulación: se persigue una nueva rentabilización de la propiedad urbana.

En el París de la monarquía de Luis Felipe y, sobre todo, del Segundo Imperio, tendrá lugar las importantes reformas de Haussmann. La antigua ciudad se abrirá con viales y rectos y nuevas plazas, como la conocida de L’Etoile en conexión con las estaciones de ferrocarril.

En Barcelona la solución será diferente. Puesto que la vieja ciudad, superpoblada, ocupa una superficie reducida, Cerdá trazará fuera de ella su Ensanche, organizado en retícula y con grandes diagonales para facilitar la comunicación. Sus manzanas abiertas resultaron excesivamente innovadoras.

En Viena, el gran cambio urbano será consecuencia de la eliminación de las viejas murallas. Su trazado será sustituido por un amplio paseo circular, el Ring, flanqueado por espléndidas construcciones. En otras ciudades europeas se realizan proyectos de reforma comparables, como el Barrio de Salamanca en Madrid.