El urbanismo del siglo XIX

Durante  el siglo XIX, el rápido desarrollo de la población y su nueva distribución espacial ponen en crisis el antiguo equilibrio entre campo y ciuda en beneficio de esta. La nueva organización del trabajo y las nuevas técnicas productivas provocan un rápido desarrollo de la economía y una nueva red de transportes que sirve al acelerado aumento de la producción y del consumo.

La burguesía, la nueva rectora del poder, desarrolla un pensamiento `político capaz de eliminar cualquier obstáculo al proceso industrializador: el liberalismo, que afianza el dominio político, social y económico del individualismo y de la propiedad privada.   La eliminación de restricciones, la no intervención estatal, la libre competencia y las leyes de la oferta y la demanda de productos, se consideran elementos suficientes para la mejora colectiva de toda la sociedad.

El otro gran protagonista es el proletariado que genera teorías y mecanismos de defensa (socialismo, sindicatos), ante la ausencia de la antigua protección al artesanado, que son un contrapunto a las ideas liiberales.

Para ambas clases, las condiciones que imponen las nuevas circunstancias no deben ser vividas como inevitables. La burguesía intenta crear las condiciones que hagan idílica la vida en la ciudad. El proletariado ve la pobreza, no como algo inevitable, sino ve la insatisfacción por una situación que consideran mejorable.

La revolución industrial hizo que hubiese que abordar nuevos problemas:

  •    El notable  incremento  de la población urbana  extendió  el tamaño  de  la ciudad y requirió la construcción masiva y rápida de viviendas.
  •    La necesidad de diferenciar la ciudad por zonas según su función: industrial residencial, o su origen social: barrios obreros o barrios burgueses.
  •    El desarrollo de los nuevos medios de comunicaciones y trasportes, obliga a la construcción de nuevos trazados viarios.

Todo esto hizo que surgieran nuevos proyectos, de los cuales, en la primera mitad del siglo, los más innovadores son los proporcionados por los llamados urbanistas utópicos, entre los que destacaron el británico Robert Owen y el francés Charles Fourier. Su intento  es transformar el marco  urbano  para evitar que el pro greso económico se traduzca en la opulencia de unos pocos frente a la miseria de la mayoría. Elaboraron sus proyectos de una ciudad ideal pensando en creaciones de nueva planta, lo que explica que el mayor número de intentos lo llevasen a cabo en América donde existían menos ciudades viejas de larga tradición histórica y todo un mundo por construir. Ejemplos de esto son la aldea de New Harmony, diseñada por Robert Owen, o los falansterios de Charles Fourier.

Durante la segunda mitad del siglo se acometieron las grandes  transformaciones urbanas, pues se hizo necesaria la remodelación de las antiguas ciudades medievales y renacentistas debido a que el proceso de industrialización estaba provocando un crecimiento continuo y desordenado. Su objetivo no era una mejor condición de vida para el proletariado que estaba surgiendo, siendo hacer ciudades más saludables donde no fuera posible la aparición de epidemias causadas por el hacinamiento.

Hausmann: la remodelación de París (1853 – 1869).  Fue el primer gran proyecto urbano  del  siglo  XIX,  necesario  por  el  crecimiento  acelerado  de  la  población parisina.  Se llevó  a  cabo  entre  1853  y  1869,  gobernando  Napoleón  III,  quien encargó la reforma al barón Hausmann.

Hausmann se propuso varios objetivos: sanear la ciudad, dotarla de un carácter monumental,  descongestionar el tráfico, facilitar los desplazamientos de las fuerzas del orden, caso de que hubiese altercados en las calles.

Para ello se creó un sistema de alcantarillado público,  se habilitaron espacios para cementerios, se dispusieron parques  y jardines por toda la ciudad, y se abrieron amplios bulevares arbolados, con viviendas de fachadas uniformes.

Este modelo se trasfirió a otras ciudades europeas.

Ildefonso Cerdá: El plan del ensanche de Barcelona. Ingeniero y urbanista, Ildefonso Cerdá diseñó el plan del ensanche de la ciudad de Barcelona, aprobado en 1860.

Consistía  en  un  trazado  reticular  de  veintidós  manzanas,  atravesado  por  dos avenidas diagonales. Cada manzana estaba ocupada por dos bloques de viviendas paralelas, con un tercio del terreno destinado a jardín. Las iglesias, escuelas y edificios administrativos se distribuían de forma descentralizada, para evitar que su concentración originase zonas privilegiadas.

El Plan de Cerdá fue solo respetado en lo relativo a la estructura de las calles, pero la edificación superó la altura y superficie previstas, en detrimento de zonas ajardinadas. Semejante fue el plan del ensanche de Madrid, obra de Carlos María de Castro, iniciado igualmente en 1860.

Arturo Soria y Mata: La “Ciudad Lineal”. La “ciudad lineal” fue uno de los proyectos más innovadores del urbanismo del siglo XIX europeo, fue formulado por Arturo Soria en 1882.

Constaba de una larga calle de cuarenta metros de ancha, por cuyo centro iba una vía de ferrocarril. A ambos lados se situaban parcelas para casas unifamiliares con huerto y jardín, separadas por calles transversales. De este modo se reconciliaban campo y ciudad.

El proyecto se inició en Madrid en 1890 y se pretendía que bordeara por la periferia el casco antiguo, con un recorrido de 58 km. con forma de herradura. Sin embargo, las dificultades económicas hicieron que se quedara reducido a una cuarta parte de la zona NE. de la ciudad.