Apuntes arquitectura barroca española

El barroco español mantendrá los estilo fundamentales del edificio, sobre los que diseñará toda la fantasía ornamental. Sin embargo, no se atreverá a modificar sustancialmente las plantas.

Primera mitad del siglo XVII:

–          Juan Gómez de Mora hace la fachada del Convento de la Encarnación de Madrid. Aquí traza también, preocupado por problemas urbanísticos, la Plaza Mayor, que le debe su estructura cerrada y la regularidad de sus galerías, y el Ayuntamiento. Su estilo sobrio y geométrico es frecuente en toda Castilla.

–          Juan Bautista Crescendi diseña el Panteón de El Escorial, cuya cúpula es la primera en España con decoración floral, en bronce, que luego será muy imitada en yeso y piedra.

El centro del siglo:

            El gusto por las formas cada vez más ricas lleva desde 1650 a ir eliminando el recuerdo herreriano y enriquecer la decoración con elementos naturalistas o abstractos, que consiguen dar una rica movilidad a las fachadas. Las plantas siguen siendo de una notable sencillez, pero en los lazados aparecen ya mayores libertades de volumen y siluetas.

            En Galicia, en torno a la catedral de Santiago, aparecen figuras como Domingo de Andrade, autor de la Torre del Reloj, donde se inicia ya una decoración geométrica y abstracta, que será típica del posterior estilo gallego.

El paso al siglo XVIII:

            En torno a 1700, coincidiendo con la aparición de una nueva dinastía, se produce un deseo de transformación y un proceso de activación de las empresas constructivas y la culminación del barroquismo español.

–          José de Churriguera. Su genio creador alcanza la autentica libertad expresiva, hasta el punto de llamarse Churrigueresco a todo barroco que se caracterice por la multiplicidad de ornamentación y el descoyuntamiento de los elementos tradicionales. Los sucesores de José fueron recargando y descoyuntando más el estilo con una fantasía única en Europa. A él se debe el retablo de San Esteban, en Salamanca. A sus sucesores importantes obras como la Plaza de Salamanca.

–          Narciso Tomé es quien mejor sabe expresar el nuevo lenguaje espacial que propone el barroco italiano. Su obra fundamental es el Transparente de la catedral de Toledo, nunca se había utilizado el barroco con tanta vehemencia; las tres artes plásticas quedan integradas en un solo lenguaje expresivo. El contraste de esta catarata de luz con la serenidad gótica acentúa el dinamismo de la composición.

–          Pedro Ribera es el arquitecto más importante. Su obra no se limita a los aspectos más decorativos, sino que demuestra tener un gran sentido del espacio y de las estructuras internas. Trabaja fundamentalmente en Madrid, utilizando todos los elementos ornamentales del lenguaje churrigueresco, siendo esencial en su obra el empleo del baquetón, o moldura cilíndrica muy gruesa que se quiebra o encurva ciñendo puertas y ventanas. Son interesantísimas las numerosas portadas madrileñas, como la del Antiguo Hospicio o la de la calle de la Magdalena. Destaca también el Puente de Toledo.

            En Andalucía lo árabe y lo mudéjar estaban en el fondo del alma popular. En Sevilla se da el barroco síntesis de lo morisco, lo plateresco y lo barroco. Destaca Miguel Ángel Figueroa, a quien se le debe la Iglesia de San Luis, con una cúpula sobre el cimborrio de la cruz griega. Destaca el juego de espacios y volúmenes y su menuda decoración, que combina ladrillo y piedra.

            En la segunda generación de arquitectos ha de señalarse de Casas y Novoa, autor de la fachada del Obradoiro de la catedral de Santiago de Compostela. Entre dos torres eleva un gigantesco arco del triunfo que remata en una serie de elementos curvados, consiguiendo la sensación ascendente de las catedrales góticas, mientras no renuncia a efectos de profundidad, diseñando una escalera saliente en la parte baja, y disponiendo ocho ventanales para sugerir efectos cromáticos en la alternancia de grises de la piedra.

Arquitectura palaciega:

            Adquiere importantes dimensiones con los Borbones. A finales del siglo XVII, con la nueva dinastía, llegan a España arquitectos franceses e italianos que introducirán tardíamente las plantas elípticas de Borromini, así como las fachadas curvas. En Madrid, Juvara y Sachetti levantan el Palacio Real. En Aranjuez, Bonavia y Sabatini amplían el palacio y trazan la urbanización del pueblo. En la Granja, sobre el palacio, Juvara hace la gran fachada clásica, y trazan los jardines según los ideales de Le Notre.

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