Apuntes final Imperio Romano (Kalipedia)

La entrada de los pueblos bárbaros en las fronteras romanas y la gran crisis de las instituciones imperiales provocaron la división y la caída del imperio romano de Occidente.

Crisis y división del imperio

En el siglo IV, el imperio romano seguía abarcando inmensos territorios que se extendían desde el Rhin hasta el Sahara y desde Hispania hasta Mesopotamia. Pero la colosal empresa de administrar y defender posesiones tan distantes acabó por desgastar al propio imperio y lo arrastró a una profunda crisis que afectó a todas sus instituciones.

El emperador Teodosio trató de frenar la decadencia del imperio y, tras su afortunada gestión de gobierno, lo dividió entre sus hijos con el fin de facilitar su administración.

Esta decisión significó la ruptura de la unidad romana y abrió un futuro diferente para cada una de las dos partes del imperio: Occidente aceleró su decadencia y Oriente conoció tiempos de esplendor.

Proceso de germanización

Desde la etapa de la República, Roma había tenido contactos con los pueblos germanos: Mario venció a teutones y cimbrios, y César obligó a los suevos a desplazarse al otro lado del Rhin.

Presionados por los pueblos nómadas de las estepas asiáticas, los germanos se vieron obligados a buscar nuevos territorios donde asentarse. En su descenso hacia el sur las tribus germánicas se enfrentaban unas con otras; las tribus vencidas tenían que abandonar sus territorios y buscar nuevas tierras.

Los primeros siglos de nuestra era fueron, por ello, una época de grandes migraciones y muchos germanos se instalaron en tierras de Roma, sirvieron como soldados en sus legiones y trabajaron como colonos.

Estos largos contactos produjeron un doble efecto: por una parte, los germanos fueron adoptando muchas costumbres romanas, por lo que se romanizaron; por otra, Roma fue «germanizándose» de tal manera que, en los últimos días del imperio, los principales jefes del ejército, como Estilicón o Aecio, eran germanos y eran ellos quienes defendían al mundo romano.

Las grandes invasiones

En el siglo IV, la llegada de los hunos, temibles jinetes de origen mongol mandados por Atila, provocó los mayores movimientos de población. Finalmente los hunos derrotaron a los alanos y a los godos, y los obligaron a buscar refugio masivo dentro del imperio.

Sin embargo, pronto surgieron enfrentamientos entre los pueblos emigrantes y el Estado romano. En el año 378, los visigodos derrotaron al emperador Valente en Adrianópolis y se extendieron por los Balcanes. Años más tarde, tras saquear Roma (410), se instalaron en el sur de las Galias como federados, es decir, con permiso de Roma, para ocupar después Hispania. En el año 406, suevos, vándalos y alanos cruzaron el Rhin, saquearon las Galias y, en el año 409, se instalaron en Hispania. Por su parte, anglos, jutos y sajones pasaron a las islas Británicas; los burgundios ocuparon la cuenca del Ródano, y los francos la parte norte de las Galias.

Caída del imperio romano

Tras el asentamiento de los pueblos germánicos dentro del imperio de Occidente y debido a la crisis que se arrastraba ya desde el siglo III, la autoridad imperial fue reduciéndose. En el año 476 el germano Odoacro depuso a su último emperador, Rómulo Augústulo, de tan solo diez años de edad. Con esto llegaba a su fin el imperio romano de Occidente, que se fragmentó en una multitud de pequeños reinos gobernados por reyes germánicos.

La parte oriental, sin embargo, mejor gobernada y mejor defendida militarmente, consiguió resistir la oleada germánica y desplazarla hacia Occidente.

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