Apuntes Imperio Bizantino (Kalipedia)

El imperio romano de Oriente se llamó imperio bizantino. Perduró durante mil años con épocas de esplendor y períodos de crisis, hasta que, en el siglo XV, su capital fue conquistada por los turcos.

El imperio romano de Oriente

El imperio romano de Oriente sobrevivió a las invasiones germanas y continuó su desarrollo durante más de mil años con el nombre de imperio bizantino. Se asentaba sobre toda la parte oriental del Mediterráneo y tenía su capital en Constantinopla, la antigua Bizancio, situada en el estrecho del Bósforo, a la entrada del mar Negro. Su refinada civilización era la síntesis de elementos romanos, helenísticos y cristianos.

El vigor de la cultura bizantina se extendió más allá de sus fronteras: los pueblos eslavos (rusos, serbios, búlgaros, etc.) recibieron de Bizancio los elementos esenciales de su personalidad.

El emperador y la política bizantina

Una de las razones que explican la larga duración del imperio bizantino fue su sólida organización. El emperador o basileus era la cabeza. Concentraba todos los poderes: dirigía el ejército y la administración, y era el jefe religioso. Una extensa red de funcionarios ejecutaba sus órdenes. Estos funcionarios estaban especializados y contaban con una gran formación intelectual. Los diplomáticos eran los encargados de las relaciones con otros territorios y pueblos. Las mismas leyes estaban vigentes en todo el imperio y un poderoso ejército tenía como misión la defensa de las fronteras.

La consolidación territorial del imperio bizantino se consiguió en parte gracias a la creación del sistema de themas, que consistía en regalar tierras fronterizas a los soldados para que las cultivasen. Con ello se consiguió mejorar la defensa, porque los soldados defendían algo que les pertenecía. De esta manera se frenó durante siglos la pérdida de territorios.

El esplendor de Justiniano

El emperador bizantino más importante fue Justiniano, que gobernó junto a su esposa Teodora entre los años 527 y 565. Su reinado fue la época de mayor gloria militar y económica de todo el imperio bizantino. Justiniano pacificó el imperio, que había sufrido una gran inestabilidad desde su fundación a causa de las disputas entre las distintas facciones políticas y de las incursiones bárbaras.

El retroceso territorial bizantino

Las conquistas de Justiniano no se conservaron durante mucho tiempo. En la segunda mitad del siglo VI, los lombardos arrebataron a los bizantinos todo el norte y centro de la península Itálica. A comienzos del siglo VII, los visigodos consiguieron expulsar a los bizantinos de Hispania. Durante los siglos VII y VIII, los musulmanes conquistaron toda la costa mediterránea de África, así como Siria y Palestina. Desde entonces, el imperio bizantino quedó reducido a la península de Anatolia, los Balcanes y el sur de Italia.

Durante los siglos IX y X, el imperio bizantino vivió una nueva etapa de esplendor. Después, la existencia de Bizancio se caracterizó por las pérdidas territoriales continuas y por la amenaza constante de sus fronteras, sobre todo por parte de los musulmanes. A principios del siglo XV solo quedaba la ciudad de Constantinopla en manos bizantinas. En 1453, tras un largo asedio, Constantinopla fue tomada por los turcos y el imperio bizantino desapareció.

La economía bizantina

Aunque la base de la economía bizantina era la agricultura, el imperio bizantino también dominó el comercio de todo el Mediterráneo. Constantinopla, su capital, se convirtió en el gran mercado del mundo.

Principales rutas comerciales bizantinas

La economía bizantina

La agricultura, de régimen latifundista, fue la principal fuente de riqueza. La gran propiedad estaba ligada a los monasterios o a la aristocracia. El pequeño propietario, presionado por los impuestos, se convirtió a menudo en colono.

Los bizantinos dominaron en esta etapa el comercio en todo el mar Mediterráneo, y acuñaron monedas de oro que fueron el principal medio de pago en el comercio europeo durante mucho tiempo.

Constantinopla, por su situación y su condición de gran urbe, fue el gran mercado del mundo. El comercio bizantino era fundamentalmente un comercio de lujo, basado en el trasiego de las especias, la seda y otros productos procedentes de Asia que eran vendidos a Occidente.

Las ciudades

El imperio bizantino también heredó del romano su organización básicamente urbana. Las ciudades siguieron teniendo una gran importancia, mucho mayor que en Occidente, y conservaron sus funciones. Eran la sede de los obispados, de las instituciones de gobierno y del ejército.

También eran el centro de las actividades económicas. En las ciudades se concentraban los talleres artesanales y los mercados; por ejemplo, eran famosas las ferias de Tesalónica y de Éfeso.

Las ciudades bizantinas eran grandes y populosas, y en ellas construyeron suntuosos palacios los nobles y los mercaderes, y también fijaron su residencia muchos representantes comerciales de otros países. Los edificios más imponentes eran las iglesias y catedrales cristianas, que atraían a fieles de todo el imperio.

Constantinopla

Constantinopla fue construida por el emperador Constantino en el año 330 sobre el emplazamiento de la antigua Bizancio.

La ciudad, situada en el estrecho del Bósforo, pasó a controlar las rutas comerciales entre Europa y Asia. Con más de medio millón de habitantes en la época de Justiniano y cerca de un millón a mediados del siglo XI, fue la ciudad más rica y populosa del mundo en la Edad Media.

Estaba protegida por un doble cinturón de murallas y su centro estaba constituido por grandes y majestuosos edificios públicos como el palacio imperial, el hipódromo, el senado y la iglesia de Santa Sofía.

Sus grandes riquezas atraían a mercaderes y viajeros de todo el mundo, que quedaban fascinados por el lujo y el esplendor de sus palacios e iglesias.

En el siglo XV los turcos convirtieron Constantinopla en capital de su nuevo imperio y le cambiaron su nombre por el de Estambul.

Santa Sofía

La principal iglesia de Constantinopla era Santa Sofía, erigida por Justiniano entre los años 531 y 537. En su construcción trabajaron unos diez mil obreros, que utilizaron materiales procedentes de todo el imperio, sustraídos a menudo de antiguos templos paganos. Era una iglesia de planta central, coronada por una impresionante cúpula de 65 metros de altura y 31 metros de diámetro. Sus paredes estaban recubiertas de mármol y de bellos mosaicos que deslumbraban a los visitantes por su riqueza y esplendor. Símbolo de la cristiandad ortodoxa, fue convertida en mezquita tras la conquista de Constantinopla por los turcos en el año 1453. De esta época son los cuatro alminares que rodean la iglesia.

Llevó al imperio bizantino a su mayor extensión. En su época, Bizancio dominaba la costa mediterránea de África, la península de Anatolia, los Balcanes, Grecia, la península Itálica, el sur de la península Ibérica, Sicilia, Cerdeña, Córcega, las islas Baleares y gran parte de la costa del mar Negro.

Deja una respuesta