Apuntes pintura barroca holandesa

GÉNEROS Y MAESTROS DE LA PINTURA HOLANDESA.

–          La Vida Rural. Ostade plasma sus escenas de aldeanos con pincelada suelta e intensos juegos de luz (Concierto de campesinos).

–          Los Interiores Burgueses son tratados por Terborch (Concierto) y Metsu (Sesión de música), maestros inclinados a representar telas de raso y terciopelo y muebles caros, para crear ambientes refinados. Destaca sobre todos Vermeer de Delft, en cuyas composiciones la luz alcanza una sutileza suprema (La lechera).

–          El Paisaje es un género cultivado de forma preferente por los maestros de la escuela, entre los que destacan Ruysdael y Hobbema. La línea del horizonte es muy baja, con lo cual un cielo de nubes ocupa la mayor parte de la tela; las luces, son el elemento fundamental. Los dos maestros difieren en la sensibilidad; Ruysdael (el molino) prefiere las luces de tormenta, el viento, las aguas alborotadas, mientras que Hobbema (Avenida de Middelharnis) se inclina por los arboles erguidos y los caminos que se alejan.

–          Los Bodegones están a medio camino entre la opulencia flamenca y la austeridad española. Los holandeses otorgan una importancia accesoria a los manjares, y se recrean en captar la calidad de los platos, del mantel y, sobre todo, la transparencia y brillo de los vasos. Destacan Claesz y Heda.

–          El Retrato. Los holandeses terminan prefiriendo el retrato de grupo. El género alcanza su cenit en Rembrandt, pero también es importante la aportación de Frans Hals. Su pincelada de manchas, sus expresiones intensas y una alegría bohemia, son sus rasgos definitorios como La gitana.

            REMBRANDT.

            Con Rembrandt la pintura holandesa adquiere su máxima altura. El legado artístico de Rembrandt asombra por su abundancia. El retrato es su género preferido, siendo los retratos colectivos (Lección de anatomía) sus obras más ambiciosas.

            Le atrae el tema religioso (Erección de la Cruz), y su amistad con judíos le incitan a plasmar con insistencia temas bíblicos. Por el contrario, la mitología no le impresiona. En los paisajes prefiere escenas de otoño e invierno, pero pronto abandona los paisajes reales para plasmar visiones oníricas. Finalmente, en los grabados muestra como con rayas y tinta sabe obtener los mismos efectos de luces o de expresiones. La pasión de la Cruz es el tema más tratado en este género.

            Rembrandt es uno de los máximos maestros del color y la luz. El color lo aplica en manchas gruesas, mientras que en la luz no le interesan los valores ópticos, obtenidos por focos intensos o débiles y que se difunden de forma caprichosa.

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