Apuntes sobre el Impresionismo

SITUACIÓN HISTÓRICA DEL FENOMENO IMPRESIONISTA.

Antecedentes: preocupación por la luz.

La trayectoria del arte pictórico del siglo XIX está presidida por la preocupación por la luz. La captación de luz mediante toques cromáticos sueltos fue ambición de todos los grandes maestros, de los que se ha afirmado que tuvieron una “fase impresionista”, y de ahí que el Impresionismo se nos aparezca a la vez como una constante del arte y como un fenómeno de época. Piero della Francesca, Leonardo, Tiziano, Velázquez anticiparon la técnica y el objetivo de la escuela impresionista, pero son especialmente los paisajistas ingleses los que constituyen por su preocupación luminosa y su captación del viento, la lluvia, el sol, el antecedente más directo. Se trata, por tanto de la culminación de una evolución del arte.

Reacción social contra el Impresionismo.

La sensibilidad social fue hostil a la nueva manera de pintar. Una de las notas de estos años de rechazo es el sentimiento de amistad que une a los artistas, y su propósito de luchar juntos por el triunfo de sus ideales estéticos.

La historia del Impresionismo se inicia con la exposición del año 1874 en la galería Nadar. En los sarcasmos se destaco un periodista, Leroy, quien al burlarse de un cuadro de Monet dio involuntariamente nombre a los artistas. En la exposición de 1877 las burlas se centran en el más avanzado, Cézanne, cuya geometrización de la realidad se apartaba de los planteamientos sensoriales de sus compañeros.

LA TÉCNICA.

–          Teoría de los colores. No funden los colores en el lienzo, sino que es el ojo humano quien lo hace.

–          Plasmación de la luz. Afirman que los objetos sólo se ven en la medida en que la luz incide sobre ellos. Hay que dejar de pensar en la paleta y en los objetos, y estudiar el color como una modalidad de la luz y la pintura como un entretejido de tonalidades luminosas.

–          Apariencias sucesivas. Un mismo tema es pintado repetidas veces sin más cambios que matices de iluminación cromática, de intensidad solar o de espesor de la neblina.

–          Coloración de las sombras. Las sombras dejan de ser oscuras y se reducen a espacios coloreados con las tonalidades complementarias.

–          Pincelada suelta. Para traducir mejor las vibraciones de la atmósfera rehuyen cualquier retoque de las pinceladas y prefieren la mancha pastosa y gruesa.

–          Tónico de aire libre. Los pintores huyen de los talleres al campo.

LOS MAESTROS DEL IMPRESIONISMO.

–          A Manet le correspondió la misión histórica de la ruptura; tras una etapa en que respetaba los cánones académicos provoca el escándalo con el Almuerzo campestre. Manet admira a los pintores españoles, especialmente a Velázquez y Goya. Su pincel grueso es utilizado con prudencia, más que grumos de color en sus cuadros se contempla una masa uniforme.

–          De Claude Monet destacan sus series, como la de La catedral de Ruan. En Monet hay un afán denodado por captar las formas en continua vibración y su aportación al Impresionismo radica en su sensibilidad más que en obras aisladas. Cualquier pretexto le sirve a Monet para demostrar su concepción fluida de la naturaleza. De cerca sus telas vibran con listados de rayas anaranjadas, rojas, azules y amarillas.

–          Renoir es al mismo tiempo un revolucionario y un artista con un fuerte peso de la tradición. Con tonalidades fuertes, rojas y amarillas, capta las vibraciones de la luz ondulante entre las hojas; así puede admirarse en los dinámicos temblores de Le moulin de la Galette.

–          El parisino Degas es un impresionista de la forma más que del color. Siente especial interés por la figura humana y su capacidad de contorsión. Su sensibilidad por el movimiento se concreta en su tema constante de las bailarinas, pero también en numerosos cuadros de carreras de caballos y en sus esculturas.

–          En los años 80 algunos maestros estimaban que la recreación poética en la luz no respondía a las exigencias científicas de estudio del color y sustituyen la pincelada larga por pequeños toques. Es el periodo puntillista o divisionista. Sus maestros son Seurat y Signac.

EL IMPRESIONISMO EN ESPAÑA.

La técnica de manchas se anticipa en Rosales y Fortuny, pero el movimiento del último cuarto de siglo está representado por Sorolla.

–          La obra de Joaquín Sorolla asombra por su fecundidad. Durante algún tiempo cultivó los temas de historia, pero un viaje a París le inclinó hacia la mayor sensibilidad social por los temas del presente. No obstante su parentesco con la escuela francesa es discutible. Sorolla mantiene en muchos de sus cuadros un dibujo poderoso y afronta problemas de composición y movimiento de los que poco se cuidaron los maestros galos. De su obra destacan escenas valencianas de playa y pesca, en las que con una técnica suelta de mancha gruesa capta la vibración luminica del cielo mediterráneo y sus brillos.

LA ESCULTURA.

–          Medardo Rosso se entusiasma en París con el temblor de las manchas de las telas, e intenta modelar en sus esculturas superficies parecidas. Su material preferido es la cera. Sus temas inciden en los gestos fugaces y ensaya la sonrisa de los niños o la expresión de sufrimiento de un rostro curtido, a veces con un modelado sin terminar, que se limita a sugerir las formas.

–          Augusto Rodin. Sus estudios de modelado con Carpeaux le enseñan a plasmar el movimiento; mas son dos viajes los que definitivamente conforman su estilo. En Bélgica descubre los efectos subconscientes del barroco flamenco. En Italia puede venerar la obra de Miguel Ángel. Su arte rompe todos los cánones académicos y mientras los críticos le defienden y conquista encargos oficiales, el publico se burla de sus creaciones más personales. El beso señala el inicio de su época más fecunda: El pensador, Los burgueses de Calais.

En el arte de Rodin se funden una técnica impresionista con la rugosidad de las superficies y la multiplicación de planos obteniendo efectos de luz, la vida profunda y la fuerza de las figuras, como, por ejemplo, en El pensador. Sin abandonar la temática de las formas ondulantes su estilo deriva en plena madurez hacia formas simbólicas, como La catedral, reducida a dos manos en posición orante. Estas versiones intelectuales de los temas se desenvuelven en un plano de superación de lo sensible, similar al que acomete Cézanne en pintura. El deterioro de las anatomías en Los burgueses de Calais anuncia las vigorosas deformaciones del Expresionismo. El lenguaje escultórico del siglo XX tiene su punto de partida en este creador.