Apuntes sobre el Modernismo

EL MODERNISMO.

Nace en la última década del siglo por la insatisfacción del eclecticismo. Las fechas los nombres y las causas serán diferentes en cada país europeo. En Bélgica será Art-Nouveau, en Alemania Jugendstil, en Austria Secesión vienesa, Liberty en Italia y Modernismo en España. Los artistas elaboran sus propios lenguajes expresivos con individualidad, pero tendrán en común el ardiente deseo de crear nuevas formas libres del peso de la Historia. La enorme fuerza creadora que caracteriza el movimiento termina por ocasionar su ruina. Los arquitectos eran, con frecuencia, diseñadores y viceversa. Nunca como con el Modernismo, el diseño de útiles y de objetos en general, se ha integrado tan magníficamente en la propia arquitectura. El sentido de la decoración terminará por ocultar los verdaderos significados de las obras, que no lograrán transmitir más que un decorativismo tan bello como estéril.

–          Víctor Horta es el pionero en Bélgica. Con su Casa para el ingeniero Tassel fija los fundamentos de un nuevo vocabulario y de una nueva sintaxis. La libertad de formas es sorprendente, pero un ojo avisado puede reconocer que todo queda ceñido a un plan calculado. Horta era radicalmente arquitecto, pero era un intuitivo que no llegó a racionalizar el lenguaje.

–          El escocés Mackintosh conjuga armoniosamente amplios planos de tenues colores con formas lineales de singular belleza que se cierran formando nuevas formas subordinadas. La Secesión encabezada por Otto Wagner lleva a la arquitectura hacia una libertad absoluta en la búsqueda de los espacios y en la distribución de los interiores.

ANTONIO GAUDÍ

La fuerza creadora de Gaudí es posible dentro del esquema liberal del Modernismo, pero no participa en la línea modernista europea ni catalana. Gaudí vivirá angustiosamente solo sus anticipaciones técnicas. Su información sobre lo que acontece en Bélgica, Holanda o Francia, es casi nula, por lo que gestará en su soledad interior toda la grandeza de su expresividad.

Sus primeras obras se acogen a un cierto mudejarismo, primero, y a un particular goticismo, después, como en el Colegio Teresiano. Obsesionado por la mecánica constructiva del gótico, utiliza sus principios básicos de empujes y contrarrestos, pero partiendo del análisis de otras curvas.

Simultáneamente se manifiesta en él lo que será una de las constantes de su obra: el amor a la naturaleza. En las formas vivas, vegetales o animales, encontrará las más intimas fuentes de inspiración. En la Casa Batlló las paredes se ondulan para aceptar de modo más natural toda la enorme fantasía que se vuelca sobre ella.

En esta misma calle realizará entre 1905 y 1910 La Pedrera. El edificio resulta de una ornacidad vegetal inaudita. Gaudí rompe la tradicional ortogonalidad de las habitaciones y confiere a estas una sintaxis biológica de pasillos curvos y superficies trapezoidales encajadas como si se tratara de un autentico tejido celular. El exterior se mueve en poderosas ondulaciones soportadas por óseas columnas que se agudizan hacia el cielo.

El Parque Güell es una gran finca situada en los aledaños de Barcelona convertida por Gaudí en una verdadera ciudad–jardín. Para ello dividió el terreno en sesenta parcelas y, aprovechando los desniveles, diseñó una gran cisterna que recogía las aguas pluviales y sobre ella un mercado cubierto por una gran plaza con aspecto de teatro al aire libre y que en realidad era el centro social de la comunidad.

Pero la dimensión de estos cálculos estructurales tendrá su máximo relieve en la obra de La Sagrada Familia. Gaudí se hizo cargo de las obras en 1883 y llegó a vivir en el mismo taller hasta cerca de su muerte en 1926. Lo concibe dentro de un cierto neogoticismo. Desde su edificación dibuja el perfil de Barcelona dándole su especial fisonomía. Las torres de perfil parabólico horadadas para mejor resistir los vientos, son a la vez instrumentos sonoros y símbolos religiosos. Sobre la fachada se desarrollan libremente más de cien especies vegetales y decenas de esculturas perfectamente integradas. El cemento, la piedra, el hierro y los mosaicos cerámicos le dan una riqueza textural inaudita. Más sorprendente es aun el interior. Las columnas se inclinan para recoger los empujes oblicuos de las bóvedas, las columnas se ramifican en la parte superior para distribuir mejor el soporte de los empujes.