Apuntes sobre la Revolución Industrial en Inglaterra

La denominada Revolución Industrial tuvo su origen en GRAN BRETAÑA desde mediados del siglo XVIII. Uno de los aspectos más discutidos del estudio de este proceso radica en la explicación de por qué tuvo lugar primero en Gran Bretaña y no en otros países. Se trata por tanto de pasar revista de una forma sucinta a los principales rasgos de este país en los momentos del «despegue» del proceso industrializador. A continuación se  exponen de manera esquemática algunos de los factores que explican este hecho, procurando establecer comparaciones con la situación de otros países del entorno europeo que no comenzarán su industrialización hasta bien entrado el siglo XIX.

1. Factores Políticos: Un régimen político estable, la monarquía liberal, que desde el siglo XVII es el sistema político imperante (mientras en otros países de Europa se refuerza la monarquía absoluta), y que se mantiene libre de las revoluciones que aquejan a otros países europeos.

Las numerosas  guerras en las que se vio envuelto el Reino Unido durante los siglos XVIII y XIX  no provocaron daños en territorio británico. La insularidad actuó en este sentido como una barrera de protección a la que se unía el desarrollo de una poderosa flota de guerra que mantendrá su hegemonía mundial durante los siglos XVIII y XIX.

La existencia de una moneda estable y un sistema bancario organizado: el Banco de Inglaterra fue creado ya en 1694. Estas condiciones no se darán en otros países europeos hasta finales del siglo XVIII.

2. Factores Sociales y Económicos: Abundancia de capitales, procedentes, en parte, del dominio comercial británico, pues desde el siglo XVII la marina mercante británica en dura competencia con los holandeses se ha hecho con el control de buena parte de los intercambios comerciales de otros continentes con Europa. El comercio de productos como el te o el tabaco, y el tráfico de esclavos, había permitido la creación de enormes fortunas, en manos de comerciantes y banqueros. Este comercio colonial proporcionaba a Gran Bretaña materias primas y mercados donde vender sus productos manufacturados.

Incremento sostenido de la capacidad para producir alimentos por parte de la agricultura británica que está conociendo un importante desarrollo, la denominada revolución agraria,  que veremos a continuación, desde la aprobación de leyes que permiten el cercamiento de las propiedades.

Existencia de una abundante mano de obra. La población británica crece a gran ritmo a causa fundamentalmente de los cambios en la agricultura: el suministro constante y creciente de alimentos va terminando con las crisis demográficas. Parte de esa población en crecimiento emigrará a las ciudades y formará la masa de los trabajadores industriales.

Incremento de la educación y alfabetización entre los ingleses.

La mayor libertad económica a causa de la debilidad relativa con respecto a otros países de organismos como los gremios que suponían un freno a cualquier innovación en las actividades industriales. No es casual que fuese un británico, el escocés Adam Smith, autor de La Riqueza de las Naciones, quien hiciese la más destacada e influyente defensa de la libertad económica: para Adam Smith la mejor forma de emplear el capital para crear riqueza es aquella en la cual la intervención de los gobiernos es lo más reducida posible.

Abundancia de emprendedores entre los comerciantes y los grandes propietarios de tierra.

Una aristocracia que permite y premia las innovaciones y la creación de riqueza, en contraste con la nobleza de otros países, más tradicional, apegada a la tierra y que desprecia cualquier forma de trabajo productivo.

Menor peso de los impuestos al comercio en el mercado interno: en Gran Bretaña el peso de los impuestos interiores era muy reducido comparado con otros países europeos donde era muy común encontrarse aduanas interiores cada pocos kilómetros lo que convertía al comercio en una actividad poco productiva. Puede decirse que en Gran Bretaña existía ya un mercado nacional que en otros países sólo existirá cuando se eliminen las aduanas interiores y se cree una importante red de ferrocarriles.

3. Factores Geográficos: Abundancia de hierro y, sobre todo, de carbón. El hierro se encontraba en los Montes Peninos, mientras que el carbón abundaba tanto en Inglaterra como en Gales y Escocia. De hecho, después de tres siglos de explotación, Gran Bretaña sigue teniendo enormes reservas de carbón. En las proximidades de las minas de carbón se concentrará gran parte del potencial industrial británico en especial con el nacimiento de una fuerte industria siderúrgica básica para proporcionar metales baratos para la construcción de máquinas, ferrocarriles, infraestructuras, etc.

Fácil y constante suministro de agua como fuente de energía, pues el clima, lluvioso, superando de promedio los 1.000 mm anuales y sin estación seca, proporciona corrientes de agua numerosas y constantes. La energía hidráulica desempeñará un importante papel en los años previos a la difusión de la máquina de vapor.

El factor “insular”: abundancia de puertos que facilitan el comercio nacional e internacional. Este factor unido a la existencia de muchos ríos navegables (y canales que se construirán) favoreció la creación muy temprana de un mercado nacional con las ventajas que supone contar con un mercado de gran tamaño a la hora de acometer inversiones.

4. Factores técnicos: la gran cantidad de inventos que se llevan a cabo en Inglaterra en esta época, van a favorecer, sin duda, a la industria. Fundamental será el invento de la máquina de vapor; los inventos en la industrial textil y siderúrgica, etc., como ya veremos.

  • LA REVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA.

En Inglaterra, en el siglo XVIII, se produce un crecimiento espectacular de la población. Como veremos, la revolución agrícola va a  permitir un incremento de los alimentos que van a evitar las grandes mortandades por hambrunas. Las tasas de natalidad se van a mantener altas, pero la mortalidad empieza a descender (disminuyen también algunas de las más terribles epidemias que habían azotado Europa durante siglos), lo que va a tener como consecuencia un crecimiento natural fuerte. De esta forma, si Gran Bretaña contaba a principios del siglo XVIII con cinco millones de habitantes, al final de la centuria va a tener los diez millones y medio (la población se duplica en cien años).

Este crecimiento va a beneficiar también a la agricultura y a la industria. Una mayor población necesita más alimentos, con lo que la agricultura se tiene que desarrollar. Los excedentes de mano de obra del campo se van a las ciudades a trabajar, con lo que se produce un importante proceso de urbanización, como lo podemos constatar en la ciudad de Londres. El éxodo rural, así, es un fenómeno que tenemos que tener muy en cuenta. A todo ello va a colaborar también el desarrollo de los medios de transporte. Todo está imbricado: revolución demográfica – revolución agrícola – revolución industrial – revolución de los transportes- etc.

  • LA REVOLUCIÓN AGRÍCOLA

Se entiende por revolución agrícola una serie de importantes cambios sucedidos durante el siglo XVIII en los campos de Gran Bretaña. A comienzos de este siglo la agricultura británica seguía siendo en lo esencial muy tradicional: el utillaje (arados de madera, hoces, azadas), el escaso uso de fertilizantes o la práctica del barbecho formaban parte de las prácticas agrarias desde hacía siglos.

Sin embargo, a lo largo del siglo XVIII se generalizarán importantes innovaciones, que van a permitir un gran incremento de la producción:

– Aparición de nueva maquinaria: La máquina sembradora (primeros años del siglo XVIII) del inglés Jethro Tull, que posibilita sembrar rápidamente colocando la simiente fácilmente; el arado de hierro que posibilita un laboreo más profundo y efectivo. El nacimiento de una potente industria siderúrgica que proporcione hierro barato y abundante será básico para la mejora del utillaje agrario, que apenas había conocido cambios desde tiempos de los romanos.  La utilización de caballos en lugar de bueyes acelerará los trabajos agrarios; las primeras segadoras y trilladoras, que permiten mejorar la productividad de los trabajadores agrícolas. Las importantes mejoras en la producción de hierro y acero los irán convirtiendo en materiales asequibles para la fabricación de maquinaria agrícola cada vez más compleja. Al principio utilizarán tracción animal (como puede apreciarse en estas segadoras tiradas por caballos) pero luego surgirán trilladores movidas con la máquina de vapor, e incluso en los años finales del siglo XIX se fabricarán tractores que movidos por vapor pueden ser considerados los antecedentes de los tractores con motor de explosión que revolucionarán la agricultura del siglo XX. Las nuevas máquinas además de incrementar la productividad y por tanto abaratar el coste de los alimentos, tendrán como efecto «liberar» mano de obra que podrá ser empleada en la industria.

– Surgimiento de una agricultura científica: Ensayos exitosos con nuevas rotaciones de cultivos que permitirán eliminar el barbecho y disponer de importantes cantidades de materia vegetal para el engorde del ganado. Pioneros como Lord Townshend introdujeron la rotación cuatrienal: trigo, nabos, cebada, trébol. La selección de nuevas especies de plantas que harán crecer enormemente los rendimientos agrarios. Aumenta el uso de fertilizantes: en primer lugar porque aumentó la disposición de abono orgánico (estiércol), que venía utilizándose tradicionalmente, a causa del incremento de la ganadería. En segundo lugar porque se inicia la utilización de fertilizantes artificiales.

– El cerramiento de las propiedades: En Gran Bretaña hasta el siglo XVIII dominaba el sistema agrario llamado de campos abiertos (openfield): recogida la cosecha se hacía un aprovechamiento comunal de los pastos. Desde mediados del siglo XVII se advierte un movimiento por el que muchos propietarios cercan sus tierras y con ello adquieren un mayor control sobre los cultivos. Los cercamientos harán posible las inversiones y las innovaciones: hasta ese momento el sistema de campos abiertos obligaba a todos los cultivadores a seguir los ritmos de la tradición (sembrar y recolectar los mismos cultivos en las mismas fechas). Los cerramientos tenderán también a concentrar las propiedades (que generarán importantes tensiones sociales) en pocas manos: surgen grandes explotaciones agrarias trabajadas por campesinos asalariados.

Los pequeños granjeros sin capital para cercar sus tierras en muchos casos vendieron y hubieron de transformarse en arrendatarios, jornaleros o emigrar a las ciudades. La mano de obra rural comienza con ello su declive mientras crece la mano de obra industrial. Con los cercamientos terminan también algunos rasgos medievales del campesinado y así desaparece una estructura socioeconómica basada en las obligaciones mutuas para ser sustituida por otra, capitalista, con el dinero y el pago en metálico como base. En resumen puede decirse que los cerramientos (enclosures) contribuyeron a hacer posibles y más sencillas las mejoras agrarias y que con ello la agricultura se hizo más eficiente y productiva para alimentar a una creciente población urbana.

– Las mejoras en la ganadería: La cabaña ganadera británica no sólo creció con el incremento de vegetales (alfalfa, trébol) resultado de las rotaciones de cultivos que eliminan el barbecho, sino que también mejoró con la generalización de la cría selectiva a que se lanzarán diversos propietarios, una ganadería «científica» que pretende la mejora de tamaño y salud de las razas ganaderas tradicionales. Todo ello incrementará el alimento de una población que irá creciendo a un ritmo muy fuerte.

E) LAS TRANSFORMACIONES EN LA RED DE TRANSPORTES Y EN EL COMERCIO. TRANSFORMACIONES FINANCIERAS.

Hoy sabemos que la modernización económica de un país pasa entre otras cosas por una mejora en los transportes. Esta mejora incide en una bajada general de costes en todos los sectores (se hacen más productivos) y permite la creación de mercados amplios que hacen posible un mayor tamaño de las empresas y por tanto mayor especialización y economías de escala.

Cabe preguntarse cual era la situación del Reino Unido al comienzo de esta etapa en que se inicia la industrialización. En primer lugar debe destacarse el carácter insular de Gran Bretaña. La isla principal donde encontramos Inglaterra, Gales y Escocia, tiene una forma alargada: apenas hay territorios que disten más de cien kilómetros del mar. El clima lluvioso permite además la navegabilidad de muchos de sus ríos. Además, durante la Era Moderna, Inglaterra se ha convertido en una gran potencia marítima, superando las anteriores primacías de España y Portugal y compitiendo con los holandeses en su dominio comercial de los mares. Los puertos británicos pueden ser considerados en estos momentos entre los más activos del mundo.

Por estas razones podemos considerar que a comienzos del siglo XVIII Gran Bretaña contaba con un aceptable sistema de transportes, que verá enormes mejoras con la construcción de carreteras y, sobre todo, de muchos kilómetros de canales, pensados fundamentalmente para el transporte de mercancías pesadas, entre las que cabe destacar el carbón que conoce en estos años un importante aumento en su demanda ante la creciente escasez de madera. Los canales redujeron enormemente el precio del transporte y su estacionalidad, pues al contrario que los caminos, intransitables durante los largos periodos de mal tiempo, los canales se encontraban útiles casi todo el año.

Pero la verdadera revolución de los transportes vendrá con la construcción de líneas de ferrocarril. La revolución vendrá cuando se piense en utilizar una versión de la máquina de vapor “móvil” que sea capaz de arrastrarse a sí misma y a un número indeterminado de vagones de carga.

Hubo intentos claramente fallidos, como los que pretendieron la construcción de automóviles movidos por una máquina de vapor: su lentitud, su peso, su coste y su difícil manejo no los llevaron más allá de la simple curiosidad, aunque debamos considerarlos como antecedentes de los automóviles movidos con motores de explosión que surgirán a finales del siglo XIX.

Quizás los primeros intentos de construir un ferrocarril con locomotoras movidas con la energía del vapor sean aquellos realizados para transportar el carbón desde las minas. De la evolución de estos prototipos saldrán las primeras locomotoras viables como la diseñada por Richard Trevithick, ingeniero británico auténtico pionero del ferrocarril, quien primero diseñó máquinas de vapor de alta presión, y desde comienzos del siglo XIX varias locomotoras capaces de arrastrar unas pocas toneladas de carga sobre raíles.

Durante la primera y segunda décadas del siglo XIX fueron mejorando las características de estas locomotoras (potencia, seguridad) y se logró la construcción de raíles lo suficientemente resistentes. En este contexto aparece la figura de George Stephenson, responsable de la primera línea ferroviaria útil y, que desde 1825 cubría el trayecto Stockton-Darlington transportando carbón. En 1829 se puso en marcha un concurso para construir una línea entre Londres y Liverpool. El ganador fue el propio Stephenson con su locomotora The Rocket (el cohete, capaz de viajar a unos 40 km/h)  y así, desde 1830 se encuentra en funcionamiento esta línea que transporta mercancías y pasajeros. Con esta línea el ferrocarril demuestra su idoneidad para casi todo tipo de transportes (hasta ese momento era concebido como un sistema para llevar el carbón desde las minas a las ciudades), incluyendo el movimiento de personas.

En las décadas siguientes el ferrocarril,  se expandirá por todo el mundo.

Los primeros intentos registrados de mover un barco mediante una máquina de vapor se producen en el último cuarto del siglo XVIII, pero no será hasta los primeros años del siglo XIX cuando un ingeniero estadounidense, Robert Fulton, construya un barco propulsado por una rueda movida con la fuerza del vapor. Estos primeros barcos por sus características quedaron marginados a la navegación fluvial y costera.

Habrá que esperar a las décadas centrales del siglo XIX para que los barcos de vapor empiecen a desbancar a los veleros que durante siglos se habían constituido en un medio de transporte de mercancías y personas. Para que esta sustitución fuese posible el barco de vapor recibirá importantes mejoras: la sustitución de la rueda por la hélice, la incorporación de máquinas más eficientes, la construcción de los barcos con casco de hierro. Con estas mejoras los barcos se hicieron más manejables, no tenían que malgastar su capacidad de carga acumulando enormes cantidades de combustible y se convirtieron en más rápidos y seguros. En las últimas décadas del siglo XIX los barcos de vapor serán piezas insustituibles en fenómenos como el afianzamiento de un mercado mundial o en los intensos procesos migratorios que llevaran a varios millones de europeos a poblar Argentina, Australia o, sobre todo, los Estados Unidos de América.

Todas estas mejoras en los transportes van a facilitar las transacciones comerciales, un factor clave para el desarrollo de la Revolución Industrial. El puerto de Londres se convirtió, así, en el centro del comercio internacional. Se articuló una estructura cuyas características fueron la importación de materias primas (hierro, trigo, etc.), el control del comercio de esclavos, la reexportación de productos tropicales al resto de Europa y la venta de tejidos de algodón.

La creación de un fuerte capital comercial sirvió, a partir de la estructura bancaria, para dinamizar los otros sectores económicos. Esa acumulación de capital en la agricultura, en la industria, en el comercio, etc., va a beneficiarse del papel que va a tomar la Banca en este momento, que interviene en esos negocios, que presta el dinero necesario para nuevas inversiones, etc. El Banco de Inglaterra fue fundamental en estos procesos.

Deja una respuesta