Características generales de la arquitectura gótica

El estilo gótico encontró su gran medio de expresión en la arquitectura. Surgió en la primera mitad del siglo XII a partir de la evolución de precedentes románicos y otros condicionantes teológicos, tecnológicos y sociales. La arquitectura gótica perduró hasta bien entrado el siglo XVI en diversos países europeos como Inglaterra, mucho después de que el estilo renacentista hubiera penetrado en otros campos artísticos. Las mayores realizaciones del gótico se manifestaron en el terreno de la arquitectura religiosa.

En contraste con la arquitectura del románico, cuyas características esenciales son los arcos de medio punto, las estructuras macizas con escasos vanos y las bóvedas de cañón o arista, la arquitectura gótica empleó el arco apuntado, agujas, chapiteles y gabletes, reforzando el sentido ascensional que pretende transmitir el edificio, amplios vanos con tracerías caladas para conseguir la máxima luminosidad y estructuras reducidas al mínimo. Todas estas cualidades estilísticas fueron posibles gracias a las innovaciones constructivas, especialmente a la aparición de la bóveda de crucería. Las iglesias medievales poseían bóvedas muy pesadas, que obligaban a disponer muros gruesos y con pocos ventanales para soportar sus empujes. A principios del siglo XII los constructores inventaron la bóveda de crucería, que consiste en el cruce de dos arcos o nervios apuntados, que conforman una estructura resistente sobre la que se colocan los ligeros plementos o elementos de relleno que configuran la bóveda. Este sistema además de ligero y versátil, permite cubrir espacios de diversa configuración formal, con lo que posibilita un gran número de combinaciones arquitectónicas. En función de las nervaduras que conforman la bóveda, se aprecia una evolución de la misma:

–          En el siglo XIII se utiliza la cubierta de crucería simple, así como la bóveda borlonga (para cubrir espacios rectangulares) y la bóveda sexpartita, caracterizada por un arco transversal que divide en seis partes el espacio de dicha bóveda.

–          En el siglo XIV, la sencillez de las primitivas bóvedas se complica con las bóvedas de terceletes. Se trata de una serie de nervios secundarios que van desde los ángulos a las claves, produciendo un vistoso efecto estrellado.

–          Finalmente, en el siglo XV se pasa a las bóvedas de nervios estrelladas (que cubren estructuras poligonales) y de plementería calada cubierta de vidrieras.

Aunque las primeras iglesias góticas adoptaron una gran variedad de formas, la construcción de las grandes catedrales del norte de Francia en la segunda mitad del siglo XII se benefició de las ventajas de las bóvedas de crucería. Con ellas se podían concentrar los empujes en los cuatro puntos del vértice y posteriormente apearlos por medio de los elementos sustentantes, que podían ser los pilares o columnas pero también el sistema de estribo y arbotante, un arco que transmite los esfuerzos tangenciales hacia un contrafuerte situado en el exterior del edificio coronado por un pináculo. Como consecuencia, los gruesos muros de la arquitectura románica pudieron ser reemplazados por ligeros cerramientos con ventanales que permitieron la aparición de la vidriera y facilitaron que el edificio alcanzase alturas insospechadas. Así se produjo una revolución en las técnicas constructivas.

Con la bóveda gótica los edificios pudieron adoptar formas variadas. Sin embargo, la planta común de las catedrales góticas consistió en tres o cinco naves longitudinales, un transepto, un coro y un presbiterio, es decir, una composición similar a la de las iglesias románicas. Las catedrales góticas también mantuvieron y perfeccionaron la creación más genuina de la arquitectura románica: la girola, una estructura compleja que aparece en la cabecera del templo, generalmente de forma semicircular con un deambulatorio alrededor y al que se abren capillas radiales de planta semicircular o poligonal. La organización de los alzados en el interior de las naves y en el coro también mantuvo los precedentes románicos (tribuna, que suele desaparecer en el gótico,  el triforio y el claristorio, que suelen adquirir en este momento un gran desarrollo). Por otro lado, los esbeltos pilares compuestos que separan las naves, con sus finos fustes elevándose a través del triforio hasta las nervaduras de las bóvedas, y el uso del arco apuntado en todo el edificio, contribuyen a crear efectos de verticalidad que constituye la expresión más intrínseca de la arquitectura gótica.

El arco apuntado (utilizado ya por los abasíes en el siglo IX y por el románico de Normandía) se trata de un arco de dos centros, cortados en ángulo curvo. Su utilización en el gótico confiere a los edificios la peculiar esbeltez y verticalidad que los caracteriza. Ello se debe a la peculiar forma del arco apuntado que le permite adaptarse a cualquier espacio, abriendo o cerrando la ojiva a voluntad, lo que lo convierte en un elemento muy versátil y el principal definidor de la bóveda de crucería. Estos arcos evolucionan desde los equilatados del siglo XIII (poca flecha) hasta el lanceolado del siglo XIV (muy puntiagudo). En el siglo XIV se utiliza además el arco carpanel. En realidad es un arco de medio punto rebajado, pero con tres centros. En el siglo XV aparece el arco conopial (de cuatro centros) propio del gótico flamígero, así como el arco mixtilíneo.

El objetivo prioritario de la organización exterior de la catedral gótica, con sus arbotantes y pináculos, fue contrarrestar el peso de las bóvedas. La fachada occidental o de los pies de la iglesia, por otro lado, intentaba producir un efecto de desmaterialización del muro a través de ricos recursos plásticos. La típica fachada principal gótica se divide en tres cuerpos horizontales y tres secciones verticales o calles, donde se abren las tres portadas que se corresponden con las naves del interior. Los vanos en la arquitectura gótica, como se observa perfectamente en las portadas, mantienen la peculiar forma abocinada del románico; pero las arquivoltas que forman dichos abocinamientos se multiplican en número. Las dos torres laterales forman parte del cuerpo de la fachada y se rematan frecuentemente por agujas o chapiteles. Por último, no hay que olvidar las típicas gárgolas, de las que hablaremos en escultura, y el gran rosetón sobre la portada central supone un magnífico centro para la totalidad del conjunto.

Ya que hemos mencionado el rosetón, tendríamos que apuntar alguna característica de los ventanales góticos. Los ventanales son fundamentales en el gótico, ya que recubren amplios espacios debido a la desmaterialización mural (como apunta Norbert Schultz) de la que hablábamos, propiciada por los nuevos elementos arquitectónicos comentados. Las vidrieras son, así, otro elemento característico de esta arquitectura. Ya sabemos que, según la filosofía neoplatónica de la época, la luz se identifica a Dios. De este modo el templo gótico se llena de luz, tamizada por estas vidrieras, con el simbolismo que ello conlleva. Con esta luz simbólica se crea un espacio interior cromáticamente matizado y completamente diferenciado del espacio natural exterior, en un ámbito espiritual. Esta sensación creada por las vidrieras se acentúa por otras características: efecto de las vidrieras +  verticalidad y carácter ascensional = efectos místicos. Las vidrieras suelen contener una decoración de temática religiosa, que a veces son verdaderos programas de la vida de Cristo, de la Virgen o de algún santo o episodio bíblico.

LA CATEDRAL GÓTICA

Uno de los elementos arquitectónicos fundamentales de la ciudad medieval es la catedral. Situada en el centro de la villa, constituía el punto de encuentro de la vida social de la comunidad y un importante elemento de identidad para todos sus integrantes. Durante el periodo gótico se construyeron algunos de los ejemplos más importantes de la cristiandad.

El sentido alegórico del arte medieval culmina en la catedral, que se convierte en casa de Dios, umbral del Paraíso, imagen o representación de la realidad sobrenatural, imagen de Cristo crucificado, etc.

Hay una serie de elementos fundamentales que hay que tener en cuenta a la hora de estudiar la catedral gótica:

  • La Monarquía: sobresale el rey frente al feudalismo románico. El monarca aparece como un retrato de Cristo. El gobierno monárquico constituye la delegación del gobierno divino (corte terrena imagen de la ciudad celestial). Las asambleas políticas del reino se suelen celebrar a las puertas de la catedral. El rey suele financiar, en parte, la construcción del templo principal. Todo ello se traduce en una serie de elementos decorativos: las galerías de reyes o retratos de reyes que, como escultura, aparecen en las galerías de la fachada de la catedral; o las escenas bíblicas que representan los reyes de Israel (David, Salomón, etc.), modelos de virtud para la realeza medieval. En conclusión, entre las funciones del rey destaca la de constructor de templos.
  • La Iglesia, el Obispo y el Cabildo: Los obispos tienen importancia en la planificación y financiación del templo gótico, con la colaboración y aprobación del cabildo catedralicio, que suele nombrar al operarius (gestor de la obra), vigila la obra, controla las rentas y la financiación, etc. Estos elementos también tienen su traducción en la decoración de la catedral: representación de la galería de santos, muchos de ellos ataviados como obispos.
  • La Burguesía: es la clase que se asocia principalmente a la Baja Edad Media. Su orgullo, su carácter, se reflejan a menudo en sus actuaciones (financiación de la obra de la catedral). Cada gremio, por ejemplo, rivaliza para financiar elementos de la catedral. Los burgueses costean parte de las obras del templo: capillas, vidrieras, etc.
  • Culto a la Virgen: La devoción mariana es grandísima. Muchas catedrales se dedican a la advocación de María. Este templo se erige como el palacio de la Virgen (según las fuentes). La iconografía mariana es fundamental: aparecen esculturas de la Virgen en la portada, en el parteluz, en las galerías, en las arquivoltas, en el tímpano, etc.

ARQUITECTURA CIVIL

En las ciudades góticas, hay una serie de elementos que destacan sobremanera: suele ser una ciudad amurallada, con varias puertas de entrada, en las que sobresale como edificio principal la catedral, aunque también los palacios de burgueses, el castillo, las iglesias parroquiales, los talleres y gremios de los artesanos, el ayuntamiento, el mercado, etc.

La vida y la vivienda del artesano o del comerciante poco habían variado respecto a la época románica. Eran casas sencillas, de dos plantas. Sin embargo, la vivienda del burgués si experimenta un cambio significativo, sobre todo la del rico burgués, que suele ser un palacio con todo lujo decorativo.

Además de los palacios, de la catedral, etc., sobresaldrán otros edificios con función eminentemente económica: las lonjas de comercio, que adoptarán los elementos propios del nuevo estilo.

Los castillos de esta época eran apreciados todavía por su inexpugnabilidad, siendo la austeridad y la fortaleza sus principales virtudes, a parte de su carácter militar.

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