Características generales de la escultura románica

La primera escultura románica parte durante el siglo XI de la tradición prerrománica y de las experiencias en trabajos en marfil, orfebrería y madera. Eran copias de obras de estos materiales, un arte de frisos en marcos rectangulares colocados en fachadas o ábsides y sin función arquitectónica.

Los temas más representados en dinteles y capiteles suelen ser de carácter geométrico o vegetal fuertemente estilizados.

Las representaciones figurativas apenas sobresalen de la superficie arquitectónica, son sobre todo, bajorrelieves como los de los dinteles de Saint Genis les Fonts.

Progresivamente, las manifestaciones escultóricas van abandonando el plano superficial de la arquitectura hasta aproximarse a la escultura exenta.

Y desde fines del siglo XI, el taller más creativo e innovador se sitúa en la zona de Toulouse: coincidiendo con la aparición de las portadas románicas, la escultura alcanza su mejor definición formal y estética.

La escultura románica plena (siglo XII), se concibe para un marco arquitectónico y se produce cuando las iglesias románicas alcanzan, a su vez, su plenitud. Será una escultura subordinada al espacio arquitectónico y con un objetivo decorativo del mismo.

Las figuras escultóricas se ajustan y deforman según las formas del capitel, según el semicírculo del tímpano, según las alargadas formas de las jambas. Para conseguir esto, el escultor románico no halla impedimentos en variar los cánones o imprimir movimiento a las figuras. Es una escultura monumental, opuesta al naturalismo clásico, etc.

En el Románico de última época, hay una mayor profusión escultórica, más riqueza en los ropajes con múltiples plegados y en movimiento. Se olvida, incluso, la función arquitectónica y se buscan efectos pintorescos o anecdóticos. Esta etapa final de la escultura románica ha sido llamada por los historiadores del arte: etapa de transición al Gótico. Así, en el último tercio del siglo XII, hay varias obras que apuntan una evolución dentro del románico, en lo que se podría denominar la fase barroca del románico:

– Mayor tendencia al movimiento.

– Se humanizan los tipos, con gracia en los rostros, expresión abierta y sincera.

– Los ropajes se abultan, revolotean sin ceñirse al cuerpo, con más pliegues, con mayor profusión.

La Técnica: Domina el antinaturalismo, desconexión de la realidad como probable herencia del arte bizantino. El modelado es tosco, recuerda los períodos arcaicos de otras culturas (posturas hieráticas, rostros inexpresivos). Las figuras románicas forman el Estilo Ideal-Abstracto:

– Figuras hechas con arreglo a fórmulas ideales, geométricas.

– Modelos estilizados, rígidos, incluso deformados.

– No hay culto a la belleza formal porque hay repugnancia a representar temas cristianos conforme a la naturaleza.

– La Religión se ofrece abstracta e intocable.

Las Fuentes iconográficas son variadas:

– Es notable la influencia de las miniaturas mozárabes, sobre todo los Beatos.

– La divulgación de los Bestiarios, de procedencia oriental e islámica, inspira muchos de los temas fabulosos de la iconografía.

– Los Códices irlandeses parecen influir en los motivos geométricos y vegetales rítmicamente tratados.

Como hemos dicho, la escultura, al igual que la pintura, tiene función decorativa y también didáctica: la escultura habla al fiel indocto, analfabeto, en su lenguaje plástico, son verdaderos Evangelios de piedra e informan al creyente de: los peligros del mundo; las luchas del Bien y el Mal; el Juicio Final, cuya visión apocalíptica se representa en el tímpano de la portada principal del templo; el pecado, que adopta formas repelentes a través de la estética de lo feo y obsceno. Son formas monstruosas, como el demonio en forma de animal, cuya repetición obsesiva parece haber sido estimulada por las fantasías del mundo oriental conocido en Occidente a través de las Cruzadas.

La decoración escultórica la encontramos en Portadas y Claustros. Sin embargo, también se crean dos modelos en escultura exenta:

–  Cristo crucificado: En Él plasma la concepción de un Dios triunfante ante la muerte, en el que no se reflejan los sufrimientos de su pasión. Son esculturas hechas en madera o marfil que responden a una serie de características fijas: sujeto a la cruz con 4 clavos; hermético, rígido, con los ojos muy abiertos, sin expresión de dolor, sin sentir el peso físico; vestido con larga túnica o faldón de cintura a rodilla (a veces policromados). Un ejemplo muy significativo lo constituye la Majestad Batlló (siglo XII), obra realizada en madera con policromía al temple (motivos pictóricos de influencia árabe), tanto en la cruz como en la figura de Cristo. Son colores planos y vivos para mejorar la calidad de la obra.

–  Virgen con el Niño: son esculturas que siguen el modelo de las “Theotocos” bizantinas. Sin naturalismo, en actitud sedente con corona, como si fuera una Reina. Tanto la figura de la Virgen como la del Niño son rígidas, hieráticas, sin comunicación interna. El Niño no es tal, sino que es Dios.

Sin embargo, donde mayor relieve alcanza la escultura monumental es en la decoración de las Portadas románicas. Tanto por su forma como por su función prefigura ya, en la entrada, la totalidad del edificio. La portada, tanto arquitectónica como iconográficamente, explica una de las características fundamentales del arte románico: la perfecta articulación y correspondencia entre el interior y el exterior. La portada representa la puerta del Cielo y de la Casa de Dios y advierte al fiel de lo trascendente que es el paso que va a dar al franquear el umbral: el mismo Cristo se compara a la puerta “Yo soy la puerta, el que por mí entre, se salvará”. Éste es, en realidad, el primer mensaje de la puerta: el lugar por el que se abandona el mundo profano y se penetra en el más allá.

Las grandes portadas desarrollan, por lo general, una serie de elementos constantes:

– Tímpano: recoge la escena principal con el Pantocrator o Cristo en majestad con mandorla, símbolo de su dominio celestial. Puede representarse el Juicio Final, el Apocalipsis, incluso Pentecostés. Los elementos o personajes que suelen aparecer son: el Tetramorfos: representación de los 4 evangelistas en forma simbólica (Juan como un águila, Marcos como un león, Lucas como un toro y Mateo como un hombre); San Juan Evangelista; San Juan Bautista; San Miguel; las vírgenes, etc.

– Dintel: friso para elementos geométricos o vegetales o para figuras de menor tamaño y resalte.

– Parteluz o mainel: Algún santo de relevancia en el templo o figuras de animales.

– Arquivoltas: Suelen decorarse con motivos geométricos y vegetales. A veces, los signos del zodíaco y los trabajos correspondientes a los meses del año, a través de los cuales se manifiesta como Señor del Tiempo (Cronocrator).

– Jambas y capiteles: Suelen decorarse con figuras de santos o motivos vegetales y geométricos. O se dejan simples columnas de fuste liso.

Entre las obras más significativas de la escultura románica podemos mencionar algunos ejemplos:

– Portada de San Pedro de Moissac (Francia): El escultor tenía que adaptarse al marco arquitectónico y utilizar la misma piedra que el resto del edificio. En Moissac se representa la visión descrita por San Juan en el Libro del Apocalipsis y a los lados otras escenas bíblicas. La escena principal representa a Cristo en majestad rodeado por un nimbo cruciforme, rodeado por el Tetramorfos y por siluetas de serafines. A ambos lados, en hilera y en el dintel, se disponen los 24 ancianos del Apocalipsis volviendo sus miradas a Cristo con gesto propio e individual cada uno.

Las figuras se representan en un estilo arcaico, con expresión solemne deshumanizada, rigidez en rostros y cuerpos, convencionalismo en el tamaño (Dios Padre es de mayor tamaño, el resto de figuras en gradación descendente según su importancia). Hay diferente relieve en las figuras como recurso para realzar la solemnidad e importancia del Pantocrator: éste está esculpido en relieve más plano y de modo frontal, y los ancianos son de bulto más resaltado y redondo casi, dadas sus acciones más gesticulantes que sobresalen del plano.

– Portada de Santa Fe de Conques: En el tímpano se representa el Juicio Final, dividiendo el tímpano en zonas con diferentes escenas del mismo. Destaca por su ubicación central y tamaño la figura de Cristo, sentado en un trono y enmarcado por mandorla que separa el mundo divino del material y terrestre. Cristo simboliza el poder, inmóvil y central. Su mano derecha señala arriba al Cielo, y la izquierda al Infierno, abajo. Por debajo de Cristo se sitúa la escena reducida donde San Miguel pesa las almas en una balanza. A la derecha de Cristo, un grupo de “Elegidos” en perfecto orden, y a la izquierda los “Condenados” se retuercen desnudos por los tormentos que le inflige el diablo. Junto a ellos, la figura simbólica de Leviatán comiendo almas y la figura que los preside todo, Satán (en esta parte del tímpano es donde el artista tiene más libertad para tratar las figuras con fantasía). La imagen del Juicio Final se convierte en el reflejo del mundo feudal, totalmente ordenado y en el que cada cual ocupaba un lugar determinado en la escala social.

– Pórtico de la Gloria del Maestro Mateo: Es el culmen de la plástica románica. Hay una gran profusión escultórica que llena toda la portada. Y además, la policromía le infundía expresión y vida. En el tímpano central se esculpe a Cristo sedente y en mayor tamaño, mostrando las llagas de la pasión, y rodeado por el Tetramorfos y ángeles.

En las arquivoltas de este tímpano se esculpe a los 24 ancianos del Apocalipsis conversando y tañendo instrumentos musicales. En el parteluz, la figura sedente del Apóstol Santiago con una dulce y serena expresión.En las jambas, apóstoles y profetas en animada conversación, algunos de ellos.El estilo anuncia ya el Gótico:

-Figuras conversan rompiendo el hermetismo anterior.

-Más volumen en las figuras que se despegan de las columnas, casi como esculturas de bulto redondo.

-Rica diversificación de los pliegues que se mueven con fluidez

-Expresión más intensa en los rostros, con sonrisas como la del profeta Daniel en las jambas.

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