Apuntes sobre España en la Unión Europea

España en Europa

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España se incorporó a la Comunidad Económica Europea (hoy Unión Europea) el 1 de enero de 1986. Culminaba así un largo proceso de negociaciones que se inició con la instauración de la democracia.

El camino hacia Europa

El desarrollo económico experimentado por la economía española en la década de los sesenta, hacía necesario romper el aislamiento del país e integrarlo en el Mercado Común Europeo (CEE), que se había convertido, desde su fundación (1957, Tratado de Roma), en el eje de la economía de Europa occidental.

Durante la dictadura franquista, España solicitó la apertura de negociaciones para estudiar una plena integración, a pesar de que, en enero de 1962, el Parlamento Europeo había establecido que ésta no sería posible si los países aspirantes no contaban con un sistema político democrático. De este modo, las relaciones entre el régimen y la CEE se mantuvieron solo en el terreno comercial. En este sentido, la CEE ofreció a España en 1967 un acuerdo preferencial, que, tras las negociaciones, se firmó en Luxemburgo en 1970. En 1973, al acuerdo preferencial se añadió un protocolo adicional.

Con la instauración de la democracia, la solicitud española de adhesión a la Comunidad quedó desbloqueada, y comenzaron a plantearse conversaciones y plazos. Sin embargo, la Comunidad de los seis países fundadores (Francia, Italia, Luxemburgo, Bélgica, Holanda y la República Federal de Alemania), ampliada a nueve en 1972 (Reino Unido, Dinamarca e Irlanda) y a diez en 1981 (Grecia), necesitaba adaptar sus propios mecanismos antes de aceptar a los nuevos candidatos: España y Portugal.

Las negociaciones del Tratado de Adhesión fueron al principio difíciles, sobre todo por las reticencias francesas. Este país estaba presionado por los intereses de sus campesinos, que veían en la agricultura española una amenaza para la salida de sus productos al mercado europeo. Alemania, sin embargo, vinculó el aumento de los fondos comunitarios a la entrada de España y Portugal, y a partir de 1982, con la subida del socialista Mitterrand al poder en Francia, las relaciones entre ambos gobiernos mejoraron considerablemente. El proceso se aceleró así entre los años 1983-1985 y el 12 de junio de 1985 se firmó el Tratado de Adhesión, en vigor desde el 1 de enero de 1986.

La adhesión a la CEE

El Tratado de Adhesión a la Comunidad Europea otorgó a España, en proporción a su población, el derecho a tener dos miembros en la Comisión Europea (gobierno de la CE) y 60 diputados en el Parlamento Europeo, que fueron elegidos, por primera vez, en las elecciones generales europeas de 1989. España es miembro del Tribunal de Justicia y de los diversos consejos y organismos comunitarios. En el primer semestre de 1989 ejerció la presidencia de la Comunidad.

La incorporación española a la Europa política y económica supuso un cambio histórico que rompía la tendencia aislacionista del país en los últimos dos siglos. Suponía asimismo un reto a la capacidad productiva de la economía que debió competir sin protección con las de sus vecinos.

La adhesión a la CEE implicó hacer más competitiva la economía española para adaptarla al resto de los países, que en general tenían un mayor nivel de desarrollo. Las medidas para la incorporación a la CEE más importantes fueron:

  • La continuación de la reconversión industrial con el cierre de industrias no competitivas, la concentración de empresas y el desarrollo de la inversión en nuevas tecnologías.
  • La contención de la inflación, mediante la limitación de las subidas salariales y el control del gasto público.
  • La disminución del déficit público, posible gracias a la generalización de los impuestos.

A consecuencia de estas medidas, el paro se mantuvo por encima del 15 % durante la década siguiente a la entrada del país en la UE.

Por ello, a pesar de los problemas de adaptación que el tratado creó en algunos sectores concretos (lácteos, cítricos, pesca), la pertenencia a la UE fue considerada como una apuesta para el progreso económico y una garantía para la estabilidad política. Además, la política comunitaria destinaba importantes recursos para disminuir las diferencias de desarrollo entre España y los países más avanzados de Europa.

España en la UE

Desde su incorporación en 1986, España ha destacado en su impulso hacia una mayor integración de los doce (posteriormente ampliado a quince y, en la actualidad, a veinticinco). Así ocurrió en las negociaciones sobre el Acta Única Europea (1986) que acordó la desaparición de las fronteras internas; y en el proceso del Tratado de la Unión Europea (Maastricht, 1992), que establecía los pasos para la unión económica y monetaria, y reforzaba la integración política y social de los ciudadanos de los doce países en las instituciones comunitarias.

Para paliar el retraso económico, España ha recibido numerosas ayudas de la UE que le han permitido crecer a un ritmo superior a la media. En 2002 el país accedió a la nueva moneda única, el euro (), como consecuencia de la plena integración en Europa.

En el año 2004 se integraron en la UE diez nuevos países, casi todos ellos con una renta menor que la española. A partir de ahora las ayudas se encaminarán a estos países más pobres, aunque, a cambio, el mercado para los productos españoles ha aumentado con las nuevas incorporaciones. El 20 de febrero de 2005 se celebró en España el referéndum para aprobar el Tratado de la Constitución Europea con un resultado favorable.

En enero de 2007, dos países más de Europa Oriental, Bulgaria y Rumanía, ingresan en la UE, que de este modo cuenta ya con 27 Estados miembros. Croacia, la Antigua República Yugoslava de Macedonia y Turquía son también candidatos a la adhesión.

El 13 de diciembre de 2007, los 27 Estados miembros de la UE firman el Tratado de Lisboa, que modifica los Tratados anteriores. Su objetivo es aumentar la democracia, la eficacia y la transparencia de la UE, y, con ello, su capacidad para enfrentarse a desafíos globales como el cambio climático, la seguridad y el desarrollo sostenible. Antes de que el Tratado entre en vigor –lo que se espera tenga lugar antes de las próximas elecciones al Parlamento Europeo de junio de 2009–, deberá ser ratificado por cada uno de los 27 Estados miembros.

Fuente: Kalipedia

Apuntes sobre el reinado de Alfonso XIII

  

El reinado de Alfonso XIII

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El reinado de Alfonso XIII se abrió bajo el pesimismo del «desastre del 98», lo que supuso un clima políticamente muy difícil y el ascenso de las fuerzas sociales y políticas antimonárquicas. Se intentó revitalizar la monarquía parlamentaria del régimen de la Restauración, pero con dos novedades: la intervención directa del rey en la política activa y la desaparición de los políticos que habían dado vida al régimen.  

Por otro lado, la continuidad del sistema tuvo que enfrentarse a las nuevas circunstancias:  

  • La corriente crítica del regeneracionismo, que evidenció la separación entre la España oficial, la de los políticos, y la España real, la que quedaba fuera del sistema.
  • Los regionalismos políticos, que aceleraron su desarrollo, especialmente el catalán, que se proyectó a través de la Lliga y del movimiento de Solidaridad Catalana, corriente regeneradora que encabezó Cambó.
  • El movimiento obrero, que se fortaleció al margen de la política oficial, dividido en dos grandes tendencias: una moderada, la del socialismo del PSOE y el sindicato UGT, y otra sindical, impulsada por el anarquismo y protagonizada por la central sindical CNT y por la FAI.
  • La inquietud del ejército, visible desde la derrota de 1898 y que, a partir de la exigencia de responsabilidades por el desastre, iba a plantear continuos problemas al poder civil.
  • La guerra de Marruecos, que constituyó un nuevo conflicto. Los acuerdos suscritos con Francia entre 1902 y 1912 fijaron la zona de Protectorado español en Marruecos. La ocupación militar comenzó en 1909, iniciándose una guerra colonial que duró hasta 1925 y provocó fuertes tensiones políticas.
  • El gran cambio social provocado por el crecimiento económico y demográfico.
  • El advenimiento de las masas, que, unido al sufragio universal, evidenció la estrechez del sistema.

Dentro de este nuevo contexto, la sociedad española se desintegró políticamente en una serie de dualismos: Monarquía-República, Centralización-Autonomía, Obrerismo-Burguesía. Las posturas enfrentadas se radicalizaron por el deseo de imponer la propia voluntad al contrario.  

Decadencia del régimen

El régimen debía abordar una reforma constitucional profunda, capaz de adecuarse a las nuevas realidades. Pero los esfuerzos de regeneración interna fueron insuficientes y el sistema establecido por Cánovas se vino abajo a través de un lento proceso cuyos principales acontecimientos fueron:  

  • El fin del turno pacífico de partidos.
  • La crisis de 1917, que provocó una honda conmoción política y social.
  • El golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923, quien inició un período de gobierno dictatorial.
  • La desaparición de la propia monarquía, después de las elecciones de abril de 1931

 

El nuevo intervencionismo regio

Alfonso XIII comenzó su reinado en mayo de 1902 al alcanzar su mayoría de edad. A diferencia de su madre, la reina regente María Cristina de Habsburgo, el nuevo monarca mostró desde el principio un interés por participar de manera activa en la política del país ejerciendo sus prerrogativas regias. Esto se tradujo en un intervencionismo constante en la vida política ordinaria, así como en las luchas internas de los partidos dinásticos. Las alternancias en el poder dejaron de ser producto de derrotas parlamentarias para depender de la voluntad del monarca, lo que permitió acuñar el término de «crisis orientales» (en alusión a la residencia del rey en el palacio de Oriente), como expresión metafórica de las crisis de gobierno. La intromisión del monarca provocó una crisis de liderazgo que fue uno de los grandes problemas del reinado.  

Además, Alfonso XIII aprovechó su condición de jefe del ejército para establecer una relación directa entre la Corona y los mandos militares, que dejó en segundo término al poder civil. Esta trayectoria se inició ya desde su primer día de reinado, cuando logró que Sagasta le concediera la prerrogativa de los nombramientos y ascensos militares.  

Los primeros años del reinado

En los cinco primeros años del reinado se mantuvo la continuidad del turnismo, con la alternancia de gobiernos conservadores (1902-1905) y gobiernos liberales (1905-1907), pero la inestabilidad ministerial puso de manifiesto la crisis de jefatura en ambos partidos. Los conservadores, divididos entre Silvela y Villaverde, encontraron al fin su nuevo jefe en Maura. Los liberales, divididos entre Montero Ríos y Moret, acabaron encontrando en Canalejas su nuevo líder.  

Gobierno de Maura (1907-1909)

De formación jurídica y con experiencia de gobierno, Maura fue uno de los políticos de principios de siglo que mejor captó la necesidad de afrontar cambios en el sistema de gobierno de la Restauración. Convencido de que era preciso incorporar nuevas capas sociales a la acción política (las llamadas «masas neutras»), afirmaba que era necesario «realizar una revolución desde arriba, para que no nos la hagan desde abajo», es decir, para impedir la revolución social. Su objetivo no era otro que el de lograr una socialización política, de orientación conservadora, hecha desde el poder.  

Aunque Maura accedió ya a la presidencia del gobierno en 1904, su principal obra política la llevó a cabo entre los años 1907 y 1909, en el período que se conoce como el gobierno largo de Maura. Durante este trienio, el gobierno promovió una serie de acciones que pretendían transformar la naturaleza del sistema político liberal. Estas acciones afectaron fundamentalmente a la participación electoral y a la organización del poder local y regional:  

  • La «moralización» de las elecciones era uno de los imperativos más claros del regeneracionismo político, ya que estas se hallaban corrompidas por el caciquismo. Para remediar esta situación, Maura promulgó en 1907 una ley electoral que supuso algunas novedades formales (sufragio obligatorio, traslación al Tribunal Supremo de la discusión de las actas electorales consideradas «graves» o «sucias»). El objetivo era lograr el «descuaje del caciquismo» y fomentar la movilización ciudadana, pero los resultados fueron decepcionantes.
  • La modernización del poder local era una «cuestión capital» para Maura. A ello consagró la Ley de Administración Local (1907), que fue objeto de un largo debate parlamentario (2.813 enmiendas y 5.511 discursos). Maura creía que era imprescindible el reconocimiento de la autonomía municipal para evitar la excesiva centralización que se arrastraba del modelo administrativo liberal.
  • Aunque los efectos políticos de esta ley fueron escasos, permitió la agrupación de diputaciones provinciales en forma de mancomunidades, especialmente demandadas por el regionalismo catalán.

Las preocupaciones sociales de Maura se tradujeron en la adopción de medidas sobre la emigración, en la regulación de la huelga y en la creación del Instituto Nacional de Previsión.  

La obra política de Maura, a un tiempo reformista y autoritaria, quedó bloqueada desde el verano de 1909, después de los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona, que tuvo como detonante la llamada a los reservistas para la guerra de Marruecos y estuvo claramente inspirada por los anarquistas, con Lerroux a la cabeza. En principio estuvo causada por el malestar de las familias pobres que no podían pagar la cuota para que sus hijos se libraran de una guerra considerada imperialista, pero el conficto en seguida tomó tintes de un anticlericalismo exacerbado. La violenta revolución fue dominada por el ejército, y se produjo la represión posterior de los inculpados, entre los que se hallaba el director de la Escuela Moderna, Francisco Ferrer, que fue ejecutado.  

Maura fue derrotado en las Cortes, cuando Moret, jefe del Partido Liberal, negó los créditos necesarios para continuar la guerra en Marruecos. El turno pacífico quedó roto y el Partido Conservador se fragmentó. Tanto dentro como fuera de España se desencadenó una campaña política contra el líder conservador, expresada en el conocido grito de «¡Maura no!», en la que participó incluso el Partido Liberal, lo que acarreó su cese por parte del monarca.  

Gobierno de Canalejas (1910-1912)

Las propuestas más avanzadas de transformación del sistema político liberal en una dirección democrática correspondieron a José Canalejas, presidente del gobierno entre 1910 y 1912, después de un breve paso por el poder del viejo liberal Moret.Canalejas representaba la tendencia más izquierdista de las familias políticas dinásticas, liderando entonces el Partido Liberal Democrático. Frente a la posición autoritaria de Maura, las medidas políticas de Canalejas se centraron en la necesidad de incorporar al sistema político liberal dos variables que definen buena parte de la política europea de la época:
  • Un papel activo e intervencionista del Estado en materia social y laboral. La acción del gobierno de Canalejas en materia social fue prolífica, dado que afectó a la duración de la jornada laboral, al trabajo de mujeres y niños, y a la prestación de seguridad social por parte del Estado. Los rudimentos del futuro Estado de bienestar se hallan en este programa, que luego continuó parcialmente el conservador Eduardo Dato.
  • Una secularización de la vida política, mediante la efectiva separación entre la Iglesia y el Estado. Su política religiosa fue más emblemática que efectiva. Aunque logró aprobar la llamada «Ley del candado» (1910), que pretendía limitar la presencia de órdenes religiosas en España, su aplicación produjo escasos resultados.

Canalejas sacó adelante la Ley de Mancomunidades que, promulgada por Dato en 1913, posibilitó la creación de la Mancomunidad de Cataluña, presidida por Prat de la Riba. En la guerra de Marruecos, la ocupación de Arcila, Larache y Alcazarquivir afianzó las posiciones españolas.  

El asesinato de Canalejas en noviembre de 1912 en Madrid, en un atentado anarquista, truncó el proyecto de regeneración del sistema político de la Restauración, que suponía la secularización de la vida política, la acción intervencionista del Estado y, en suma, la democratización del sistema dentro de los límites de la monarquía.  

Gobierno de Dato (1913-1917)

En 1913, Dato recibió el encargo de formar gobierno, lo que aumentó el retraimiento político de Maura y la división de los conservadores. Durante el gobierno de Dato estalló la Primera Guerra Mundial, en la que España mantuvo la neutralidad. La guerra benefició a la economía española, que vio aumentar sus exportaciones, pero la coyuntura favorable no fue aprovechada para propulsar con carácter definitivo la industria. El aumento de los precios no se vio correspondido por el de los salarios y creó un hondo malestar en las clases medias y en los obreros, que tuvo su reflejo en la crisis de 1917.  

La crisis de 1917

El año 1917 es una fecha simbólica, en la que se hizo patente la crisis del liberalismo español. En su estallido influyeron tres procesos:  

  • Los problemas políticos que se venían incubando desde tiempo atrás.
  • La coyuntura de expansión económica.
  • La conflictividad social que estaba provocando la guerra mundial.

En el verano de 1917, confluyeron tres conflictos de distinto tipo: militar, político y social.  

El juntismo militar 

Ya en 1905 quedó clara la interferencia del ejército en la política, cuando un grupo de militares asaltó los periódicos barceloneses Cu-Cut! y La Veu de Catalunya. Esta crisis derribó al gobierno de Montero Ríos y abrió la puerta para la aprobación de la Ley de Jurisdicciones. 

La situación se fue agravando durante la segunda década del siglo XX por la escisión cada vez más fuerte entre los militares «peninsulares» y los «africanos». A los primeros les afectó más la subida de precios provocada por la guerra mundial, por lo que se incubó un malestar, que acabó por manifestarse a través de la creación de Juntas Militares de Defensa, dirigidas generalmente por mandos intermedios. Las Juntas, impulsadas desde Barcelona por el coronel Márquez, solicitaban mejoras presupuestarias para el ejército y la convocatoria de unas Cortes Constituyentes. 

El gobierno de García Prieto sucumbió al enfrentarse con las Juntas y el gabinete conservador presidido por Dato las legalizó bajo la denominación de Comisiones Informativas de las Armas del Ejército. Desde entonces, las Juntas iban a influir profundamente en la vida política. 

La Asamblea de Parlamentarios 

A iniciativa de los diputados catalanes, encabezados por Cambó, tuvo lugar en Barcelona, en el mes de julio, una reunión de parlamentarios no dinásticos (catalanistas, republicanos, socialistas), que pretendían encauzar y desarrollar las reivindicaciones políticas de los militares y evitar un estallido revolucionario. Contó con la asistencia de diputados de toda España, mientras las Cortes permanecían cerradas por el gobierno de Dato. Sus propuestas eran la formación de un gobierno provisional y la convocatoria de Cortes Constituyentes. El objetivo de fondo de esta reunión era, obviamente, combatir el peso de las oligarquías políticas de los partidos dinásticos, romper el turnismo y convertir al Parlamento en el centro de gravedad de la política. Era un nuevo intento de reforma del sistema de la Restauración hecho desde dentro y, en cierto modo, «desde arriba». Sin embargo, pronto se hizo evidente que la revolución «desde abajo» podía ser una realidad. 

La Asamblea solicitó la revitalización de la vida política, el fin del turno de partidos, una reforma a fondo de la Constitución y la viabilidad de un régimen autonómico para las regiones; pero el gobierno la disolvió. 

La huelga general 

Las desigualdades sociales provocadas por la euforia económica producida por la guerra mundial reforzaron la posición del sindicalismo obrero que, a través de huelgas y otros medios de presión, aspiraba a lograr un reparto más equitativo de los beneficios del conflicto. De forma paralela -e independiente- a los movimientos militares y parlamentarios, estaba teniendo lugar un conflicto en el sector de los ferroviarios, iniciado en Valencia, que luego se amplió a toda la Compañía del Norte. 

Ante la intransigencia de la patronal, apoyada por el gobierno, el sindicato socialista UGT decidió convocar una huelga general para el 13 de agosto de 1917. La huelga tuvo éxito en las principales capitales y centros fabriles (Cataluña, Madrid, Asturias y País Vasco). Para combatir la huelga, el gobierno recurrió al ejército, que llevó a cabo una dura represión sobre los huelguistas (más de un centenar de muertos). Los miembros del comité de huelga, entre los que se encontraban los socialistas Besteiro y Largo Caballero, fueron condenados a cadena perpetua, aunque recuperaron la libertad al ser elegidos diputados en 1918 y aprobar las Cortes su amnistía. 

Balance de la crisis 

De la crisis de 1917 parecían deducirse tres hechos fundamentales: 

  • Los gobiernos de partido ya no podían continuar con la ficción del turno.
  • El reformismo regeneracionista intentado sobre todo por la Asamblea de Parlamentarios, se vio desbordado por el peligro de una revolución social. En 1917, por otro lado, había tenido lugar la Revolución Rusa, por lo que se temía especialmente un estallido revolucionario similar.
  • El ejército avanzó en su participación en la política, dado que la presión de las Juntas acabó por derribar al gobierno de Dato en el otoño de 1917.

Por tanto, del sistema de la Restauración tan solo quedaba en pie, aunque con escasa capacidad de maniobra, el rey Alfonso XIII.  

La crisis definitiva del sistema

Los seis años que separan el final de la triple crisis de 1917 y la llegada de Primo de Rivera al poder (1923) constituyen la etapa más conflictiva e inestable de todo el reinado de Alfonso XIII. El fin de la Primera Guerra Mundial cortó la coyuntura económica favorable y a fines de 1919 se inició una crisis, que se hizo evidente en 1920. La evolución de la vida política estuvo caracterizada por cuatro rasgos principales.

La inestabilidad de los gobiernos  

Entre 1917 y 1923 hubo trece crisis totales de gobierno, además de muchas otras parciales. Roto el bipartidismo, los gobiernos adolecían de una fuerte debilidad. Se ensayaron diversas fórmulas, todas ellas de escaso resultado.  

  • Desde el otoño de 1917, el rey logró formar gobiernos de concentración, como el de García Prieto, o nacionales, como el presidido por Maura en 1918 e integrado por todos los prohombres políticos de la Restauración, ante la amenaza de la abdicación del monarca. Estos gobiernos acabaron presos de rencillas personales entre sus miembros, sobre todo por la constante oposición de Alba a los proyectos de Cambó.
  • A partir de 1919 se fueron alternando gobiernos de fracción -y, debido a ello, extremadamente débiles- con gobiernos de coalición, siendo predominante la presencia de los conservadores. Los gobiernos de Romanones, Maura, Sánchez Guerra, Dato (asesinado en 1921) y García Prieto son los más destacados.

El intento de restaurar el turnismo  

La formación de los gobiernos de concentración desde 1922 apuntaba, en la fase final de la Restauración, hacia una recuperación de un nuevo turnismo, sostenido más que por partidos, por conjuntos de fracciones o grupos escindidos del tronco de los dos grandes partidos dinásticos. Esta posibilidad parecía plausible, dada la debilidad de las fuerzas antidinásticas y la parcial integración en el sistema de los catalanistas de Cambó y de los reformistas de Melquiades Álvarez. El mejor ejemplo fue el último gobierno constitucional de García Prieto en 1923.  

La cuestión catalana  

La presencia del ejército en la vida política se acentuó con el recrudecimiento de la cuestión catalana, en la que confluyeron dos problemas:  

  • La reivindicación de la autonomía política, que no llegó a prosperar y que, además, propició una oleada de anticatalanismo en gran parte de España.
  • Una gran conflictividad social en Barcelona, con movimientos huelguísticos tan importantes como el de la fábrica de electricidad La Canadiense (1919), que paralizó la ciudad y conquistó la jornada de ocho horas. Pero el movimiento huelguístico se hizo violento y político. Los enfrentamientos entre sindicalistas de la CNT y los sindicatos «libres», los cierres patronales y la aparición de fenómenos de pistolerismo, convirtieron el mantenimiento del orden público en un asunto prioritario de los gobiernos. La presencia en Barcelona del general Martínez Anido y la amplia represión que las autoridades militares ejercieron sobre los anarquistas (a través, entre otras medidas, de la Ley de Fugas) cimentaron una estrecha alianza entre la burguesía catalana y el ejército. De hecho, entre 1919 y 1922, los estados de excepción y la suspensión de las garantías constitucionales fueron la norma.

El problema de Marruecos  

A estos problemas se sumó en julio de 1921 una grave derrota militar en Marruecos. Una serie de operaciones terrestres desencadenadas desde Melilla para ocupar la zona del Rif, dominada por Abd el Krim, provocaron el desastre de Annual, con miles de soldados muertos, por el que se pidieron responsabilidades al ejército, al gobierno y a la monarquía. El tema se convirtió en centro de debate en el Parlamento y brindó la ocasión de examinar la escasa eficacia del ejército en África. Se acusó de negligencia a altos mandos militares, pero la dictadura de Primo de Rivera zanjó el proceso.  

La dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)

El capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, asumió el poder al frente de un Directorio Militar que dejó en suspenso la Constitución, las Cortes y la actividad de los partidos políticos. El gobierno de las provincias fue encomendado a generales de brigada y la Mancomunidad de Cataluña fue disuelta. El Directorio consiguió restablecer el orden público y se apuntó un gran triunfo en Marruecos cuando, tras el desembarco de Alhucemas en 1925, logró la rendición de Abd el Krim.  

En los primeros años de la dictadura, la actuación política se fundamentó en el personalismo del dictador, en el pragmatismo político y en cierto influjo del fascismo italiano. Posteriormente, Primo de Rivera intentó institucionalizar su régimen, para lo que creó un partido único, la Unión Patriótica, y se formó una Cámara parlamentaria, la Asamblea Nacional Consultiva.  

En 1925, el Directorio Militar fue sustituido por un Directorio Civil, en el que se integraron personalidades procedentes de la Unión Patriótica e independientes. El Directorio Civil desplegó una activa política económica, pero la oposición a la Dictadura iba creciendo. A los políticos monárquicos se unieron los intelectuales, los estudiantes, la burguesía catalanista e incluso ciertos sectores del ejército (Sanjuanada, en 1926; movimiento de Valencia, en 1929). El enfrentamiento de Primo de Rivera con el cuerpo de artilleros complicó aún más la situación y el dictador presentó su renuncia en enero de 1930.  

Bases políticas del régimen

La dictadura trató de fundar el nuevo régimen sobre unas bases políticas diferentes del modelo liberal.  

La Unión Patriótica  

La primera Unión Patriótica se constituyó en marzo de 1924 en Valladolid y Primo de Rivera la extendió a toda España gracias al apoyo de los gobernadores civiles. El partido nació impulsado desde el poder, condición que nunca perdió. Esta tutela administrativa y el retraimiento de las viejas elites de los partidos del turno explican su debilidad.  

Concebida como un partido único, la Unión Patriótica acabó siendo un grupo de presión sobre el gobierno, pero nunca un instrumento adecuado para la movilización política de las masas.  

La Asamblea Nacional Consultiva  

En 1927 se creó la Asamblea Nacional Consultiva, una cámara de representación política que permitiese una salida constitucional a la dictadura.  

Era una cámara totalmente corporativa formada por representantes de las instituciones locales, de la administración central o de distintas actividades profesionales, y funcionaba como asamblea consultiva. Su total dependencia del gobierno debilitó su eficacia. La principal obra de la Asamblea, que quedó paralizada por la oposición creciente a la dictadura a partir de 1928, fue un proyecto de Constitución, que no llegó a ser promulgada.  

La renovación de la elite política  

Una de las principales novedades del régimen de Primo de Rivera fue la drástica renovación de las elites dirigentes. Adquirieron especial protagonismo los militares, los miembros de la burocracia administrativa del Estado y los católicos sociales. Se incorporaron también al sistema sectores agrarios o industriales, que no habían tenido cabida en los partidos del turno.  

Oposición a la dictadura

La oposición a la política de Primo de Rivera, salvo casos aislados, tardó en manifestarse como tal. Fue a partir de 1928 cuando confluyeron las diversas oposiciones:  

  • Los viejos partidos deseaban retornar al régimen de la Constitución de 1876.
  • La política de la dictadura enfrentó a los militares africanistas y peninsulares por los criterios de promoción (méritos de guerra o promoción).
  • El nacionalismo catalán pasó al enfrentamiento, protagonizado por nuevas figuras como Francesc Macià.
  • El mundo intelectual apoyó la protesta de los estudiantes.

El principal conflicto estalló en 1929, a raíz del intento del gobierno de favorecer a centros universitarios privados, y desembocó en el cierre de las universidades de Madrid y Barcelona. La Federación Universitaria Española (FUE) organizó la protesta. En 1930, los republicanos se habían convertido en el primer referente político de la sociedad española, que comenzó a identificar cada vez más republicanismo con democracia.  

Caída de la monarquía (1930-1931)

Tras la dimisión de Primo de Rivera, el rey encargó al general Berenguer la formación de un nuevo gobierno. Berenguer consideró que la única salida a la difícil situación era la vuelta a la normalidad constitucional anterior a la dictadura (Constitución de 1876, turno de partidos) mediante unas Cortes ordinarias y «como si nada hubiese ocurrido».  

Ante esa idea, las fuerzas de signo republicano, unidas por el Pacto de San Sebastián, formularon un programa conjunto con la izquierda catalana y con el Partido Socialista.  

Poco después, el gobierno Berenguer logró controlar la sublevación militar que, al mando de Galán y de García Hernández, se produjo en Jaca, pero no sobrevivió a la oposición política.  

Un nuevo gobierno, presidido por el almirante Aznar, decidió celebrar elecciones municipales, que en 12 de abril de 1931 dieron el triunfo a las candidaturas republicanas en casi todas las capitales de provincia. Aunque el triunfo global había correspondido a los monárquicos, los republicanos consideraron que la obtención del voto urbano era un triunfo definitivo. Los propios monárquicos aceptaron este punto de vista y el 14 de abril el rey partió hacia el exilio mientras se proclamaba la República.  

Fuente: Kalipedia  

Apuntes sobre el final del franquismo

LA SITUACIÓN POLÍTICA ESPAÑOLA ENTRE 1960 Y 1975

 

Mientras crecía la oposición interior y exterior, Franco quiso dejar asegurada la perpetuación del régimen. Tan sólo se produjeron algunos cambios, introduciendo con algunas leyes tímidas reformas que no afectaban a la continuidad. Las más importante fueron:

  • La Ley de Prensa, elaborada por M. Fraga en 1966, supuso un avance relativo, en cuanto que suavizaba el control sobre revistas, libros y periódicos y eliminaba la censura previa. Sin embargo, no se concedía libertad de expresión y numerosos diarios sufrieron la censura.
  • La Ley Orgánica del Estado (diciembre de 1966): redefinió al Estado español como una democracia orgánica (igual que antes), por la que la soberanía y representación individual era sustituida por la de órganos (familia, sindicato y municipio). Pero desaparece la terminología fascista y el poder se presenta menos concentrado en manos de Franco (separación de funciones entre Presidente del Gobierno y del Jefe de Estado), a la vez que se preparaba la sucesión monárquica cuando Franco desapareciese. Además, una parte de los procuradores a Cortes podían ser elegidos por cabezas de familia y mujeres casadas.
  • La Ley de Libertad Religiosa (1967), forzada por el Concilio Vaticano II).

La Sucesión de Franco se planteó ya en esta etapa, por lo que en 1967 Franco nombra a Carrero Blanco vicepresidente del Gobierno, quien reconoció que la continuidad del régimen podía quedar asegurada con la instauración monárquica en la figura de Juan Carlos de Borbón (de acuerdo con la Ley de Sucesión de 1947).

El príncipe ya estudiaba en España desde 1948 (según el acuerdo del Palacio de las Cabezas), y contrajo matrimonio con la princesa Sofía en 1962. De ese modo en julio de 1969, ante las Cortes y en presencia de Franco, fue proclamado sucesor de Franco a su muerte y con el título de Rey; viéndose obligado a aceptar unas leyes que no le agradaban.

La oposición al Franquismo (1960-1975)

Aunque el régimen insistía en mantener su posición ideológica, la sociedad aspiraba a un cambio en todos los sentidos: libertad política, educativa, laboral, prensa, etc.

  • La actitud dela iglesia

Con el Concordato de 1953 hubo colaboración mutua entre la Iglesia y el Estado. Esa era la iglesia oficial, porque durante los años sesenta surge en los movimientos católicos juveniles la crítica a aquel espíritu colaboracionista, sobre todo ante la restricción y la represión de libertades que el gobierno aplicaba en los conflictos laborales y con los estudiantes.

La primera gran demostración opositora fue una carta firma por 300 sacerdotes vascos denunciando el totalitarismo franquista y la ausencia de libertades, similares fueron las declaraciones del abad de Monserrat criticando la falta de libertad.

Cataluña y País Vasco fueron las regiones en las que el clero no oficialista protagonizó mayores actos de protesta contra el régimen, forzando a la Conferencia Episcopal a reconocer públicamente el derecho de los españoles a asociarse sindicalmente.

A partir de 1969, incluso en el Vaticano, se observa una tendencia a favor de la libertad en España. De hecho, los contactos para renovar el Concordato quedaron rotos por la negativa de Franco a renunciar al derecho de nombrar obispos. Destacan dos figuras en este e sector de la iglesia contestataria: Añoveros (obispo de Bilbao) y Tarancón (cardenal primado).

  • La oposición obrera

A lo largo del desarrollismo los conflicto obreros fueron constantes, por las condiciones de trabajo y la ausencia del derecho de reunión y asociación. Con la UGT en el exilio, Comisiones Obreras (CCOO, fundada por Marcelino Camacho y Julián Ariza) se convierte en la gran protagonista del sindicalismo clandestino. Llevó a acabo actuaciones que planteaban tanto la negociación sindical como la reivindicación activa en los conflictos obreros. Pero fue declarada ilegal por el Tribunal Supremo y sus dirigentes condenados en el famoso proceso 1.001, por supuesta vinculación con el PCE, también clandestino. A partir de los años sesenta UGT y CCOO se convirtieron en los sindicatos mayoritarios.

  • La oposición estudiantil universitaria

La Universidad planteó una clara oposición al régimen, sobre todo desde 1956; y en los años siguientes se mantuvo y creció.

Frente a la postura del SEU, de tendencia falangista, estudiantes y profesores muestran su inconformismo con el sistema educativo; y las conferencias y otros actos fueron el medio de canalizar esas protestas. Por ello, numerosos estudiantes fueron detenidos, muchos profesores sancionados, expedientados o separados de sus cátedras por declaraciones a favor de la democratización (Tierno Galván, García Calvo, López Aranguren, etc).

En 1969 un estudiante muere al caer desde el tercer piso de una comisaría, y las manifestaciones de estudiantes se sucedieron en señal de protesta adhiriéndose a ellas profesores y abogados en contra delos malos tratos policiales. Manuel Fraga impuso el estado de excepción y la represión se extendió.

  • La oposición política

En 1960 no existían en España partidos políticos como los entendemos hoy en día, pero el activismo en la clandestinidad era muy vivo. Así, mientras en el exterior se enzarzaban en disputas, en el interior algunas formaciones con talante progresista continuaron con sus actividades desgastando al régimen.

La oposición democristiana propugnaba el pluralismo político y la apertura democrática como único medio para acabar con el descontento popular. Entre ellos cabe destacar a J. Mª. Gil Robles y J. Ruiz-Giménez.

La oposición socialista fue particularmente activa en Asturias, País Vasco, Madrid y Sevilla. A la muerte de sus dirigentes históricos, nuevas figuras del PSOE cobraron protagonismo a partir del XI Congreso celebrado en Toulouse (F. González, G. Peces Barba, E. Mújica, etc).

Los comunistas del PCE tuvieron vinculación muy directa con la lucha obrera a través de CCOO. Por eso ejercería una labor de oposición desde el ámbito sindical. Además de vivir la muerte y detención de numerosos dirigentes, sufrió divisiones internas derivadas de las diferentes posturas. Sus líderes más significados fueron: J. Semprún, D. Ibarruri y S. Carrillo.

Una formación de gran fuerza desde el año sesenta fue el FLP (Frente de Liberación Popular, o felipe), cuyos miembros se autoproclamaban de izquierda (Nicolás Sartorius). Sufrió una dura represión y con el tiempo sus miembros o se integraron en el PCE o abandonaron.

Los nacionalismos también fueron una importante fuerza opositora. En Cataluña cabe destacar la campaña contra el director de La Vanguardia (franquista acérrimo), liderada entre otros por Jordi Pujol, que por entonces fue detenido y condenado. Mientras en el País Vasco el PNV aglutinaba las aspiraciones nacionalistas vascas; aunque una escisión de éste en 1959 dio lugar a la aparición de ETA, que defendía la oposición armada contra el régimen.

En 1962, con ocasión del IV Congreso del Movimiento europeísta celebrado en Munich, en el que participaron destacadas figuras de la política y la intelectualidad española (procedentes tanto de España como del exilio), se manifiestan contra la dictadura y a favor de la democracia. Aquel hecho se conoce por el nombre franquista de “El Contubernio de Munich”, y la respuesta del gobierno hacia los participantes fue darles a elegir entre el destierro o el exilio.

Ante esa oposición casi generalizada, el Gobierno respondía con la represión. Y a partir de los años sesenta la suspensión de los supuestos derechos civiles reflejados en el Fuero de los Españoles era un hecho bastante frecuente. Para ello, el Gobierno decretaba el estado de excepción y podía reprimir sin obstáculos cualquier manifestación antifranquista.

La legislación consideraba como contrario al orden público los paros colectivos, cierres ilegales, manifestaciones y reuniones públicas ilegales, o cualquier actos de subversión y violencia, divulgación de noticias “falsas”, etc. Un tribunal de orden público creado en 1963, el famoso TOP, era el órgano encargado de la detención y juicio contra los encausados por delitos políticos. Estaba dirigido por un militar, y fue el responsable de las torturas y condenas dictadas sin el amparo de una defensa justa.

El Proceso de Burgos en 1970 fue famoso porque condenó a nueve etarras a pena de muerte y a siete más a cadena perpetua, en medio de una campaña de presión internacional.

FIN DEL RÉGIMEN

  • El asesinato de Carrero Blanco

El hecho más trascendente de ETA fue el asesinato de Carrero Blanco el 20 de diciembre de 1973, en la llamada operación ogro. Para muchos, esa operación contra el mismísimo presidente del gobierno marcaría el fin del franquismo.

Entre 1973 y 1975, el temor inicial a un endurecimiento represivo tras ese asesinato dio paso a una fase con expectativas de cambio; Carlos Arias Navarro, el nuevo presidente, había planteado la posibilidad de una evolución dentro del régimen. Pero cualquier intención aperturista era contestada desde los sectores más conservadores del Ejército, Guardia Civil, la policía, falange y otros miembros interesados en que todo siguiera igual. A ese sector se le dio el nombre de “búnker”, al frente del cual se encontraba un viejo falangista, J. A. Girón de Velasco.

En el ejército, igual que había oficiales partidarios de mantener el orden, había otros partidarios de una democratización (en torno a la UMD: Unión Militar Democrática): como el general Díez Alegría, que en el verano de 1975 abortó una trama ultraderechista. El fin de la dictadura en Portugal, guiada por militares (Revolución de los Claveles), alentaba las esperanza de quienes pensaban que se podía conseguir una ruptura democrática.

  • La oposición entre 1973 y 1975

S. Carrillo líder del PCE, creía posible lograr una transición pacífica hacia la democracia; aunque ello supusiera ir hacia una democracia capitalista y burguesa, pero había que hacer ver a los trabajadores que era preferible una situación así, antes que retroceder a posturas fascistas; de ahí que se comprometiera con la libertad. En el PSOE, tras el Congreso de Suresnes de 1974, se optaba por un proyecto socialdemócrata.

En esas circunstancias de consenso por parte de las fuerzas democráticas, el dictador enfermó en julio de 1974. Entonces, Carrillo crea en París la Junta Democrática, que agrupaba a la oposición democrática de izquierda: PCE, PTE (Partido de los Trabajadores de España) y PSP (Partido Socialista Popular, de Tierno Galván); a la vez que exigía al Gobierno amnistía, libertades y derechos fundamentales. Un año después, de los contactos entre PSOE y los grupos democristianos de Ruiz Giménez nace la Plataforma de Convergencia Democrática.

  • Crisis Final y muerte de Franco

Mientras ETA y el FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico) continúan la oposición violenta, numerosas manifestaciones exigían el cambio democrático. Pero la dura represión de Arias Navarro demostraban la nula voluntad de éste a ceder (por cierto, el príncipe Juan Carlos no congeniaba con Arias Navarro…).

Además, los miembros del búnker presionan y critican a algunos miembros del ejecutivo considerados blandos (uno de ellos, Pío Cabanillas, ministro de Información y Turismo, es cesado). A comienzo de 1975, otra crisis origina nuevos cambios ministeriales, entre los que destaca la entrada de Adolfo Suárez.

A finales de septiembre, dos miembros de ETA y tres del FRAP son fusilados tras aplicar la nueva ley antiterrorista. El 1 de octubre el dictador aparece en público por última vez en la Plaza de Oriente. donde acusa a los comunistas de provocar las reacciones que se sucedían en el extranjero por la muerte de los activistas citados.

La oposición veía más necesario que nunca acabar con el régimen y lograr la ruptura democrática, por lo que se unen las mencionadas Plataforma de Convergencia Democrática y la Junta Democrática (lo que se llamó “plata-junta”) que supuso la puesta en práctica de acciones para exigir el respeto a los derechos humanos y la libertad política y sindical.

En ese contexto, a finales de octubre Marruecos envía a miles de personas al Sahara español (la famosa “Marcha Verde”), reivindicando ese territorio. Teóricamente, España debía haber efectuado un referéndum entre los saharahuis, para que decidieran si querían ser independientes o marroquíes; pero al final se decidió el reparto entre Marruecos y Mauritania, sin tener en cuanta la opinión de los saharahuis.

El 20 de Noviembre de 1975 fallece Franco, y con él termina el régimen personalista basado en el autoritarismo, el catolicismo, el patriotismo y el rechazo a cualquier democratización. A partir de entonces se inicia una etapa conocida como la Transición Política.

Apuntes sobre la consolidación del Régimen Franquista

A mediados de los años cincuenta, por un lado, la política autárquica (hablamos de economía) había llevado a una difícil situación económica y por otra la política de los católicos presentaba síntomas de agotamiento, al mismo tiempo que aparecían diversos grupos dentro de la Iglesia católica.

El detonante político de los grandes cambios que se avecinaban fueron los sucesos de febrero de 1956 donde hubo enfrentamientos callejeros entre estudiantes liberales y falangistas. Se culpó de la situación al ministro de educación Ruiz Giménez por su política aperturista, pero Franco al hacer remodelación del gobierno no solo dejo fuera a este, sino también al falangista Fernández Cuesta.

A finales de la década de los cincuenta la Iglesia no era la institución monolítica que apoya sin fisuras el régimen. Existía por un lado, un grupo de intelectuales católicos liderados por Ruiz Giménez que reivindicaban apertura y libertad de pensamiento, otro grupo iniciaron una línea obrerista  y nacionalista que iba a formar parte de la oposición al régimen.

Desde 1956, la Iglesia no se mostró capaz de inspirar una única política. Los tecnócratas del Opus Dei, que ascendieron de la mano de Carrero Blanco, eran sólo una opción dentro de la Iglesia, facción que iba a tener el protagonismo político y económico hasta el final del franquismo. Las tres figuras claves fueron López Rodó, Alberto Ullastres y Navarro Rubio.  Ellos van a ser los protagonistas de la tercera etapa del franquismo.

Desde finales de los años cincuenta España sufre dos cambios fundamentales: el desarrollo económico y la transformación social. El tercero, el político, no se produjo pese a ciertas transformaciones sufridas. Si en la etapa azul la idea fundamental era la instauración de un régimen de corte fascista y en la segunda etapa, el nacional-catolicismo, todo giró en torno al intento de reconocimiento internacional, esta tercera etapa va a estar marcada por los intentos de preparar el régimen para el futuro. Así, temas como un cierto pluralismo político y la sucesión de Franco se van a convertir en el eje del periodo, además de las posturas diferenciadas dentro de las familias del régimen. Pese al dominio de los tecnócratas, apareció una corriente proveniente del movimiento, la antigua falange, que era partidario de un mayor aperturismo. Esta lucha entre tecnócratas y aperturistas va a ser otra de las claves del periodo.

Los tecnócratas pusieron en marcha una amplia reforma de la administración pública. Se trataba de adaptar la administración a las nuevas circunstancias de desarrollo económico. Fue una reforma técnica que pretendía garantizar mínimamente los derechos de los administrados y conseguir un mayor grado de eficacia y racionalidad.

Mediante referéndum se aprobó la séptima y última de las leyes fundamentales del Estado: la Ley Orgánica del Estado, que abordaba el tema central del periodo: el intento de asegurar el futuro del régimen (vista con anterioridad).

Una de las cuestiones más importantes del periodo fue la Ley de sucesión de Franco, ya que afrontaba las dos grandes cuestiones del periodo: la preparación del futuro y las distintas posiciones políticas existentes. Entre los distintos pretendientes que optaban al cargo, Franco optó por el candidato de Carrero Blanco y los tecnócratas: Don Juan Carlos de Borbón. La elección fue muy madurada y lenta e implicaba saltarse la línea dinástica (su padre, don Juan de Borbón, conde de Barcelona) con el objetivo de garantizar el funcionamiento de las instituciones después de la muerte del dictador, naciendo el sucesor de las mismas entrañas de la dictadura.

Aunque el dominio político de esta etapa corresponde a los tecnócratas surgen otros grupos que se enfrentan a ellos, dentro del contexto de los cambios económicos y sociales que se estaban produciendo y sobre todo ante la perspectiva de un régimen sin Franco. Dentro de estos grupos destacan los inmovilistas o bunker (sector duro del movimiento que pretendía volver a un régimen totalitario) y los aperturistas, provenientes del movimiento y liderados por Fraga y Solís.

Ambos llegan a ser ministros e intentan a través de sus leyes y disposiciones hacerse con un lugar político en el régimen para preparar la sucesión e imponer sus ideas. Solís intentó imponer su idea de que el desarrollo económico y social demandaban cambios políticos importantes. Así, intenta sacar hacia adelante una ley de asociaciones políticas que permitiera un pluralismo limitado y la denominada «democracia sindical» que consistía en la integración en los sindicatos oficiales del nuevo movimiento obrero. Ambas disposiciones aunque tuvieron ciertos resultados, estos fueron muy limitados debido a la oposición de los tecnócratas que eran más partidarios de la burocratización y no de los cambios políticos.

Algo parecido ocurrió con la ley de Prensa de 1966 promovida por el ministro de Información y Comunicación Manuel Fraga. La nueva ley abolió la censura previa y concedió una cierta libertad de prensa con la que la oposición incrementó su capacidad de expresarse. Pero también tenía bastantes limitaciones como la contemplación de delito cuando se «atentase» contra el Jefe del Estado, los principios del Movimiento, las Leyes Fundamentales, la seguridad nacional y el orden público. Además se controlaban las noticias extranjeras a través de la agencia EFE, se podía cerrar medios de comunicación y se controlaban la mayoría de los medios informativos. En definitiva, la prensa que se había configurado con la ley de Fraga no era una prensa libre, pero tampoco la de los primeros tiempos de la dictadura.

En 1969 estalla el escándalo Matesa, un tema de corrupción financiera e industrial en que estaban implicadas personas pertenecientes a los tecnócratas y al Opus. El enfrentamiento entre los aperturistas y los tecnócratas estalló definitivamente. Fraga y Solís maniobraron para que el asunto se conociera a través de la prensa, desprestigiando a sus adversarios políticos. Franco no tenía ya la suficiente capacidad de maniobrar entre las distintas familias políticas, pero si formó un nuevo gobierno, pero en este caso Monocolor, con personas adictas a Carrero Blanco. La división entre las familias franquistas era ya un hecho consumado.

  • LA POLÍTICA EXTERIOR

Desde 1957 la política exterior franquista se fijó como objetivos el acercamiento a la Europa comunitaria, el mantenimiento de una estrecha relación con los EEUU y la recuperación de Gibraltar. España alcanzó durante este tiempo la mayor aceptación internacional dentro del régimen, pero al final, con Arias Navarro, volvieron las campañas internacionales en contra de la dictadura.

Desde que en 1959 se creó la CEE, los tecnócratas, imponiéndose a los militares y los falangista que no estaban de acuerdo, eran partidarios de la entrada de España en ella. No obstante, la entrada no se conseguiría hasta 1986.

Las relaciones con EEUU estuvieron marcadas por los pactos bilaterales. España basó su política exterior en estos acuerdos y aunque pedía más colaboración americana a cambio de las bases, no lo consiguió.

La presión para la recuperación del Peñón se convirtió en una constante y símbolo de la política exterior española. A la presión diplomática se le unieron otras medidas como el aislamiento del Peñón, pero sin resultado positivo. España aceptó la independencia de Guinea Ecuatorial y cedió el Ifni a Marruecos, pero pretendió conservar el Sáhara. Pero en 1975, tras la famosa “marcha verde” firmó un acuerdo en el que lo repartía entre Marruecos y Mauritania, esta decisión es la base de la problemática actual de la población saharaui.

  • Evolución social del franquismo

Los años 40 en España fueron de prolongada penuria (hambre, escasez,  etc.). El empleo disminuyó rápidamente y la inflación fue altísima. La política social de régimen adoptó gran parte de la legislación precedente, incluso de la republicana. Una innovación importante fue la creación en 1939 del INV (Instituto Nacional de la Vivienda), que debía encargarse de financiar la construcción de nuevas viviendas de protección oficial para la gente, sobre todo, con escasos ingresos.

El Ministerio de Trabajo fue el que desarrolló durante esos años las prestaciones de bienestar social. El sistema de Seguridad Social fue iniciado, modestamente al principio, por dicho Ministerio en el año 40. Fueron poco a poco incluyéndose a todos los trabajadores (1972).

En los años 40, a pesar de la escasez y el hambre, se logró mejorar las condiciones de la salud pública. A partir de los 50 y, sobre todo, en los años 60 y 70, la situación de la población experimentó una mejora sin precedentes. Las ciudades, gracias a la industrialización, crecieron rápidamente absorbiendo la población de pequeños pueblos y zonas agrícolas. Hacia 1975, aproximadamente el 40% de la mano de obra trabajaba en el sector terciario; el 38% en la industria y sólo el 22% vivía del sector primario. La psicología social evolucionó adaptándose a la cultura consumista.

El gran desarrollo experimentado elevó el nivel de vida y la renta nacional global y comenzó a redistribuirse conforme la población iba adquiriendo un nivel de educación más elevado. Aumentaba el consumo y se reducían las horas semanales de la jornada laboral.

En cuanto al sistema educativo, también fue reformado. Las instalaciones educativas se mejoraron y se abrieron nuevos centros. En 1974, España tenía por primera vez escuelas primarias para casi toda la población infantil. La calidad de la enseñanza era sin embargo bastante irregular y deficiente en algunas áreas (incomparable con la situación durante la República). En cuanto a las universidades, a mediados de los 70 se duplicó su número, alcanzándose las 22. Durante la década de los 60 había aumentado rápidamente el número de universitarios. En los primeros cinco años de la década siguiente (1970-75) se disparó su número espectacularmente, alcanzando un incremento del 500%. Esto ponía de manifiesto el aburguesamiento de la población española. Experimentó, del mismo modo, un auge enorme la industria editorial. La suavización de la censura a partir de 1966 contribuyó a este aumento.

La censura que el régimen impuso fue muy estricta en sus dos vertientes: política y moral. La censura política debemos decir que era tan intensa que la oposición (parte en el exilio) se desarrollaba únicamente en la clandestinidad. Toda la prensa estaba controlada, así como las distintas editoriales. No se podía publicar nada que atentara contra los principios morales o contra el Movimiento. Estaba controlada la producción cinematográfica, la prensa, la música, etc. La censura, sin embargo, a medida que se iba registrando una apertura del régimen, se fue suavizando.

La estructura social experimentó cambios decisivos debido a los cambios y mejoras que tuvieron lugar en el empleo, a la mejora del consumo y del nivel de vida y de la educación. Es muy significativo el aumento y ensanchamiento que tuvo lugar entre las denominadas clases medias. El desarrollo estuvo acompañado de profundos cambios sociales y culturales. El aumento del empleo, el incremento de los ingresos y del nivel cultural, etc., provocaron un consumismo masivo. El turismo de masas, unido a la salida al extranjero de los españoles (trabajo o turismo) y al retorno a España de miles de trabajadores, comportaron, en los últimos años del régimen, el conocimiento de gran parte de la sociedad española de estilos y formas de vida distintas a nuestra tradicional cultura. Si a esto unimos la publicidad masiva y el bombardeo de los medios de comunicación, no es difícil comprender que la transformación del entorno cultural fuera tan acusada.

  • EL DESARROLLISMO ECONÓMICO

Tras una breve recesión, el plan de estabilización posibilitó la etapa de mayor crecimiento en la historia de España en un corto periodo de tiempo. Este éxito fue inseparable de dos factores. En primer lugar, y sobre todo, de la fase expansiva dominante entonces en la Europa más desarrollada. En segundo lugar, de la base industrial interna consolidada a lo largo del siglo.

La acción correctora en la política económica seguida en la autarquía fue el llamado Plan de Estabilización, simbolizando el fin de la autarquía y el excesivo intervencionismo y el inicio de la etapa final de industrialización en España.

En 1959 se aprueba el Plan de Estabilización, considerada la operación económica más importante del franquismo. Se trataba de hacer funcionar nuestra economía dentro de los mecanismos del mercado (liberalismo), limitando la intervención del gobierno en economía y dejando entrar el capital extranjero.

A partir de 1962 se creó la Comisaría del Plan de Desarrollo, para planificar el crecimiento económico. La finalidad de esta planificación, a imitación de lo que se estaba haciendo en Francia, era conseguir el apoyo exterior, incrementar el crecimiento económico y paliar los desequilibrios territoriales.

Las medidas establecidas por el Plan de Estabilización ponen de manifiesto que, tras un breve periodo de recesión, permitieron, en una coyuntura internacional muy favorable, un crecimiento intenso y prolongado de la economía española. Como dice Rostow «España consiguió todo a la vez» en referencia a la industrialización completa, a la modernización de la economía, a la aparición de la sociedad consumista y al acercamiento en el desfase con respecto a Europa. Todo eso se produjo a la  vez y, la gran característica, en un corto periodo de tiempo – una década aproximadamente- España se situó entre las diez potencias industriales del mundo y conoció tasas de crecimiento superiores al resto de los países, situándose dentro de los cinco países del mundo con mejores resultados económicos durante la década. A este gran crecimiento se le denominó «El milagro español».

Tres fueron los motores del gran crecimiento económico: las inversiones extranjeras, el turismo y la emigración exterior. Las divisas aportadas por estos sectores financiaron las importaciones necesarias y aseguraron el equilibrio de la balanza de pagos. El peso del exterior fue básico. Además de estos tres sectores tenemos que tener en cuenta que del extranjero llegaron las importaciones que trajeron la tecnología y la maquinaria.

En lo que se refiere a las inversiones extranjeras el plan de estabilización fue el que las permitió. La procedencia del capital fue americano, francés, suizo, alemán y británico.  El capital extranjero acudió a España al hilo de los bajos salarios, un mercado en expansión, de la escasa conflictividad y de la permisividad del gobierno en lo que se refería a contaminación. Las inversiones industriales  contrarrestaron el déficit de la balanza de pagos.

En los años sesenta el turismo se convirtió en la primera industria nacional. El papel del turismo resulta fundamental para la balanza de pagos española porque lograba equilibrar una balanza de pagos netamente deficitaria. Además de los efectos económicos del turismo hay que tener en cuenta los sociales y los medioambientales, menos positivos.

Otro motor de la economía española fue la emigración de  mano de obra a Europa. El origen fue la España interior y agraria y el destino Alemania, Francia, Suiza, etc. La importancia económica de la emigración fue tremenda: las divisas enviadas por los emigrantes contribuyeron a financiar las importaciones, actuó de válvula de escape ante la presión demográfica y el paro y provocó la modernización de la agricultura. En el otro lado hay que situar las penalidades de los inmigrantes en su proceso de adaptación.

 

Apuntes sobre la creación del Estado Franquista

  • Fundamentos ideológicos, sociales y políticos

El nuevo régimen instaurado en 1939 tuvo desde un principio unos fundamentos ideológicos muy claros:

  • Concentración del poder político en Franco. La «adhesión inquebrantable» al Caudillo fue el elemento clave de todo el edificio político del franquismo.
  • Anticomunismo. Este factor fue clave desde el inicio de la guerra civil.  La guerra fría entre EEUU y la URSS dese 1945 hizo que el régimen franquista reforzara aún más este aspecto para ser aceptado en el mundo occidental.
  • Antiparlamentarismo y antiliberalismo. El franquismo siempre se mostró contrario a las libertades políticas.
  • Nacionalcatolicismo.  La Iglesia fue la gran legitimadora de la dictadura franquista. A cambio dominó la vida social y la educación. Una estricta moral católica en lo público y en lo privado se impuso en el país.
  • Defensa de la «unidad de la Patria». Negativa a cualquier autonomía política de las regiones y fomento del castellano como única lengua española. La prohibición de las otras lenguas peninsulares fue estricta en los primeros momentos para, posteriormente, evolucionar hacia una cierta tolerancia.
  • Tradicionalismo. La idea de España que defendió la dictadura se basó en raíces históricas a menudo adulteradas (La Reconquista, el Imperio, Defensa del Catolicismo)
  • Militarismo.  Preponderancia social del estamento militar (desfiles, uniformes, himnos, bandera…)
  • Rasgos fascistas: símbolos y uniformes, exaltación del Caudillo, violencia como medio político. Los aspectos externos más comprometedores (saludo fascista) fueron atenuados tras la derrota de Hitler y Mussolini en 1945.

  • Las bases sociales de la Dictadura

Franco asentó su nuevo régimen en:

  • La oligarquía terrateniente y financiera que recuperó su hegemonía social  y fue la gran beneficiaria de la política económica intervencionista del régimen
  • Clases medias rurales del Norte y Castilla que estaban bajo una fuerte influencia de la religión católica.

La mayor parte de las clases medias urbanas y de las clases trabajadoras apenas respaldaron a la dictadura. En los primeros años de la dictadura, la represión sistemática, la miseria y la desmoralización tras la derrota impidieron que esa falta de apoyo se concretara en oposición al régimen.

La situación cambió en los años sesenta. El desarrollo económico hizo que el régimen contara con mayor consenso social entre las clases medias y trabajadoras, aunque al mismo tiempo la tímida liberalización del país propició el desarrollo de la oposición.

  • Las bases políticas del régimen

La dictadura basó sus sistema político en la estricta prohibición de los partidos políticos, unida a una brutal represión contra los que habían apoyado a la República. En 1937 se había establecido el partido único, la  FET de las JONS, que vino a denominarse el Movimiento Nacional.

Sin embargo, dentro del régimen, bajo una completa subordinación al Caudillo, hubo diferentes familias políticas, es decir, grupos con diversa sensibilidad política que trataron de influir en las decisiones tomadas por Franco:

–         Falangistas

La Falange no tenía nada que ver con el pequeño grupo fascista creado por Jose Antonio. Ahora los falangistas se hallaban integrados en el partido único bajo el liderazgo absoluto de Franco.

Su principal función fue el control de la vida social y económica del país a través de diversas instituciones del régimen: el Frente de Juventudes, la Sección Femenina, y la Organización Sindical.

La Falange jugó un rol importante en los primeros momentos de la dictadura. Tras la derrota de las potencias fascistas del Eje en 1945 pasó a tener un papel más secundario.

–         Militares

Los militares tuvieron prestigio y poder político, pero estuvieron completamente subordinados a Franco. Alguno de los más importantes colaboradores del dictador, como Carrero Blanco, fueron militares.

–         Católicos

Muchos cuadros y dirigentes de la dictadura procedieron de instituciones religiosas como el Opus Dei.

Tras el Concilio Vaticano II  distanciamiento entre la dictadura y parte de la Iglesia

–         Monárquicos

Tras el final de la guerra, los carlistas jugaron un papel secundario, desapareciendo como fuerza política relevante.

Pese a que Franco se negó a ceder la jefatura del estado a Don Juan de Borbón, hijo de Alfonso XIII y padre de Juan Carlos I, muchos monárquicos colaboraron con la dictadura, especialmente en los primeros años del régimen.

En la práctica, todas estas familias tuvieron un papel secundario  Franco siempre impidió que alguien acaparara demasiado poder y buscó un equilibrio que garantizara su poder omnímodo.

  • Evolución política y coyuntura internacional 1939-1959

–         La institucionalización del régimen: las leyes orgánicas
El dictador, que concentraba todo el poder, asumió la función constituyente. Poco a poco el régimen fue aprobando diversas Leyes Orgánicas, que configuraron lo que se vino a en llamar las Leyes Fundamentales del Movimiento:

–         Fuero del Trabajo, 1938

Prohibición de los sindicatos libres. Siguiendo el modelo fascista, la  Organización Sindical se configuró como el sindicato único controlado por la Falange.

–         Ley Constitutiva de las Cortes, 1942

Cortes elegidas por sufragio indirecto basado en diversas corporaciones:  la familia, el municipio, y el sindicato. En la práctica, eran unas elecciones totalmente amañadas y los representantes elegidos eran los que deseaba el régimen.

–         Fuero de los Españoles, 1945

Teórica declaración de derechos y deberes impregnada de la mentalidad tradicionalista y católica. No supuso ningún reconocimiento real de derechos políticos o sociales.

–         Ley de Referéndum Nacional, 1945

Esta ley permitía al Jefe del Estado convocar plebiscitos para que el pueblo, en un marco de ausencia de libertades, refrendara una ley.

–         Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, 1946

España fue declarada «reino» y Franco se reservó el poder de proponer su futuro sucesor. Esta ley constituyó una gran decepción para los monárquicos que soñaban con que Franco propiciara la vuelta al trono de los Borbones.

–         Hambre y represión de la posguerra

Los años cuarenta y hasta bien entrados los cincuenta fueron los «Años del hambre»:

  • Racionamiento de los alimentos.
  • Extensión del mercado negro de todo tipo de productos. El «Estraperlo» se convirtió para muchos en el único medio para adquirir bienes necesarios y para unos pocos en la  forma de enriquecerse rápidamente.
  • Corrupción generalizada. La vida social se basó en la  «recomendación», en tener contactos con los burócratas del régimen que facilitaran la dura vida de la época.

–         Represión

La Ley de Responsabilidades Políticas de 1939 fue la herramienta jurídica utilizada para la dura represión que llegó al final de la guerra. El número de prisioneros políticos fue tan grande que se tuvieron que habilitar campos de concentración a lo largo de todo el país. Las ejecuciones se contaron por decenas de miles.

La represión de la posguerra propició un clima de terror generalizado entre gran parte de la población. Especialmente en las ciudades, las zonas industriales y el sur del país. Este terror explica la debilidad de la oposición durante años.

  • Evolución económica y social 1939-1959

–         La autarquía de posguerra
En 1939, España era un país arruinado. Diezmada demográficamente, el hambre y la extrema necesidad eran la realidad cotidiana de una gran parte de la población.

La solución que dio el régimen franquista a la penuria económica estuvo marcada por el modelo creado en la Italia mussoliniana y consolidado en la Alemania de Hitler: la autarquía, una política económica basada en la búsqueda de la autosuficiencia económica y la intervención del estado.

El intervencionismo del Estado se extendió por gran parte de la economía nacional. El Estado fijó los precios agrícolas y obligó a los campesinos a entregar los excedentes de sus cosechas. Se creó el Instituto Nacional de Industria (INI) en 1941 para mejor controlar la exangüe industria española y se estableció un rígido control del comercio exterior.

–         Un gran fracaso económico

Los años de la posguerra marcaron una tremenda regresión en el terreno económico. El hundimiento de la producción agrícola e industrial fue acompañado de una vuelta atrás histórica: el sector primario volvió a superar el 50 por ciento de la renta nacional.

En un contexto de escasez e intervención estatal, el mercado negro, el estraperlo, y la  corrupción generalizada (licencias importación y exportación, suministros al Estado…) se apoderaron de la economía del país.

Esta situación se vio fuertemente agravada por la coyuntura internacional. A la segunda guerra mundial, 1939-1945, le sucedió un período de aislamiento por la condena internacional del régimen de Franco como aliado del Eje.

–         Los años 50: el fin de la autarquía

El evidente fracaso del modelo autárquico llevó a que desde los inicios de los años cincuenta se produjera un giro en la política económica.

Se aplicó una liberalización parcial de precios y del comercio y la circulación de mercancías  En 1952 se puso fin al racionamiento de alimentos.

Estas medidas trajeron una cierta expansión económica. Finalmente, en 1954 se superó la renta por habitante de 1935. Se ponía fin a veinte años perdidos en el desarrollo económico español.

La guerra fría y el consiguiente cambio en la política internacional norteamericana propiciaron que desde 1951 comenzara a llegar ayuda económica norteamericana. Aunque inferior a la recibida por los países beneficiarios del Plan Marshall,  esta ayuda permitió importaciones de bienes de equipo imprescindibles para el desarrollo industrial.

El incipiente desarrollo trajo, sin embargo, una fuerte inflación que propició un fuerte malestar social. La necesidad de reformas estructurales en la economía era evidente. Finalmente, Franco, tras veinte años de políticas económicas nocivas, permitió la entrada en el gobierno en 1957 de un grupo de tecnócratas del Opus Dei. Estos nuevos ministros diseñaron el giro definitivo en la política económica: el Plan de Estabilización de 1959.

  • La Política Exterior

–         La alianza con las potencias fascistas durante la Segunda Guerra Mundial

El 7 de abril, recién acabada la guerra, Franco hizo pública su adhesión al Pacto Antikomintern, el acuerdo anticomunista que asociaba a la Alemania nazi, la Italia fascista y Japón.

En octubre de 1940, tras la invasión nazi de Francia, tuvo lugar la entrevista entre Franco y Hitler que a punto estuvo de meter a nuestro país en el conflicto mundial. Finalmente no fue así. Hitler no aceptó las ambiciosas pretensiones de Franco sobre el Marruecos francés y la incorporación a la guerra de un país exhausto no era de gran interés para el Eje. Sin embargo, para mostrar su apoyo a las potencias fascistas, España envío a la División Azul a luchar junto a las tropas nazis en el frente ruso.

Las derrotas del Eje hicieron que, a partir de 1942, Franco comenzara un cauteloso giro en su política internacional buscando la conciliación con los países aliados. La destitución de su cuñado Serrano Súñer, excesivamente germanófilo para los nuevos tiempos muestra este cambio de actitud.

–         El aislamiento internacional y los cambios dentro del régimen

En 1946 la Asamblea General de las Naciones Unidas votó contra el ingreso de España. La dictadura de Franco era considerada aliada de las potencias fascistas recién derrotadas.

A esta condena internacional siguieron años de aislamiento económico y político, aunque  EEUU trataba de no romper completamente con un régimen que podía ser su aliado en la recién iniciada guerra fría. Pese a ello, España no recibió ninguna ayuda del Plan Marshall, ni fue admitida en la OTAN.

Mientras la dictadura trató de lavar su imagen internacional, reduciendo el protagonismo de los falangistas y de todos los símbolos (saludo fascista…) que recordaran a las potencias del Eje. Paralelamente, los católicos obtenían mayor presencia en la dictadura. El apoyo de la Santa Sede era esencial para salir del aislamiento internacional.

–         El fin del aislamiento: el acuerdo con los EE.UU.

Se puede afirmar que el inicio de la guerra fría salvó al régimen de Franco. La hostilidad hacia la URSS provocó un giro en la posición internacional norteamericana. En el interior eran los tiempos de la histeria anticomunista propiciada por el senador  McCarthy.

En 1950, la ONU, a instancias de EEUU, recomendó el fin del aislamiento diplomático de España. En 1953 se firmaron los Acuerdos bilaterales con los Estados Unidos, que permitieron la instalación de bases militares norteamericanas en España en Torrejón de Ardoz, Zaragoza, Morón y Rota. A cambio España recibió una ayuda económica norteamericana no comparable a la que recibieron otros países europeos con el Plan Marshall. También en 1953 se firmó el Concordato entre España y la Santa Sede.

Apuntes Guerra Civil

“          LA GUERRA CIVIL (1936-1939)

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I. INTRODUCIÓN

El pronunciamiento militar estaba previsto como un alzamiento de las distintas guarniciones militares, en el que los sublevados deberían apoderarse de los resortes de gobierno con ayuda de los grupos civiles comprometidos. El día 18 de julio fue fijado para el alzamiento en la Península, mientras que en las posesiones españolas en Africa la sublevación militar se había producido la tarde del viernes 17 de julio. El alzamiento fracasó en las grandes ciudades, triunfó en algunas capitales del interior, y en otras se desencadenó una lucha con resultados diversos.

El triunfo o el fracaso del alzamiento no estuvo sólo relacionado con la pericia militar de los sublevados sino sobre todo con la condiciones sociales y políticas particulares de cada región del país. El alzamiento tuvo éxito prácticamente en toda la España interior, Galicia y la Andalucía del Guadalquivir, es decir, en las zonas agrarias con predominio de la gran propiedad trabajada por jornaleros o en las de pequeños propietarios agrarios, la España con una economía más retrasada y conservadora. El alzamiento fracasó en la España más desarrollada e industrializada del este o del norte, con mayor número de obreros industriales y una agricultura más evolucionada.

En Madrid y Barcelona, las dos mayores capitales del país, se produjo durante dos días una pugna entre sublevados y tropas leales auxiliadas por milicias políticas, entre las que destacaron las anarcosindicalistas en Barcelona. El alzamiento fue derrotado en ambos sitios y duramente reprimido. Por el contrario, los sublevados triunfaron en dos grandes ciudades como Sevilla, con alguna dificultad, y, más fácilmente, en Zaragoza… En Valencia la situación estuvo indecisa durante varios días.

  • La consolidación de los dos bandos

Los sublevados eran, sobre todo, un conglomerado de militares conservadores, de propietarios agrarios grandes, medianos y pequeños, afiliados a los partidos de la derecha, de grupos católicos con el apoyo total de la Iglesia, de «tradicionalistas» y de todos aquéllos que veían con malos ojos que elementos populares y pequeño-burgueses accediesen al poder. Estaban apoyados e inspirados por el fascismo y acabaron imitando las formas de éste.

No había unanimidad entre los conspiradores acerca de lo que se pretendía hacer una vez que el golpe hubiera triunfado. El general Mola, el «Director» de la conspiración, era el que tenía ideas más claras: establecer una dictadura militar, que eliminaría el riesgo de revolución que había traído consigo el Frente Popular, para volver, tras un tiempo, de nuevo a la República o a la Monarquía. Un grupo importante, los monárquicos y la CEDA, deseaban fundamentalmente la vuelta a la Monarquía alfonsina; los falangistas, un régimen a la italiana, y los carlistas, la instauración de la «Monarquía Tradicional».

Los leales a la República estaban constituidos por las clases más populares: obreros y empleados urbanos, campesinado sin tierras y pequeña burguesía. Mayoritariamente estaban afiliados o influidos por las organizaciones socialistas, comunistas y, lo que era el caso especial de España, anarcosindicalistas. Junto a las clases populares estuvieron también las clases medias vinculadas a los partidos republicanos, pero siempre temerosas de que pudiera producirse una verdadera revolución social.

  • La significación del conflicto

La opinión internacional creyó desde el principio del conflicto que en España se ventilaba, lo mismo que en toda Europa, una lucha a muerte entre fascismo y democracia liberal. Incluso algunos creyeron que el conflicto era aún más decisivo: entre fascismo, democracia y comunismo. Se creyó entonces que España era un «microcosmos» donde ya se estaba produciendo ese enfrentamiento armado que muchos temían a escala mundial.

Pero la imagen de la guerra de España como un enfrentamiento entre el fascismo de un lado y democracia o comunismo del otro debe ser muy matizada. La Guerra Civil fue más bien el enfrentamiento armado entre los viejos grupos dominantes de la España de la Restauración, cuyo instrumento fue el ejército, y los grupos emergentes obreros y burgueses que querían establecer un sistema político realmente democrático y un orden social progresista. Aunque tenía el aspecto de un conflicto internacional, y de alguna forma lo reflejaba, la Guerra Civil fue, en lo esencial, un enfrentamiento propiamente español.

El alzamiento de las derechas con el ejército y con el apoyo de la Iglesia significaba que las reformas que intentaron llevar a cabo la burguesía republicana y el movimiento obrero socialista organizado encontraron una resistencia tan firme, que llevó a la insurrección armada.

II. EL DESARROLLO DE LA GUERRA CIVIL

  • La descomposición política tras el golpe y la represión

El golpe y el estallido de la guerra provocaron la destrucción de las estructuras estatales de la II República.

En el bando nacional el poder quedó en manos de un grupo de generales, que, siguiendo las propuestas de Mola, establecieron un estado autoritario y militarizado.

En el bando republicano el gobierno de la República perdió el control de la situación y el poder real quedó en manos de comités obreros organizados por partidos y sindicatos que no estaban sometidos a ningún tipo de poder centralizado.

En los primeros momentos de la guerra hubo una enorme represión en ambos bandos. Las ejecuciones y los asesinatos se extendieron como una pesadilla por todo el país.

La represión en la zona nacional se dirigió esencialmente contra los militantes obreros y campesinos, aunque algunos intelectuales, como Federico García Lorca, fueron también víctimas del horror. La represión estuvo bastante organizada y controlada por las autoridades militares. Este hecho no impidió que pistoleros falangistas descontrolados protagonizaran excesos de todo tipo.

En la zona republicana los grupos que sufrieron la violencia fueron esencialmente los sacerdotes y las clases adineradas. Jose Antonio Primo de Rivera, prisionero en Alicante al estallar la guerra, fue juzgado y ejecutado. Tras el caos inicial en el que se produjeron graves excesos, el gobierno fue controlando poco a poco la situación y la represión se atenuó.

  • El avance nacionalista durante los primeros meses de la guerra

Un elemento clave para comprender la victoria final de los nacionales fue el «puente aéreo» organizado con aviones alemanes e italianos que permitió el rápido traslado del Ejército de África a la península.

Los legionarios y regulares, fuerzas profesionales que superaban con facilidad a las desorganizadas milicias obreras y campesinas, iniciaron un rápido avance hacia Madrid. En el camino, el general Yagüe que mandaba las columnas decidió desviarse hacia Badajoz. La ciudad cayó y se inició una brutal represión que escandalizó al mundo y produjo un gran número de víctimas.

Las tropas continuaron su avance hacia Madrid y antes de alcanzar Madrid, Franco decidió desviar de nuevo las tropas para liberar a la guarnición asediada en el Alcázar de Toledo. La «liberación del Alcázar» fue un gran triunfo propagandístico para Franco.

Mientras, Mola tomó Irún y San Sebastián aislando al País Vasco de la frontera con Francia.

  • La Batalla de Madrid

El 18 de octubre de 1936 las fuerzas nacionalistas dirigidas por Varela llegaron a las afueras de Madrid. En noviembre de 1936 se inició la Batalla de Madrid. El 4 de noviembre de 1936 ocuparon Alcorcón, Leganés, Getafe y Cuatro Vientos. La caída de la capital en manos de las tropas rebeldes parecía inminente.

Ante la superioridad militar de las fuerzas nacionales, partidos y sindicatos obreros alentaron la movilización del pueblo madrileño para defender su ciudad. El grito de «¡No Pasarán!» se hizo celebre en todo el mundo.

La moral de la población madrileña aumentó con la llegada de refuerzos exteriores. Las Brigadas Internacionales, cuerpo de voluntarios organizados esencialmente por los comunistas; tanques y aviones rusos, la columna del anarquista Durruti… llegaron para ayudar en la defensa de la capital.

La ciudad fue sometida a bombardeos aéreos por aviones Junker alemanes y se produjeron duros combates en la Casa de Campo, la Ciudad Universitaria y el Puente de los Franceses. Las tropas republicanas consiguieron resistir y, finalmente, Franco ordenó el fin del asalto frontal a la ciudad.

  • Las Batallas del Jarama y Guadalajara. La toma de Málaga

Tras fracasar en su intento de atacar frontalmente a Madrid, Franco intentó cercar a la capital. Este intento dio lugar a la batalla del Jarama, una de las más encarnizadas de la guerra, y la batalla de Guadalajara, donde las tropas italianas enviadas por Mussolini fueron derrotadas.

Mientras las tropas franquistas tomaban Málaga y de nuevo se producía una dura represión.

El fracaso ante Madrid hizo que Franco optara por una nueva estrategia: ya no busco acortar el conflicto, sino que fue atacando las zonas más débiles de los republicanos.

  • La Campaña del Norte

De la primavera al otoño de 1937, las tropas nacionales conquistaron la zona norte republicana que había quedado aislada del resto del país. Uno tras otro, el País Vasco, Cantabria y Asturias fueron cayendo en manos de Franco.

Durante esta campaña tuvo lugar el célebre bombardeo de Guernica. La Legíon Cóndor, grupo aéreo alemán enviado por Hitler, bombardeó una ciudad sin interés militar y la arrasó. Este acto, que luego en la segunda guerra mundial se convirtió en rutinario, provocó un escándalo mundial e inspiró a Pablo Picasso en su célebre cuadro.

Durante la campaña vasca, Mola, el único general que podía competir con Franco en el liderazgo del bando nacional, murió en accidente de avión.

Tratando de distraer fuerzas nacionalistas de la campaña del norte, los republicanos organizaron la ofensiva de Belchite en Aragón. El fracaso fue total y finalmente las tropas franquistas tomaron todo el norte del país.

La conquista del norte tuvo graves consecuencias para la República. No sólo perdieron las minas de carbón y hierro de la zona, sino que, en adelante, los franquistas pudieron concentrar todas sus tropas en la zona sur.

  • De Teruel a la batalla del Ebro

En diciembre de 1937, tuvo lugar una ofensiva republicana en Teruel. Las condiciones climáticas marcaron una ofensiva que finalmente fracasó. Tras asegurar el dominio de Teruel, Franco lanzó una ataque general  en Aragón. El éxito fue fulgurante y el 15 de abril de 1938 las tropas nacionales llegaron a Vinaroz en el Mediterráneo. La zona republicana quedó partida en dos.

La última gran ofensiva republicana dio lugar a la Batalla del Ebro en julio de 1938. Con más de 100.000 muertos, esta fue la más cruenta de las batallas de la guerra civil y agotó definitivamente la moral y las reservas republicanas.

  • El final de la guerra

La antesala del fin de la guerra fue la ofensiva nacionalista contra Cataluña. Tras tomar Barcelona, las tropas franquistas llegaron a la frontera francesa en febrero de 1939. Antes se había producido un enorme y patético éxodo de población. Más de 500.000 personas huyeron a Francia, donde fueron hacinadas en campos de concentración.

Ante la inminente derrota, las divisiones internas se hicieron aún más profundas en el bando republicano. El gobierno de Negrín, con el apoyo de los comunistas y parte de los socialistas, proponía la resistencia a ultranza. El objetivo era que el conflicto español quedara integrada en la inminente guerra europea y mundial que todo el mundo veía venir. De esa manera, la República española encontraría aliados que le permitirían cambiar el signo de la guerra.

Contra esta posición, y defendiendo la negociación de la derrota con Franco, el coronel Casado dio un golpe contra el gobierno de Negrín. Pese a las propuestas de negociación de Casado, Franco exigió la rendición incondicional. El 28 de marzo, las tropas franquistas entraron en Madrid y el 1 de Abril de 1939 terminaba la sangrienta guerra. Una larga dictadura vino a sustituir al ensayo democrático de la segunda república.

III. LA INTERNACIONALIZACIÓN DEL CONFLICTO

La «guerra de España», nombre con que se la conoció en el mundo, fue el acontecimiento que más apasionó y dividió a los Estados, los gobernantes, los medios de comunicación, la opinión pública y los intelectuales y pensadores hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

  • La opinión internacional

La opinión democrática progresista mundial estuvo a favor de la República. En Francia, la opinión era muy mayoritariamente favorable a la República, salvo en los grupos de extrema derecha, pero los gobernantes fueron en extremo prudentes y algunos de ellos enemigos de toda ayuda a la República. En Gran Bretaña, una parte de la opinión británica conservadora y el gobierno conservador, veían en el alzamiento de Franco un buen freno a la expansión del «comunismo». El catolicismo tradicional estuvo en general con los rebeldes salvo cierto grupos de católicos progresistas. El Papado tardó mucho tiempo en pronunciarse y lo hizo a favor de Franco. Los partidos obreros de todo el mundo y, a su cabeza, la URSS, se manifestaron decididamente a favor de la República.

  • El Comité de No-Intervención

Desde que se produjo la insurrección y comenzó la lucha, los sublevados y el gobierno de la República pidieron ayuda exterior en armamento y apoyo político. Franco envió agentes a los países fascistas y sus peticiones de aviones y otras armas fueron atendidas por Alemania e Italia. La República pidió primero ayuda a Francia en los últimos días de julio (aviones, artillería y petróleo) y posteriormente estableció un convenio con la URSS para el suministro de armamento.

Pero la guerra de España suscitó de forma inmediata el temor a su extensión por Europa en medio de una delicada situación de enfrentamiento entre potencias. Si alguna de ellas intervenía militarmente en España, la guerra podría internacionalizarse. Las potencias más afectadas eran, por una parte, las grandes democracias, Francia y Gran Bretaña y, por otra, las potencias fascistas, la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini. Otra gran potencia, la URSS, apoyó decididamente a la República, mientras que el Portugal semifascista de Oliveira Salazar y su «Estado Novo» fue un aliado fiel de los sublevados. Para evitar su generalización, era preciso aislar el conflicto.

Gran Bretaña defendía una política de apaciguamiento ante la Alemania nazi y quería evitar a toda costa un conflicto armado en el que pudiesen enfrentarse fascistas y comunistas. Francia era la potencia más afectada por la guerra, por su cercanía y por sus simpatías hacia la causa republicana dado que también tenía un gobierno de Frente Popular. Gran Bretaña comunicó a Francia que si intervenía en España no apoyarla su política internacional ante la amenaza de Hitler. Francia se plegó a esas exigencias e impulsó la creación de un Comité de No-Intervención para vigilar que los bandos españoles no recibiesen ayuda internacional.

Este Comité se creó en los primeros días de agosto de 1936, con sede en Londres, ya él acabaron asociándose veintisiete países, aunque no consiguió impedir que los dos bandos recibiesen ayuda exterior. En el Comité estaban representados los países que más asistencia prestaron a los combatientes, Alemania, Italia y la URSS, con la sola intención de vigilarse los unos a los otros. Pero la política de No- Intervención fue una inmensa injusticia para la República y una de las causas de su derrota al negar a un Estado soberano y legítimo el derecho a adquirir armas para defenderse de una insurrección de su propio ejército.

  • Las ayudas extranjeras

La República tuvo que comprar armas y productos energéticos donde pudo. Aquí reside el origen de la decisión del gobierno de Largo Caballero de hacer uso de las reservas de oro del Banco de España que, en el mes de octubre de 1936, fueron enviadas a la Unión Soviética para hacer frente al pago de armas compradas por la República a la URSS o por intermedio de ella.

Los consejeros militares soviéticos jugaron un papel destacado en la organización táctica de la guerra, así como sus consejeros políticos, que ejercieron su influjo a través, sobre todo, del Partido Comunista. La influencia soviética fue la responsable de algunos crímenes contra enemigos del comunismo soviético, como la desaparición y asesinato del líder del POUM, Andrés Nin. Las Brigadas Internacionales fueron la gran ayuda internacional en unidades de combate que se prestó a la República; en su organización tuvieron un papel esencial las organizaciones comunistas internacionales, como el Komintern. En ellas había voluntarios procedentes de toda Europa y América; en su mayoría eran de ideología izquierdista y predominaban los afectos al comunismo.

Los sublevados fueron los más favorecidos por el apoyo extranjero. La ayuda alemana e italiana en armas (aviones, carros de combate, artilleria, fusiles, municiones) fue la más importante tanto numérica como tácticamente. Alemania envió una unidad de aviación, la Legión Cóndor, y se sirvió de la guerra de España para probar algunas de sus nuevas armas. Cobró su ayuda con la entrega de minerales y otros productos estratégicos. La ayuda italiana consistió en el envío de una gran unidad, el Corpo di Truppe Volontarie (CTV), aunque también tuvo importancia la armamentística. Con las tropas de los rebeldes combatieron también contingentes de voluntarios portugueses, de irlandeses y de otras nacionalidades.

IV. LA EVOLUCIÓN POLÍTICA DE LA ZONA REPUBLICANA

El alzamiento militar se intentó justificar con el argumento de que en la República gobernada por el Frente Popular se estaba preparando una revolución comunista dirigida por los sindicatos obreros, que eliminaria la propiedad privada, la religión y el Estado existente para imponer un «soviet» al estilo ruso. Sin embargo, en la primavera de 1936 no había ninguna revolución en marcha, si bien el desorden era grande – huelgas, atentados, ocupación de tierras, actuación de bandas y enfrentamientos políticos- y estaba provocado tanto por las derechas como por las izquierdas.

A. La revolución social

Fue el propio alzamiento militar el que provocó, de inmediato, que en el territorio que permaneció fiel a la República se extendiera una revolución social de carácter colectivista, que proponía cambiar el sistema de propiedad y destruir el poder del Estado. Este proceso revolucionario fue llevado adelante, sobre todo, por el anarcosindicalismo, con su central sindical CNT y sus grupos de activistas de la FAI. Le secundó, en parte, el sindicato socialista, la UGT, que participó en muchas colectivizaciones de tierras y de industrias. Pero tanto el PCE como el PSOE se mantuvieron fuera de esta acción y, posteriormente, se pondrían claramente en contra.

La revolución popular social y política tuvo especialmente fuerza en Cataluña, donde se creó, al producirse la derrota de los sublevados en Barcelona, el Comité Central de Milicias Antifascistas, que impulsó la revolución en Cataluña. Después, ese Comité llegaría a un entendimiento con los partidos políticos y se reconstituiría el poder de la Generalitat con un gobierno catalán presidido por Lluis Companys y con presencia de sindicatos y partidos obreros. La revolución se extendió por los pueblos y ciudades de Cataluña, la parte de Aragón que no estaba en manos de los sublevados, Valencia, Asturias, La Mancha y Andalucía oriental. En muchas capitales y pueblos grandes y pequeños, se constituyeron de inmediato Juntas, Consejos y Comités; muchos de ellos estaban dispuestos a imponer un nuevo orden revolucionario. También se desarrolló un violento movimiento anticlerical que se concretó en el saqueo e incendio de iglesias y objetos de culto, así como en el asesinato de miles de religiosos. Estas acciones fueron protagonizadas en su mayor parte por grupos incontrolados de tendencia anarquista.

El elemento más significativo de la revolución social desencadenada fue, sin duda, el colectivismo. La propiedad industrial y agraria se pretendió convertir en propiedad colectiva. La colectivización de la industria fue un hecho en Cataluña, mediante un decreto de octubre de 1936. Las colectivizaciones agrarias se extendieron ampliamente por Aragón, Valencia, La Mancha y Andalucía. Muchos servicios que eran esenciales en la guerra fueron también colectivizados a través de los sindicatos. Los transportes, el abastecimiento alimenticio, las fábricas de armas, etc., funcionaron, sobre todo al principio de la guerra, fueron colectivizados .

B. El derrumbe del Estado republicano

Al producirse la sublevación, el gobierno de Santiago Casares dimitió y se formó de inmediato otro presidido por Diego Martínez Barrio que pretendió, en realidad, negociar con los rebeldes el fin de la insurrección. Como ello fue imposible, Martínez Barrio fue rápidamente sustituido como presidente de gobierno por José Giral, también republicano.

El gobierno de Giral se aprestó a defender la República tomando las primeras medidas militares. Desde muy pronto vio que el problema republicano fundamental era la carencia de un ejército para oponerlo al de los rebeldes. El antiguo ejército había quedado mermado por la sublevación a la que se sumaron la inmensa mayoria de los oficiales. Por ello, el gobierno entregó armas a las milicias de los partidos y disolvió el ejército, pensando que así quitarla fuerza a los rebeldes. En agosto decretó la creación de batallones de voluntarios, encabezados por la antigua oficialidad del ejército; con el deseo de regularizar las milicias de partido, legisló sobre la Milicia Voluntaria y se propuso crear un nuevo ejército de voluntarios.

En el verano y otoño de 1936, el poder del Estado sufrió un desplome casi total. Comités, Juntas, Consejos, etc…, aparecían por todas partes. En algunas regiones, los Comités y Juntas llegaron a unificarse para formar Consejos Regionales entre los que destacaron el Consejo Soberano de Asturias, el Consejo de Aragón, el Comité Ejecutivo Popular de Valencia o la Junta de Defensa de Madrid. En estos organismos se reunían las fuerzas del Frente Popular con predominio creciente de los sindicatos y de los partidos obreros.

La revolución política, junto a la social, tuvo en buena parte su origen en la actitud tibia que las autoridades republicanas -los gobernadores civiles o alcaldes- habían mostrado ante los rebeldes y en su negativa a entregar almas al pueblo cuando éste las pidió para combatir a los sublevados. El mes de agosto fue extremadamente critico para la República debido al constante avance militar de los rebeldes. Era preciso encontrar un jefe de gobiemo republicano capaz de cambiar el panorama.

La opinión republicana era casi unánime en que sólo había un hombre capaz de llevar a cabo la unión de todas las fuerzas republicanas, burguesas y obreras, en un único esfuerzo de guerra: el socialista Francisco Largo Caballero, secretario general de la UGT y líder obrero prestigioso, que fue llamado a formar gobierno.

C. Largo Caballero recompone el Estado

Largo Caballero estaba apoyado, en principio, por todas las fuerzas republicanas. Constituyó un nuevo gabinete el día 5 de septiembre de 1936 en el que estaban presentes republicanos, socialistas y, por vez primera, los comunistas. A comienzos de noviembre, entraron en el gabinete cuatro ministros anarcosindicalistas, hecho sin precedentes en el mundo. Ocurría esto en el momento mismo en que el gobierno de la República decidió trasladarse a Valencia ante el inminente ataque a Madrid por parte de los sublevados.

La etapa de gobierno de Largo Caballero duró hasta mediados de mayo de 1937 y tuvo una gran importancia en el desarrollo de la guerra. Su proyecto era crear una «gran alianza antifascista» frente a los sublevados: recomponer el poder del Estado, eliminando Juntas y Comités pero reconociendo los Consejos Regionales, y dirigir la guerra con nueva energía militarizando las milicias de los partidos y creando el Ejército Popular sobre la base de las Brigadas Mixtas.

Pero el socialista Largo Caballero tuvo serios problemas con los comunistas y los anarcosindicalistas. Su empeño en dírigir la guerra personalmente y la enemistad con los comunistas hicieron que se distanciara de los partidos mientras se apoyaba más en los sindicatos. Por su parte, los anarcosindicalistas, pese a participar en un gobierno de unidad, no renunciaban a practicar su propia política, insistían en las colectivizaciones y se resistían a integrar sus milicias en el ejército regular.

Los problemas que fueron debilitando el gobierno de Largo Caballero estallaron definitivamente con los sucesos ocurridos a principios de mayo en Barcelona. No todas las fuerzas que apoyaban a la República querían que se produjese el tipo de guerra revolucionaria que proponían los anarcosindicalistas y ciertos sectores del comunismo no estalinista como el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) y su líder Andrés Nin. Ello llevó al intento de contener la revolución y normalizar el Estado republicano y, en definitiva, aun gran enfrentamiento dentro de las filas de la República. Se trató de una disputa por el poder en Cataluña, donde a la fuerza de la CNT y del POUM se oponían los comunistas y los partidos republicanos que controlaban la Generalitat. Se produjeron algunos asesinatos de líderes sindicales y la lucha se desencadenó abiertamente cuando se intentó desalojar a los anarquistas del edificio de la Telefónica que controlaban.

Los enfrentamientos sangrientos concluyeron con la derrota anarquista y llevaron a la disolución del POUM por presión comunista. El gobierno central tuvo que enviar fuerzas a Cataluña para controlar el orden público. A raíz de los conocidos como «Fets de Maig» (Sucesos de mayo), Largo Caballero quedó muy debilitado, sin el apoyo mayoritario ni de su propio partido y contando tan sólo con el de la UGT. Se abrió entonces una lucha entre los seguidores de Largo Caballero y los comunistas. El propio partido socialista, impulsado, sobre todo, por Indalecio Prieto, prefirió encontrar una solución en el acuerdo con los comunistas.

D. El gobiemo Negrín y sus Trece Puntos

A mediados del mes de mayo de 1937, se produjo la crisis del gobierno Largo Caballero. Los comunistas insistieron en que no continuarían en el gobierno si Largo Caballero seguía siendo quien dirigiese la política militar. Los comunistas tenían ya una gran influencia, basada, sobre todo, en la ayuda que la Unión Soviética prestaba a la República, lo que les fortalecía, y en su control del ejército a través de los Comisarios Políticos.

Largo Caballero dimitió y se constituyó un nuevo gobierno presidido por el socialista Juan Negrín; de la dirección de la guerra se encargarla el nuevo ministro de Defensa, el también socialista Indalecio Prieto. En el gobierno no estarían ya los sindicatos, CNT y UGT, sino sólo los partidos políticos. El gobierno de Negrín permaneció en el poder hasta el final de la guerra. Negrín basó su política en la persistencia del esfuerzo militar, para lo cual era necesario seguir recibiendo ayuda extranjera en armamento; también quería que la República fuese reconocida como el único poder legítimo en España, por lo que denunciaba la intervención activa de las potencias fascistas en ayuda de los sublevados.

Negrín tenía como apoyo fundamental a los comunistas y ello le acarreó graves problemas en su gobierno, en especial sus discrepancias con Prieto, quien acabó saliendo del ministerio de la Guerra. Negrín propuso una política de resistencia de la República hasta el fin, aunque no dejó nunca de buscar un acuerdo con el enemigo que salvaguardara la República y la democracia en España. Para ello propuso su célebre programa de los Trece Puntos, en los que se preveía la permanencia de la República, tras un proceso de elecciones democráticas, cuando cesara la lucha annada. El bando de Franco no aceptó su programa.

E. La resistencia a ultranza

En el año 1938, la vida empezó a hacerse sumamente difícil en el tenitorio republicano. Faltaban alimentos y abastecimientos básicos, los reveses militares eran continuos y entre la población. Empezaba a extenderse el cansancio de la guerra. El gobierno de Negrín insistía en la necesidad de la resistencia militar. La esperanza de Negrín era que la guerra en España durase hasta la declaración del conflicto general europeo, que era previsible por el enfrentamiento entre las potencias democráticas y las fascistas. Por ello se acuñó el slogan «¡Resistir es vencer!».

Pero la discrepancia entre las fuerzas republicanas se hacía cada vez más honda. La única ayuda posible era la de la Unión Soviética. El nuevo plan de paz de Negrín redujo a finales de 1938 sus propuestas a sólo Tres Puntos: salida de las tropas extranjeras, ausencia de represalias de los vencedores sobre los vencidos y establecimiento de un régimen democrático. Vano intento ante un ejército como el de Franco que ya había hecho saber públicamente que «sólo aceptarla una rendición sin condiciones». La República tenía los días contados.

V. LA EVOLUCIÓN POLÍTICA DE LA ZONA NACIONAL

Los grupos políticos y sociales que habían dado su apoyo al alzamiento militar estaban divididos, ya que no tenían ningún proyecto común que ofreciese coherencia política a la rebelión militar. Por eso aceptaron la supremacía del ejército que, convertido en la columna vertebral del nuevo régimen, tuvo siempre la iniciativa política y fue el encargado de organizar el nuevo Estado surgido del conflicto bélico.

A. Francisco Franco, Generalísimo

Los militares sublevados crearon muy pronto un organismo de dirección al que llamaron, al viejo estilo militar, Junta de Defensa Nacional. Se instaló en Burgos y la presidía el general más antiguo entre los sublevados, Miguel Cabanellas. Su misión era la gobernación del tenitorio ocupado y no tenía jurisdicción en los asuntos militares. La Junta prohibió la actividad de todos los partidos políticos y decretó la paralización de la aplicación de la reforma agraria en los territorios conquistados. Dado que el general José Sanjurjo, considerado como jefe de la sublevación, murió en un accidente de aviación en Lisboa el 20 de julio de 1936, el alzamiento quedó sin líder. La necesidad de que la sublevación tuviese un mando único se planteó muy pronto, cuando quedó claro que el golpe militar había provocado una guerra civil.

A finales de septiembre comenzaron las reuniones de militares en las que se fraguó la elección de un jefe supremo del alzamiento, y en las que Franco fue adquiriendo cada vez más adeptos entre los generales, sobre todo a partir del momento en que consiguió socorrer a los defensores del Alcázar de Toledo y ocupar la ciudad el 29 de septiembre. Las columnas del ejército de África habían avanzado rápidamente y Franco se convertía así en la figura más destacada entre los sublevados y la más conocida en el extranjero. En una finca de los alrededores de Salamanca, el día 30 de septiembre, fue elegido por amplio margen como jefe del alzamiento.

El primero de octubre de 1936 se publicó el decreto que le nombraba «Jefe del Gobierno del Estado» y Generalísimo de los Ejércitos Españoles. Desapareció la Junta de Defensa Nacional y se estableció una Junta Técnica del Estado, con sede en Valladolid y en Burgos, dividida en Comisiones mandadas por militares pero en las que había también civiles. El Cuartel General del Generalísimo se trasladó a Salamanca.

B. La creación del Partido único

Los problemas políticos se agudizaron en la zona sublevada a fines del año 1936, cuando parecía que la guerra se iba a prolongar bastante a la vista del fracaso en la toma de Madrid. Existía un mando militar poderoso, pero ninguna cohesión política. Naturalmente, los sublevados tenían una fuerte ideología antiliberal, habían prohibido todos los partidos políticos que formaban parte del Frente Popular y todos los sindicatos de clase, y habían procedido a una tremenda represión de los fieles a la República que quedaron en su territorio.

Sólo actuaban como grupos políticos Falange Española, cuyo jefe fundador, José Antonio Primo de Rivera, fue fusilado por los republicanos tras un juicio en Alicante en noviembre de 1936, y la Comunión Tradicionalista; se toleraban la CEDA y otros grupos monárquicos que estaban prácticamente desmantelados. En realidad, el único grupo de filiación fascista entre los sublevados era Falange Española, ya que los alzados representaban mucho más al viejo conservadurismo agrario y reaccionario español.

Ante la necesidad de organizar un nuevo poder político unitario, los sublevados se inspiraron en el modelo institucional de los Estados fascistas italiano y alemán, que tanto les ayudaban. Acudieron a ese modelo de Estado de partido único, con un jefe con plenos poderes, para crear el «Nuevo Estado». En abril de 1937, Franco dio a conocer el Decreto de Unificación por el que se creaba un partido, Falange Española Tradicionalista y de las JONS, «unificando» a falangistas y carlistas, en el cual se integrarian todos los demás. Franco seria Jefe del Partido y Jefe del Estado.

Se adoptarla el uniforme con la camisa azul de Falange y la boina roja de los carlistas, el saludo de estilo fascista y una jerarquía donde se mezclaba a militares y civiles. Se respetaba la importante influencia de la Iglesia, que en el verano siguiente publicaría la Pastoral Colectiva de los Obispos en apoyo de los sublevados. Algunas resistencias de los carlistas o falangistas a la unificación fueron acalladas con destierros o prisión, como la del jefe de la Falange Manuel Hedilla y, antes, la del líder carlista Manuel Fal Conde.

C. El primer gobierno de Burgos

El proceso de institutionalization del Nuevo Estrada franquista culminó en enero de 1938 con la formación del primer gobierno de Franco o gabinete fonnado por ministros con la desaparición de la Junta Técnica. En la persona de Franco, el Generalísimo, se concentraba la jefatura del Estado y la presidencia del gobierno. A partir de entonces pasó a ser llamado normalmente «Caudillo de España» y el nuevo Estado empezó a legislar sobre múltiples asuntos.

Antes de que acabara la guerra se promulgó una de sus Leyes Fundamentales, el Fuero del Trabajo (marzo de 1938), inspirada en la Carta del Lavoro del fascismo italiano, en la doctrina social de la Iglesia y en algunos principios de Falange. Esta legislación sentó las bases de la organización corporativa del Estado y del sindicalismo vertical como una organización estatal que agrupaba a empresarios y trabajadores. Además, se consideraron como actos subversivos las huelgas y las reivindicaciones colectivas.

Una legislación sobre la imprenta y la prensa aseguró el control ideológico del régimen sobre los medios de comunicación. Un conjunto de leyes favorables a la Iglesia acabaron con el intento de secularización emprendido por la República: se derogaron las leyes del matrimonio civil y del divorcio, se estableció el culto religioso en la enseñanza y en el ejército, y se instituyó una retribución estatal al clero. Finalmente, la ley de Responsabilidades políticas de febrero de 1939 facultaba a los tribunales mixtos (formados por el ejército, el poder judicial y representantes de Falange) para la aplicación de penas a personas vinculadas a partidos de izquierda.

Hasta finales de los años 40 se llevará a cabo una dura represión contra quienes habían colaborado con la República o pudiesen hacer cualquier tipo de oposición al nuevo régimen.

VI. LAS CONSECUENCIAS DE LA GUERRA CIVIL

  • Consecuencias demográficas

Se han dado cifras muy dispares al cuantificar las pérdidas demográficas que causó el conflicto: los muertos en el frente y por la represión en la guerra y en las posguerra, el hambre, las epidemias; la reducción de la natalidad consiguiente…

Los cálculos más aceptados estiman en quinientos mil muertos, el coste demográfico de la guerra y la posguerra.  A ello habría que añadir la cifra de no nacidos y la pérdida de población joven.

Otro elemento clave de las consecuencias demográficas fue el exilio republicano. Ya durante el conflicto, los «niños de la guerra» fueron evacuados a países extranjeros, pero el gran éxodo tuvo lugar en enero y febrero de 1939, consecuencia de la conquista de Cataluña.

En conjunto, se calcula que hubo unos cuatrocientos cincuenta mil exiliados. Aunque algunos fueron retornando durante la dictadura, muchos no volvieron a España o esperaron a la muerte del dictador en 1975. Este exilio supuso una importante pérdida demográfica para el país: una población joven y activa, que incluía a gran parte de los sectores más preparados del país: las elites científicas, literarias y artísticas de la Edad de Plata.

  • Consecuencias económicas

La guerra fue una verdadera catástrofe económica. Un dato revela su magnitud: la renta nacional y per cápita no recuperará el nivel de 1936 hasta la década de 1950.

Estos fueron los principales elementos de esa catástrofe económica:

  • Destrucción del tejido industrial del país, lo que llevó a la vuelta en los años cuarenta a una economía básicamente agraria.
  • Destrucción de viviendas, se calculan en unas doscientas cincuenta mil, comunicaciones, infraestructuras…
  • Aumento de la deuda externa y pérdida de las reservas de oro del Banco de España, usadas por el gobierno de la República para pagar la ayuda soviética.
  • Consecuencias sociales

El resultado de la guerra trajo consigo la recuperación de la hegemonía económica y social por parte de la oligarquía terrateniente, industrial y financiera. Paralelamente, se dio la pérdida de todos los derechos adquiridos por los trabajadores.

  • Consecuencias morales

La guerra supuso una verdadera fractura moral del país. Varias generaciones marcadas por el sufrimiento de la guerra y la represión de la larga posguerra.

El régimen de Franco nunca buscó la reconciliación de los españoles y siempre recordó y celebró su origen bélico. Las heridas de la guerra civil perduraron durante decenios y la persecución y represión de los vencidos fueron un rasgo clave del franquismo.

Apuntes II República

LA SEGUNDA REPÚBLICA (1931-1936)

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La Segunda República, 1931-1936, es un intento de solucionar los viejos problemas de España, modernizándola y pretendiendo instalar un sistema democrático puro. Inspirada también en el regeneracionismo se va a caracterizar, al igual que la Primera República, por la inestabilidad, la radicalización, las divisiones internas y el desfavorable contexto internacional.

La Segunda República hay que contextualizarla dentro de la crisis de la Restauración, que comienza en 1898 y prosigue con las crisis de 1909, 1917, 1921 y la dictadura de Primo de Rivera. La dictadura de Primo había dejado sin Constitución y sin sistema democrático a España; la Segunda República iba a intentar consolidar la democracia en España.

Además del contexto histórico tenemos que tener en cuenta el contexto internacional, que es desfavorable para la república; en primer lugar; la crisis económica del 29 le afecta plenamente; al igual que la crisis de los sistemas democráticos en Europa, la violencia y el fascismo.

A) LA INSTAURACIÓN DE LA SEGUNDA REPÚBLICA

Ante la pérdida de todos sus apoyos Primo dimitió en Enero de 1930 y Alfonso XIII nombró al general Berenguer para que hiciera la transición a la monarquía constitucional; el cambio fue tan lento que la oposición denominó a esta etapa «la Dictablanda». Ante el descontento general, Berenguer dimite y el rey nombra al almirante Aznar, con el compromiso de convocar elecciones empezando por las municipales. Tras la caída de la dictadura, la pérdida de apoyos y la soledad de la monarquía eran manifiestas.

En este contexto los republicanos, los catalanistas de izquierdas y el PSOE firmaron el pacto de San Sebastián por el que se comprometían a derribar a la monarquía y formar un gobierno provisional en la futura segunda república. Las elecciones municipales del 12 de Abril de 1931 se convirtieron en un plebiscito nacional contra la monarquía. El triunfo de los republicanos en las grandes ciudades -sólo- hizo estallar el júbilo popular y la renuncia de Alfonso XIII. Empezaba su andadura (el 14 de abril) la SEGUNDA REPÚBLICA, en medio de un ambiente de júbilo, consenso y alegría, al igual que en la Gloriosa.

El republicanismo como tendencia política había conseguido en estas fechas superar su condición de tendencia minoritaria y se había consolidado relativamente entre las clases medias, al contrario de lo ocurrido en la primera república, cuando la proclamación de la primera república española se hizo sin suficiente apoyo popular, como única salida posible tras las abdicación de Amadeo I, como puso de manifiesto en un discurso en el Parlamento, Emilio Castelar. Nos obstante, el republicanismo de la segunda república se va a caracterizar por la multiplicación de partidos de muy diversas tendencias, hasta tal punto que podemos hablar de partidos republicanos de derechas, de centro y de izquierdas.

B) EL GOBIERNO PROVISIONAL. LA CONSTITUCIÓN DE 1931.

El primer paso fue la formación de un gobierno provisional que reflejaba  los acuerdos del Pacto de San Sebastián. Así había representantes de la derecha republicana (Alcalá Zamora y Miguel Maura),  dos representantes del Partido Radical (Lerroux y Martínez Barrio),  uno de izquierda republicana (Azaña). Además de los republicanos, había representación del PSOE (Indalecio Prieto, Fernando de los Ríos y Largo Caballero) y de los nacionalismos catalán, vasco  y gallego. Era un gobierno de concentración.

Sus dos tareas iniciales fueron: una serie de disposiciones de carácter reformista y la convocatoria de elecciones constituyentes.

  • Disposiciones de Carácter Reformista:

Se inició una legislación destinada a mejorar la situación laboral del campesinado y se empezó a planificar la reforma educativa -suprimieron la obligatoriedad de la enseñanza religiosa y crearon multitud de colegios-. También se llevaron a cabo medidas para reformar el ejército, con el objetivo de asegurar su lealtad a la República y racionalizar su estructura organizativa para hacerla más eficaz. Para mantener el orden público, junto a la Guardia Civil, se crea una policía ágil y moderna: los Guardias de Asalto.

Las actuaciones reformistas contaron desde el principio con la oposición de un sector del ejército y de la oligarquía económica, puesto que veían peligrar sus intereses. Pero, sobre todo, chocaron con la Iglesia, que tradicionalmente había cumplido una función legitimadora del poder y el orden social, y se resistía a aceptar la concepción laica que los republicanos tenían del Estado. Esta actitud realimentó el anticlericalismo de una parte del pueblo y se produjeron numerosas quemas de conventos e iglesias. Por la izquierda, se produjeron levantamientos campesinos y revueltas obreras demandando más profundidad y rapidez, siempre alentados por la CNT.

Las líneas básicas de este gobierno provisional, se profundizarán y aumentarán en el bienio progresista.

  • La Constitución de 1931:

Un segundo paso fue las elecciones a Cortes Constituyentes, para consolidar el régimen democrático.

Estas nuevas elecciones se celebraron el 28 de junio, con bastante limpieza y con una amplia participación electoral.  La derecha, desunida, quedó en minoría, frente a una poderosa  coalición de izquierdas formada por el PSOE y los partidos republicanos de izquierda. El Centro estaba formado por  el partido radical y otros partidos de centro. Las elecciones arrojaron la histórica victoria de la coalición republicano-socialista y la existencia de una segunda minoría de importancia, la del Partido Radical de centro-derecha.

Para la elaboración de la nueva Constitución, se creó una comisión, dirigida por el socialista Jiménez de Azua, que rápidamente presento un proyecto a las cortes. Dos temas fueron los más polémicos; la cuestión autonómica y la cuestión religiosa (que supuso la dimisión del presidente –Alcalá Zamora- y la ausencia en la votación de 89 diputados; el ala derecha).

La nueva constitución poseía 125 artículos englobados en IX títulos más una serie de disposiciones transitorias.

¿Qué características tenía la CONSTITUCIÓN de 1931?

a)  Carácter socializante: Al definir al estado como una república de trabajadores, moderada la expresión por la frase «de todas las clases», por presiones de la derecha. Además, aunque contemplaba la propiedad privada, también aparecía la expropiación para fines de interés público y general.

b) Exaltación republicana: Además de la definición como república, tenemos que señalar el laicismo, la concepción unicameral y la extensión del sufragio universal a las mujeres.

c) Significación liberal: Al recoger la mayoría de los principios del constitucionalismo liberal español, así mismo tienen una marcada orientación pacifista al «renunciar a la guerra como instrumento de política internacional» y proclaman «el acatamiento de las normas universales del Derecho internacional» frente a la extensión de las dictaduras europeas que proclamaban el uso de la fuerza como instrumento de política internacional.

d) Estado Autonómico: La dicotomía entre estado federal y centralista se resolvió con la posibilidad de establecer autonomías y estatutos. Dicho concepto fue moderado con el del «estado integral». El estado integral es un punto intermedio entre el estado centralista y el estado federal, permitiendo la formación de Comunidades Autónomas. Se busca de este modo contentar a los nacionalistas periféricos y no molestar en excesivo las fuerzas tradicionales y conservadoras. Así, no aparece en la Constitución el concepto nacionalidades y sí el de regiones. Por otra parte, se proclama al castellano idioma oficial del estado, si bien también se contempla la variedad lingüística de las provincias y regiones. La constitución del 78 ha copiado en muchos aspectos la organización territorial de la constitución del 31. Pero ni una ni otra consiguieron solventar el viejo problema de la estructura de España. Así en la segunda república, los catalanes pronto obtendrían la autonomía y su estatuto, pero los vascos no lo obtuvieron hasta el 36, ya que el carácter laico del gobierno hizo al católico PNV retirarse de las negociaciones en un primer momento. En 1934, se vuelve a declarar el estado catalán y Franco enarboló la posible desmembración de España como una de las causas del golpe de estado.

e) Carácter progresista: Con la introducción de elementos como el matrimonio civil o el divorcio, no sin una gran polémica, o la fuerza del poder legislativo frente a los otros poderes. También además de los derechos individuales recogió, y eso era una novedad, derechos colectivos como el trabajo, la educación, la salud o la vivienda.

f) Carácter novedoso: La Constitución del 31 crea una serie de órganos de gran trascendencia e importancia posterior, como el Tribunal de Garantías Constitucionales (similar al actual Tribunal Constitucional) o la Diputación Permanente. En definitiva, se trata de una Constitución de izquierdas, realizada por la coalición repulicano (izquierda)-socialista. El sector de la derecha se ausentó de los debates tras aprobarse los asuntos relativos a la iglesia católica.

Estamos ante la Constitución más progresista y avanzada de la historia del constitucionalismo español, incluida la actual de 1978 que ha tomado bastantes elementos de la del 31. Su principal preocupación fue la ampliación de los derechos individuales y colectivos, así como asegurar el cumplimiento de la declaración de derechos. Realiza una estricta división de poderes, potenciando el legislativo, separando totalmente el judicial y creando un cuarto: la presidencia de la república que sería elegida por el Parlamento. Entre sus principales aportaciones a la historia del constitucionalismo español destacan la contemplación del «hecho diferencial» de algunas regiones españolas (por primera vez y que luego sería imitado por la constitución del 78), la concesión del derecho al voto a las mujeres y conjugación de la propiedad privada con la expropiación por interés general y público. En cuanto a sus aspectos negativos hay que reseñar que aunque intentó ser una Constitución de todos los españoles sólo lo fue de una parte, el sector sociológico de izquierdas, marginando a un sector muy importante de la sociedad española. La existencia de grandes discrepancias en asuntos como el religioso hizo que empezará a quebrarse el consenso y el júbilo inicial en torno a la república. Desde muy temprano empezaron los intentos de derribar a esta Constitución (Sanjurjo, Gil Robles …) que nos conducirían, en parte, a la guerra civil del 36 y al fracaso de la segunda república y todo lo que ella significaba.

C) EVOLUCIÓN POLÍTICA DE LA REPÚBLICA TRAS EL GOBIERNO PROVISIONAL.

Tras la aprobación de la Constitución de 1931 se estableció un gobierno dirigido por Azaña  y compuesto por una coalición republicano-socialista (Bienio social-azañista o bienio reformista). Éste lleva a cabo el mayor intento reformador de la historia de España, aplicando reformas relativas a la estructura de la propiedad de la tierra, el problema militar, el religioso, social, educativo, autonómico, etc. La oposición exterior y las disputas internas, junto con el casus belli de los sucesos de Casas Viejas, dejan paso al bienio de derechas, donde preside el gobierno Lerroux (radical, con el apoyo de la CEDA); el intento de su líder Gil Robles de hacerse con el poder y cambiar la constitución da lugar a la revolución de Octubre de 1934 y a la convocatoria de elecciones a finales de 1935, que son ganadas por el Frente Popular, coalición electoral de partidos de izquierdas. El gobierno fue liderado por la Izquierda republicana de Azaña y duró hasta el 18 de julio de 1936, en el que el golpe de estado de Francisco Franco inició una guerra civil que nos llevaría a la dictadura de Franco.

1ª ETAPA: Bienio Social-Azañista o Bienio Reformista (1931-1933)

Tras la aprobación de la Constitución de 1931 se estableció un gobierno presidido por Manuel Azaña y compuesto por una coalición de socialistas y republicanos. El presidente de la República era Niceto Alcalá Zamora.

Esta etapa ha pasado a la historia por ser la más prolífica en reformas de la historia de España. Se llevaron a cabo una serie de reformas progresistas que abarcaron puntos tan importantes como la agricultura, el ejército, la cultura, la religión, etc.

  • La Reforma Agraria consistió en una serie de medidas políticas y económicas destinadas a estimular el desarrollo agrario y con el objetivo de eliminar el latifundismo y el desigual reparto de la propiedad agraria y crear una clase de pequeños propietarios que facilitara la modernización de la agricultura y el aprovechamiento de las tierras. Otros objetivos eran: disminuir el paro agrario, jornadas de trabajo de 8 horas, etc. La ley de Reforma Agraria establecía la expropiación, sin indemnización, de las tierras de los grandes de España (alta nobleza) y, con indemnización, de las grandes fincas no cultivadas directamente por los propietarios, las tierras deficientemente cultivadas y las no regadas en zonas de regadío. La aplicación de la ley fue encomendada al Instituto de Reforma Agraria (IRA), organismo que recibía las tierras expropiadas según dicha ley y organizaba la distribución entre los campesinos, que podían decidir el régimen de explotación. Sin embargo, esta importante reforma fracasó al final entre otras cosas por la falta de fondos para llevarla a cabo, por la oposición de los terratenientes, por la paralización de la misma durante el bienio negro, por la lentitud de su aplicación que fue un motivo de descontento entre los campesinos pobres (sucesos en Casas Viejas), etc.
  • La Reforma del Ejército se llevó a cabo mediante una ley promulgada por el gobierno Azaña en abril de 1931, que permitía el retiro voluntario anticipado a los militares disconformes con el régimen republicano (se les conservaba el sueldo y se retiraban a la reserva con el mismo rango). También otro objetivo era el de acabar con la macrocefalia militar (muchos oficiales en relación con los soldados) y su protagonismo político, profesionalizando,  modernizando y democratizando el ejército. Para ello quiso reducir sus efectivos y asegurar su obediencia al poder civil. Se cerró la Academia militar de Zaragoza, dirigida por Franco y se prohibió la prensa exclusivamente militar. Frente a esto, se fue creando poco a poco una oposición militar (militares conservadores y monárquicos) al régimen republicano lo que se puso de manifiesto por ejemplo en el pronunciamiento del general Sanjurjo, del que hablaremos.
  • También se hicieron reformas (Ley de Congregaciones) relativas a la regulación de las órdenes religiosas para que no pudieran enriquecerse (practicando la industria o el comercio) y considerándolas como asociaciones (se eliminaban, así, las ayudas que se daban a la iglesia por parte del Estado. Se disuelve la Compañía de Jesús (jesuitas) y se confiscan sus bienes. Además se permiten los matrimonios civiles, se aprueba el divorcio y se secularizan los cementerios. La Iglesia católica, desfavorecida por el nuevo régimen, se erigió como el estandarte de la oposición republicana, como iremos viendo, lo que causó, en su contra, un fuerte movimiento anticlerical (quema de conventos, matanza de sacerdotes, etc.).
  • De importancia fue también el intento de la República (sobre todo en esta etapa) de democratizar la cultura y la educación y llevarlas a todos los grupos sociales creando por ejemplo misiones pedagógicas (recordad por ejemplo el grupo de teatro la Barraca creado por Lorca), bibliotecas ambulantes, escuelas públicas o los maestros que iban de aldea en aldea educando a los mas desfavorecidos. Fue, en todo momento, una educación laica, obligatoria y pública, a la que tenía derecho todo el pueblo español y no sólo aquellos que se lo podían permitir. El presupuesto de educación aumentó un 50 % respecto al reinado de Alfonso XIII.
  • El problema de las autonomías, recogido en la constitución de 1931, se intentó solucionar con la aprobación del Estatuto Autonómico Catalán. Se aprueba en 1932 y define a Cataluña como una región autónoma dentro del Estado español. Competencias exclusivas de la Generalitat son: el transporte, la sanidad, etc; y comparte con el gobierno central: educación, impuestos, orden público. El castellano y el catalán son lenguas cooficiales. Maciá es elegido presidente de la Generalitat. En el País Vasco, el proceso autonómico se retrasa, entre otras cosas, por la confesionalidad católica del PNV. Cuando se apruebe su estatuto será demasiado tarde pues da comienzo la guerra civil.
  • Se creó la Guardia de Asalto, fuerza de policía de la Segunda República creada ante la hostilidad popular frente a la guardia civil (recordemos su simpatía con el cacique en durante la época de la Restauración). En el 1936 (golpe de estado de Franco) se mantuvo fiel a la República; fue suprimida a finales de la guerra civil y sustituida por la policía armada (conocida por muchos de nosotros).
  • Se llevaron a cabo también una serie de reformas sociales impulsadas por el ministro de trabajo, el socialista Largo Caballero. Iban orientadas a mejorar las condiciones de trabajo (reducir jornada laboral, Ley de términos municipales, ampliación de seguros sociales, etc.). Estas reformas se paralizarían en le bienio negro.

La oposición al gobierno pronto se puso de manifiesto. Las reformas, como hemos visto, no son del gusto de todo el mundo. Los monárquicos y la Iglesia serán los principales opositores y conspirarán contra la República desde un primer momento. Los monárquicos intentan un asalto al poder por medio de un pronunciamiento militar llevado a cabo por el general Sanjurjo (sanjurjada), pero la sublevación fracasa.  Por otra parte están los conflictos sociales protagonizados, entre otros, por los anarquistas. El suceso más grave fue el ocurrido en Casas Viejas (Cádiz) donde se enfrentaron campesinos, descontentos ante la lentitud de la reforma en el campo y el paro, y alentados por anarquistas, y la guardia de asalto, que reprimió ferozmente la revuelta produciéndose numerosos muertos. Este incidente desacreditó al gobierno y a Azaña.

El fin del bienio viene marcado por la organización y el auge de las derechas, la crisis del gobierno de Azaña y la convocatoria de elecciones generales para finales de 1933. La organización de las derechas es un hecho en 1933 cuando nace la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), presidida por Gil Robles. Otros partidos de derechas, con menos importancia en este momento, son Renovación Española (monárquicos), carlistas y pequeños grupos fascistas, destacando la Falange Española, fundada en 1933 por José Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador.

En las elecciones generales de 1933 (votan por primera vez las mujeres), en las que los partidos de izquierda más importantes (PSOE y republicanos de izquierdas) se presentan desunidos, hay un avance espectacular de la derecha y triunfa el Partido Radical de Lerroux, junto con la CEDA. Además Azaña, tras los sucesos de Casas Viejas y la mala coyuntura económica del momento, había dimitido como presidente del gobierno.

2ª ETAPA: Bienio Radical-Cedista (noviembre 1933-febrero 1936)

Tras los resultados electorales se formó un gobierno presidido por Lerroux (republicano radical) con el apoyo de la CEDA pero sin su intervención.

El gobierno realizó una contrarreforma legislativa: paralizó la reforma agraria, dio un presupuesto para el culto y el clero, amnistió a los golpistas del 32 (Sanjurjo y otros militares), se redujo el presupuesto de educación y recortaron la autonomía en Cataluña y el País Vasco. El PSOE y la UGT se radicalizaron y prometían la revolución si entraban en el gobierno miembros de la CEDA.

a) La revolución de octubre de 1934:

En 1934, Gil Robles provocó una crisis en el gobierno y exigió y consiguió  la entrada de tres ministros, incluidos él, de la CEDA en el ejecutivo. La UGT, con  escasa participación de la CNT, convocó huelgas generales en las grandes ciudades. La declaración del estado de guerra por el gobierno y la escasa organización hicieron que tuviera escaso éxito, salvo en Madrid y sobre todo, en Cataluña y Asturias. En Cataluña Lluis Companys declaró la Republica catalana y una huelga general, pero la no intervención de la CNT y la llegada del ejército acabaron con la sublevación. En Asturias, los mineros protagonizaron una revolución social, fruto del acuerdo entre socialistas, comunistas y anarquistas. Columnas de mineros armados ocuparon la cuenca minera. El gobierno mandó a la legión, grupo elitista de los africanistas, mandados por Franco y tras una dura represión sofocó la revuelta.

b) La crisis del bienio de derechas:

La revolución de Octubre endureció la postura del gobierno. Las cárceles se llenaron de presos políticos y entraron cinco miembros de la CEDA en el gobierno, con Gil Robles en la cartera de Guerra y Franco como Jefe del Estado Mayor. Se suspendió el Estatuto de autonomía de Cataluña, se devolvieron las propiedades a los jesuitas y se presentó un anteproyecto para modificar la Constitución,  contemplando la abolición del divorcio, la restricción de las autonomías y la negativa a la socialización de la propiedad. Un escándalo de corrupción del gobierno de Lerroux (el estraperlo) fue aprovechado por Gil Robles para forzar otra crisis y pedir la jefatura del gobierno; Alcalá Zamora no accedió y convocó elecciones.

3ª ETAPA: El Frente Popular (febrero-julio 1936)

a) El triunfo del Frente Popular y las medidas reformistas:

La represión de Octubre y las medidas posteriores posibilitaron la creación de una coalición electoral de las fuerzas de izquierdas (republicanos, socialistas y comunistas) que ganaron las elecciones, ante la desunión de las derechas. Esta coalición electoral tenía un programa común – amnistía para los presos de Octubre y  aplicación de la legislación reformista del bienio de izquierdas o social-azañista. Además tenían el compromiso que una vez ganadas las elecciones, se disolverían y gobernarían los republicanos de Azaña.

Manuel Azaña fue nombrado presidente de la República y Casares Quiroga, presidente del gobierno. El gobierno formado exclusivamente por republicanos, pero apoyados por los socialistas, aplicó rápidamente el programa del Frente Popular; decretó la amnistía, restableció el estatuto y el gobierno catalán y se reanudó la reforma agraria. Para frenar los rumores de golpe de estado trasladó a los generales más proclives a él, lejos de Madrid.

b) Los conflictos y las conspiraciones:

El triunfo del Frente Popular no fue aceptado por los sectores más reaccionarios (conservadores) de la sociedad española, que iniciaron una conspiración contra la República, mientras los sindicatos y partidos obreros exigían la profundización de las reformas sociales del primer bienio.

La sociedad española estaba polarizada entre derechas e izquierdas. Los sectores más conservadores reaccionaron ante el gobierno republicano de Azaña; los terratenientes o quemaban o no sembraban sus cosechas, muchos industriales cerraron sus fábricas y la Falange formó patrullas callejeras que sembraron un clima de violencia callejera enfrentándose a grupos izquierdistas.

El triunfo de las izquierdas trajo consigo una intensa movilización popular que creó un clima de tensión social. Huelgas obreras, toma de fincas, incendios de conventos e iglesias… Los anarquistas, los comunistas y el sector de Largo Caballero del PSOE radicalizaron sus posturas, promulgando la revolución social.

c) El golpe de Estado de julio de 1936:

El golpe de Estado se empezó a gestar desde la misma noche de febrero que ganó el Frente Popular. Franco esa noche intentó la declaración del estado de guerra y en marzo  hubo un intento de alzamiento, pero fracasó. A partir de ahí tomo las riendas de la preparación del golpe de Estado el general Emilio Mola, que fue el jefe hasta julio del 36. El plan consistía en el pronunciamiento simultáneo de todas las guarniciones y contando con el ejercito de África, dirigido por Franco, para consolidar el golpe. Se contó con el apoyo de una trama civil, facilitando hombres y sobre todo, dinero; la CEDA, los falangistas, los carlistas e importantes banqueros, apoyaban el plan. Además se contaba con el apoyo de Italia y Alemania.

Los preparativos del golpe se aceleraron cuando los guardias de asalto asesinaron al dirigente monárquico Calvo Sotelo el 14 de Julio, como respuesta al asesinato anterior del Teniente Castillo. La sublevación se inició en Marruecos el día 17 de Julio y se extendería al resto de la nación al día siguiente; como su triunfo fue desigual se inició una guerra que duraría tres largos años: LA GUERRA CIVIL.