El feudo

El castillo, la residencia del señor, era el centro del señorío. En cada señorío había varias aldeas, en las que vivían los campesinos que dependían de ese señor. Las tierras se dividían en la reserva y los mansos.

La reserva era la parte del feudo explotada por el propio señor. Los productos que se obtenían de su cultivo se entregaban al señor en su totalidad.

Los mansos eran porciones de tierra que el señor concedía a los campesinos a cambio del pago de unas rentas. Estas rentas podían ser dinero, productos (una parte de la cosecha, tejidos, una gallina en Navidad…) y, sobre todo, servicios personales, como trabajar determinado tiempo las tierras del señor gratuitamente.

En el feudo había grandes extensiones de bosques. Los bosques eran propiedad exclusiva del señor, que regulaba cuándo y cómo los campesinos podían cazar o buscar leña en él. En sus feudos los señores impartían justicia y cobraban impuestos.

Los campesinos tenían que pagar un impuesto cuando usaban el molino, el horno y la prensa, que eran propiedad del señor. Además, los señores cobraban impuestos a los comerciantes cuando atravesaban sus dominios (peaje) y cuando cruzaban los puentes (pontazgo).

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