La evolución del islam medieval (Kalipedia)

El califato ortodoxo (632-661)

Los ejércitos musulmanes extendieron la nueva religión, el islam, a través de la yihad o guerra santa, y crearon un gran imperio.

La historia de la expansión del islam medieval se divide en tres grandes etapas: el califato ortodoxo, la dinastía Omeya y la dinastía Abasida.

El califato Ortodoxo

En este período gobernaron amigos o parientes de Mahoma, que llegaron al poder por elección. Los tres primeros califas (Abu Bakr, Omar y Otman) fueron elegidos casi unánimemente, pero a la hora de designar al cuarto califa (Ali) surgieron las primeras luchas internas por el poder. Durante esta etapa, la capital del mundo islámico fue la ciudad de Medina.

En cuanto a la expansión militar, la época de los califas ortodoxos supuso la conquista de Siria, Palestina, Persia y Egipto. También tuvieron lugar los primeros enfrentamientos con el imperio bizantino.

La dinastía Omeya (661-750)

En el año 661, el gobierno pasó a manos de una familia de La Meca, los Omeyas. Durante este período, el título de califa se hizo hereditario entre miembros de la misma familia. Los Omeyas trasladaron la capital del imperio a la ciudad de Damasco (actual Siria). En esta etapa, el islam conoció una gran expansión territorial. Los ejércitos islámicos consiguieron llegar, por el norte de África, hasta la península Ibérica y por el este se extendieron hasta el río Indo y el Turquestán. El avance de los ejércitos musulmanes por Europa fue frenado por los francos en el año 732.

La dinastía Abasida (750-1258)

En el año 750, una rebelión dirigida por Abul Abbas acabó con la dinastía Omeya. Todos los Omeyas fueron asesinados en un banquete, con la excepción del príncipe Abderramán, que huyó a la península Ibérica. El poder pasó a una nueva dinastía: los Abasidas. Con la dinastía Abasida la capital se trasladó a Bagdad (actual Irak). Harum-al-Rashid, que reinó en la segunda mitad del siglo VIII, fue el califa más importante de esta dinastía. En esta etapa se multiplicaron las luchas internas por el poder y comenzó la desintegración del imperio. Mientras tanto, crecía el poderío de los turcos, otro pueblo musulmán procedente de las estepas de Asia. A partir del siglo XIII, los turcos afirmaron su poder en el islam.

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