La pintura del Paleolítico Superior

La pintura del Paleolítico Superior

Varias cuevas de la cornisa cantábrica, como las de Tito Bustillo en Asturias y Altamira en Cantabria, y del sur de Francia, como la de Lascaux, albergan pinturas parietales.

Para obtener los pigmentos se servían de óxido de manganeso, con el que conseguían tonalidades violáceas; óxido de hierro, que produce una gama rojo-ocre; carbón y sangre; empleaban como aglutinante grasa animal, que se absorbe en la roca, lo que explica su inalterabilidad.

Como instrumento utilizaban sus propios dedos o rudimentarios pinceles; a veces aplicaban la pintura con un tampón impregnado de color, método que se llama tamponado. Otro procedimiento, denominado impronta, se basa en la imposición de una plantilla, por ejemplo una mano, sobre la roca, lo que permite reproducir su silueta, bien en positivo o en negativo. En ocasiones, contorneaban la figura con un buril.

Mientras las figuras humanas son muy esquemáticas, las de animales, mayoritariamente bisontes y caballos, sorprenden por el uso que hacen de algunos recursos que demuestran una voluntad naturalista, como el aprovechamiento del relieve para insinuar volumen o la gradación de tonos de color para sugerir bulto. Aunque muchas veces se trata de imágenes muy simples, conseguidas por el dibujo del perfil, hay otras más complejas, como las que recurren a la llamada perspectiva torcida, basada en dos o más puntos de vista simultáneos en la misma figura representada.

La interpretación de estas pinturas es todavía incierta. Se cree, mayoritariamente, que formaban parte de un rito de magia simpática: la representación de un animal propiciaba el éxito en la caza. Pero algunos investigadores han sugerido que los animales -caballo y bisonte, en concreto- sean signos de dos conceptos opuestos, lo masculino y lo femenino: las figuras formarían parte, pues, de un rito de fertilidad.

Fuente: Kalipedia