La sociedad de Al-Ándalus (Kalipedia)

La población andalusí

Tras la llegada de los invasores se registraron algunos cambios importantes en la población. El primero fue el aumento de la población de las ciudades de Al Andalus. Los conquistadores se habían instalado en ellas, primero como soldados que cobraban una renta del Estado; después, como propietarios de fincas rurales trabajadas por los aparceros hispanogodos. La introducción de nuevos cultivos y la extensión del regadío hizo crecer la producción y los beneficios. Este excedente agrícola supuso que los artesanos y los comerciantes comenzaran a afluir a las ciudades.

El segundo gran cambio fue la rápida conversión de los hispanogodos al islam, probablemente por la debilidad de sus convicciones y, sobre todo, por la posibilidad de conservar sus propiedades o quedar exentos de ciertos impuestos.

Estructura de la población

La aristocracia vivía en las ciudades, concretamente en la medina. La clase media, formada por médicos, juristas, comerciantes y artesanos, vivía en los populosos arrabales, donde también se situaban los talleres en los que se trabajaba en los más variados oficios.

La mayoría de la población era campesina. Podían ser mozárabes o musulmanes. Unos eran propietarios de las tierras que trabajaban y otros las arrendaban a algún señor. Vivían en alquerías o aldeas dispersas, dominadas por un castillo donde la población se refugiaba en caso de necesidad.

El peldaño inferior de la sociedad andalusí lo ocupaban los esclavos. Procedían de Europa o de África y servían en las casas de la aristocracia o en el ejército, donde podían alcanzar gran influencia.

Una sociedad rica y diversa

A grandes rasgos, la población en Al Andalus se configuró como una realidad muy compleja, debido a la mezcla de razas y religiones. Desde el punto de vista étnico, cuatro grupos mantenían su identidad: hispanos, judíos, bereberes y árabes. Desde el punto de vista religioso se diferenciaban en cristianos, judíos y, por supuesto, musulmanes.

Los árabes y los sirios constituyeron desde muy pronto el más alto nivel social y ocuparon las mejores tierras, asentados generalmente en Andalucía y el Mediterráneo. Los bereberes, en un nivel más bajo, se instalaron en las zonas montañosas y se dedicaron al pastoreo. La masa de la población la componían los hispanogodos: unos, convertidos a la religión islámica y, en consecuencia, mejor situados socialmente (muladíes), y otros, fieles al cristianismo, cuyas creencias eran respetadas a cambio del pago de tributos (mozárabes). Los judíos, por su parte, formaban un grupo bien relacionado con el poder.

Conflictos sociales

Entre los años 788 y 822, los cambios vividos por la población andalusí generaron importantes tensiones. Los muladíes veían truncada su esperanza de conseguir la prometida igualdad con los musulmanes viejos. No solo no quedaron exentos de ciertos impuestos, sino que se les gravó con otros nuevos.

Las manifestaciones más explosivas de la crisis tuvieron lugar en Toledo y Córdoba. La de Toledo, de carácter más político, se saldó en 797 en la llamada «jornada del foso». El ejército del emir asesinó a la mayor parte de los notables de la ciudad desafectos al régimen. La de Córdoba, de carácter más social, explotó el año 818 en «el motín del arrabal», cuando la población de los barrios se sublevó contra la policía emiral. Acabó con numerosas ejecuciones y el destierro de miles de personas, la mayoría de ellas mozárabes, esto es, todavía cristianos, empleados en la artesanía y el pequeño comercio.

A la muerte de Abderramán II en el 852, con la crisis económica, la situación política y social se agravó. En ella se mezclaron tres grupos de descontentos:

  • Los árabes residentes en la Península no aceptaban que el emir, que hasta ahora era una especie de jeque de jeques, se hubiese convertido en un déspota oriental.
  • Los mozárabes, numerosos en Córdoba, Toledo y otras ciudades, donde conservaban sus obispos, se vieron influidos por las culturas y modas del islam oriental. Muchos jóvenes cristianos las adoptaron con entusiasmo. Un sentimiento de rabia e impotencia empujó a algunos de los jefes mozárabes a insultar a Mahoma y el islam, buscando el castigo y aun el martirio, porque pensaban que así removerían la conciencia de sus fieles. Este movimiento de mártires voluntarios duró diez años y acabó con la ejecución de unos cuantos mozárabes. Otros muchos huyeron a las tierras cristianas del norte.
  • Los muladíes seguían disconformes con la excesiva hegemonía social de los árabes y bereberes establecidos en la Península. El descontento fue intenso en las comarcas fronterizas con los reinos cristianos, donde los jefes muladíes, aprovechando la fuerza militar de que disponían, se mantuvieron prácticamente independientes durante años.

El movimiento más peligroso para el gobierno surgió en las sierras andaluzas. Lo encabezó Omar ibn Hafsun, quien mantuvo en jaque a los ejércitos emirales durante cuarenta años.

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