Vídeos final del Imperio Romano / Pueblos germánicos

A comienzos del siglo IV, un debilitado Imperio romano comienza a sufrir las primeras invasiones del exterior, proceso que se prolongará durante la centuria siguiente. Procedentes del interior de Asia, los hunos de Atila emprenden una larga marcha de conquista que finalizará en el año 451, cuando son derrotados por las legiones romanas en los Campos Cataláunicos. La travesía de los alanos no será menor, llegando hasta el mismo corazón de Hispania. Mientras los vándalos silingos atacan la Península Itálica desde el norte, los asdingos llegan al corazón de la Península Ibérica, recorren el norte de Africa y atacan por el sur Italia y Grecia, asentándose en el territorio de la antigua Cartago Los suevos, procedentes del norte de Europa, llegan a atravesar la Galia y recorrer el occidente de Hispania, estableciéndose en una amplia franja del occidente peninsular. Por su parte, los godos cruzan el este de Europa y caen sobre Grecia y el Mediterráneo oriental desde el norte. De estos, un grupo, los visigodos, recorren toda la costa mediterránea y, tras avanzar por Hispania de sur a norte, se asientan en el occidente de Francia. Otro grupo de godos, los ostrogodos, saldrá de Asia para asentarse en una amplia región del este europeo. Los burgundios también cruzarán las fronteras del Imperio, para establecerse en pleno centro de Europa, mientras que los francos serán ya un pueblo federado hacia el 450. Menor recorrido tienen las invasiones de otros pueblos, como los alamanes, o las invasiones de jutos, anglos o sajones, quienes pasarán a las islas británicas.

Durante el siglo V, la Roma imperial se muestra muy debilitada. La crisis del Imperio, gestada durante mucho tiempo, hace que los grandes propietarios abandonen las ciudades en decadencia y vayan a vivir a sus grandes latifundios. En estas villas, el señor se sirve de grandes cantidades de colonos, gente libre pero adscrita a la tierra, que recibe, a cambio de su trabajo, protección frente a posibles agresiones.
Las fronteras del Imperio están amenazadas por pueblos que los romanos llaman «bárbaros», extranjeros, con costumbres y lenguas distintas. En el siglo V, la debilidad de Roma favorece la penetración y el establecimiento en su territorio de ostrogodos y visigodos, mediante acuerdos de colaboración para la defensa de sus fronteras.
Hispania será también el objetivo de estos pueblos bárbaros. En el año 409, la invasión del Imperio romano afectará a Hispania, la provincia más occidental. Suevos, vándalos y alanos penetrarán en la Península y se expandirán por su territorio en busca de sus ricas y fértiles tierras y ciudades.
Los visigodos, asentados como pueblo aliado de Roma en el sur de la Galia, recibirán el encargo de controlar a suevos, vándalos y alanos. Es así como se produce su entrada en Hispania, estableciendo una corte en Toledo desde la que gobiernan sobre una población mayoritariamente hispanorromana. Con el tiempo, serán los visigodos quienes controlen todo el territorio hispánico.

En el año 409, la invasión del Imperio romano por parte de los pueblos bárbaros afectará también a Hispania, la provincia más occidental. Atravesando los Pirineos, los vándalos asdingos recorrerán el norte peninsular y se asentarán en Asturica. La presión de los suevos hará que recorran Portugal de norte a sur y atraviesen el Estrecho de Gibraltar, para asentarse en Africa y crear allí su propio reino. Por su parte, los vándalos silingos descenderán directamente hasta la ciudad de Toletum, desde donde se expandirán hacia Emerita, Corduba y Cartago. Los alanos avanzarán por la península de norte a sur, asentándose en las cercanías de Emerita y de Mentesa. Más duradera será la invasión de los suevos. Estos se asentarán en el área noroeste, fundamentalmente en las regiones próximas a las ciudades de Asturica, Lucus, Bracara y Portucale. Desde estos puntos, paulatinamente irán agregando nuevas zonas, hasta conformar su propio reino. Con todo, la invasión más importante será la visigoda. En una primera oleada, cruzarán los Pirineos por Pompaelo, avanzarán hasta Asturica, tomarán Caesaraugusta y se asentarán en una amplia región entre Pallantia y Toletum. Una segunda oleada les llevará a recorrer la costa mediterránea, conquistando Barcino, Tarraco, Ilici y Iulia Traducta. Con el tiempo, sólo suevos y visigodos constituirán sus propios reinos en suelo peninsular.

Con el advenimiento de Leovigildo como monarca visigodo se produce la expansión de su reino en Hispania. El año 572, Leovigildo consigue anexionar la región de Corduba e Iliberris, mientras que cinco años más tarde completa el dominio de esta área conquistando la Orospeda. La expansión por el sur no podrá continuar, de momento, debido a la presencia bizantina en una amplia franja que va desde Gades hasta Dianium, la actual Denia. También las Baleares quedan bajo dominio bizantino. Por el noroeste, el reino de los suevos comenzará a ser invadido en el 573, año en que Leovigildo anexiona Sabaria. La toma final del reino suevo se producirá en el año 585. Entre los años 574 y 581 se producirá el avance del reino visigodo por el norte, conquistando la ciudad de Victoriacum. Sólo algunas zonas del área norte peninsular, los territorios de astures, cántabros y vascones, quedarán fuera del control de Leovigildo, siendo constantes los intentos de anexionar estos territorios por parte visigoda.

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